El enemigo: el hábito
La vida no merece quedarse en un deseo insatisfecho, en un hubiera o, peor aún, en una infelicidad constante. Todos contamos con las habilidades necesarias para desanclar un hábito que nos ata a la vida que no queremos.
La libertad no es simplemente un privilegio que se otorga; es un hábito que ha de adquirirse.
David Lloyd George
Una de las labores más importantes de un coach es ayudar a su cliente a liberarse de aquello que le insatisface y abrir ante sí otras posibilidades que mejor convengan a sus metas de vida. Esta es la gran verdad de mi pasión en la materia: la libertad. En esta fascinante labor, los hábitos que sustentan nuestro cotidiano son los grandes enemigos.
La RAE define hábito como modo especial de proceder o conducirse adquirido por repetición de actos iguales o semejantes u originado por tendencias instintivas. Aristóteles definía el hábito como una disposición, de acuerdo con la cual algo se halla bien o mal dispuesto ya sea hacia sí mismo o hacia otro. El hábito no es una costumbre. El hábito es una inclinación constante para hacer u obrar de manera determinada, los hábitos se adquieren por repetición y facilitan la ejecución de nuestras actividades diarias a favor y, también, en detrimento de nosotros mismos.
Los hábitos se moldean a nivel cerebral, es decir, a través de interconexiones neuronales hacemos de esta práctica un acto irreflexivo. Cuanta menos información nos procuremos, menos cambios hagamos a nuestra vida, menos experiencias vivamos, menos nos permitamos sentir, analizar ese sentimiento, esos pensamientos y esas acciones, menos recursos tendremos para enfrentar la vida.
El hábito se convierte en nuestro enemigo cuando se vuelve incoherente e inconsistente frente a los deseos que tenemos sobre nuestra vida. No, no son los otros, no son las circunstancias, somos nosotros mismos los que pretendemos cambiar nuestra realidad sin cambiar primero nuestro pensamiento y las formas que tenemos de proceder y gestionar nuestra vida. La falta de conciencia sobre nuestras propias acciones, pensamientos, razonamientos y emociones es lo que nos condena a seguir desconectados de nosotros mismos y nuestro destino, a seguir padeciendo la vida en lugar de disfrutarla y a seguir justificando su involución.
La vida no merece quedarse en un deseo insatisfecho, en un hubiera o, peor aún, en una infelicidad constante. Todos contamos con las habilidades necesarias para desanclar un hábito que nos ata a la vida que no queremos. La clave está en la introspección. En la humildad de cuestionarnos esas creencias que, consideramos, forman parte de nuestra identidad. Ésas que nos detienen, esos “deberes” impuestos o autoimpuestos, esas ideas preconcebidas, esas fórmulas de cómo tiene que ser la felicidad o el éxito, esos criterios de lo que es o no lo correcto fuera y dentro de uno mismo.
La vida es —como siempre le digo— una experiencia absolutamente personal, no existen métodos universales, existen sólo meras aproximaciones, estimaciones, pero nunca verdades absolutas sobre uno mismo y mucho menos parámetros ajenos a nuestras elecciones que deban dirigir nuestra vida. Sólo usted puede decidir qué es lo que le hace bien y qué no; sólo usted puede elegir cambiar o no hacerlo, creer o dejar de creer… cambiar sus hábitos o someterse a ellos.
Por eso, hoy le invito a reflexionar y analizar esas creencias y esos hábitos que le impiden hacer realidad sus sueños, esos que limitan sus oportunidades y nublan toda posibilidad. Cambiar hábitos no es tarea fácil, requiere un alto grado de autoconocimiento y coherencia entre nuestras fortalezas, habilidades, acciones y la decisión contundente de romper con la fuente que origina ese hábito y reducir la exposición a la señal que lo causa. No basta con el autocontrol y la resistencia, hace falta cuestionarse el origen, la creencia, el principio… hace falta redefinir las prioridades y crear nuevas ideas que nos permitan alinear nuestro deseo con la realidad.
Créame, si se siguen haciendo las mismas cosas, se seguirán obteniendo los mismos resultados, su destino no cambiará si no hace nada al respecto. Mejor es enfocarse en aquello que puede hacer para cambiar su realidad. Recuerde que usted es libre para elegir lo que mejor conviene a su vida, asegúrese de que sus sueños sólo dependan de usted, aspire a convertirse en su mejor versión y le aseguro que lo demás llegará. Disfrute de la introspección, pruébese a sí mismo, elija aquellas cosas que le hacen bien y que se le dan con facilidad, y elija, sobre todo, seguir evolucionando y adaptándose a la realidad que se vaya presentando. Y recuerde: manténgase flexible, pero nunca débil. Como siempre, usted elige.
¡Felices hábitos, felices vidas!
