El deseo incómodo VIII. Las promesas
Las promesas cumplidas son de esos actos que afianzan la confianza...
El hombre se autorrealiza en la misma medida
en que se compromete al cumplimiento del sentido de su vida.
Viktor Frankl
Mi abuelo decía que la palabra dada habría de valer más que su firma… y sí, hay ejemplos que nunca se olvidan. Las promesas cumplidas son de esos actos que afianzan la confianza y fortalecen las alianzas de respeto con uno mismo y con la sociedad. Las promesas son compromisos verbales o escritos en los que alguien se compromete a hacer o no hacer algo en un futuro. La importancia de cumplir con las promesas está arraigada en la ética y la responsabilidad. Cuando hacemos una promesa, estamos asumiendo una obligación moral de cumplir con nuestra palabra. Cumplir una promesa demuestra, ante todo, el respeto que tenemos frente a nosotros mismos de acuerdo con nuestras expectativas y nuestra integridad, y eso, mi querido lector, ya es razón suficiente para procurar su éxito. Y no es que no pueda fallarse a una promesa… nada ni nadie es infalible, porque en las promesas, como en todo, hace falta ser realistas y tener el criterio suficiente para medir los cambios de la propia naturaleza de las cosas, de las personas y de las circunstancias. Además, las promesas que nos hacemos a nosotros mismos siempre pueden elevarse con disciplina y las que les hacemos a los demás, a veces, también dependen en alto porcentaje de los otros, y sus acciones están fuera de nuestro control. Esto tómelo como excepción.
Dicho lo anterior, vale la pena asumir que las promesas son de esos otros deseos incómodos que molestan a las mentes débiles y que conocen a profundidad las mentes fuertes, en primer lugar, porque una mente fuerte se educa y se forma ahí, en la promesa que se hace a sí mismo, en los compromisos que se hace; en segundo lugar, porque las mentes fuertes no cumplen con expectativas ajenas, sino, únicamente, con las propias y, en tercer lugar, porque, ante todo, el mayor pacto al que se deben es el respeto a sí mismos en sus elecciones y responsabilidad. Lo anterior no está en conformidad con el modus operandi de una mente débil, las mentes débiles prometen por muchas razones y toman las promesas muy a la ligera, muchas veces ni siquiera comprenden la promesa misma ni el concepto, otras forman parte de su necesidad de aceptación y otras más simplemente se hacen porque carecen de la fuerza moral y el respeto propio para poner límites y decir que no. Las mentes débiles ponen límites al otro cuando no saben qué hacer a través de las salidas fáciles, de los silencios, de la furtividad… las mentes fuertes se ponen los límites a sí mismos… otra enorme diferencia entre ambas maneras de pensamiento. La mente fuerte afronta, enfrenta, confronta… la mente débil afrenta…
Y si el primer rasgo de una mente fuerte con respecto a una promesa es el compromiso personal, el segundo tiene que ver con la alineación de esa promesa a su propósito o su objetivo, es decir, no prometen por prometer, prometen por una razón que para ellos y el cometido resulta buena y positiva, y el tercero es que tienen un plan de acción para cumplir con dicha promesa. Insisto, las mentes fuertes no ponen su palabra donde no ponen también su voluntad, su mente y su corazón.
Las mentes débiles, insisto, no siempre saben lo que deben hacer después de asumir una promesa ni tampoco por qué hacen muchas de ellas, de ahí que la procrastinación se suscite como una constante en sus vidas. Y, créame, no hay discurso que pueda salvar la falta de confianza que provoca fallar a un compromiso.
Y es que, mi querido lector… las promesas son muy frágiles en las mentes débiles y muy enérgicas en las mentes fuertes, en las primeras suceden como una preocupación, en las segundas como una superación personal, y esa simple visión lo cambia todo. Ambas mentes pueden hacer algo distinto a su costumbre; en la primera, la diferencia radica en la acción subsecuente… la acción es posible, la permanencia, la resistencia y el hábito sólo cabe en el entendimiento y la determinación de una mente fuerte. Qué mejor sería el mundo si pudiésemos confiar en las promesas y qué limitada la realidad en boca y acción de las personas de pacto. Como siempre, usted elige. ¡Felices deseos, felices vidas!
