El deseo incómodo IX. Silenciar la emoción…

Las emociones no son reacciones instintivas

No somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con las emociones.

Jorge Bucay

Uno de los deseos incómodos que más inspira una mente fuerte a una mente débil es la capacidad de silenciar las emociones a fin de poder tomar buenas decisiones. A esto, el coaching y la psicología positiva le llaman autorregulación emocional, y no, mi querido lector, no se trata de dejar de sentir, ésa sería una labor inhumana y además negligente, por el contrario, se trata de la capacidad de hacer un manejo óptimo de las emociones. Es decir, un constructo englobado dentro de la inteligencia emocional intrapersonal que nos permita transformar una vivencia potencialmente estresante y emocionalmente alterante en algo que comprendemos que es pasajero, impersonal y controlable. Se trata de gestionar la emocionalidad, esto implica el poder analizarse a uno mismo, disminuir el grado en el que los sentimientos nos producen altibajos súbitos, y redirigir esa energía de descontrol hacia un objetivo más adaptativo o adecuado.

Las mentes fuertes tienen este maravilloso don del que carecen las mentes débiles, mientras las primeras actúan con mesura, las otras, las débiles, se dejan llevar por sus instintos más primitivos y equivocados, esto no quiere decir que unos sientan más que los otros o que el dolor tenga más piedad en alguno de ellos, la diferencia está en el control de esa emoción. Las emociones no son reacciones instintivas, sino que se dan por diferentes motivos, ya sea el contexto, la predisposición de la persona o el agente que creemos causa o motivo… en fin, sea como fuere, es en ese momento donde la capacidad del individuo para regularse y moderarse frente a su humor se pone a prueba y créame… no es fácil, pero si evita grandes desgraciadas, avalanchas de problemas, rupturas innecesarias e incluso daños aún mayores en los que no existe ni reverso ni segundas oportunidades ni hubiera que valga ni disculpas ni enmiendas…

En la vida no hay destino que marque mejor la reputación de uno mismo que sus actos, y ninguna palabra hace más daño a su vida que sus propias palabras… por eso es tan importante ser acomedido en lo que se hace y se dice, y más cuando la explosividad aflora, que es ahí donde se hace y dice incluso lo inimaginable.

Y este tema que no se interprete como únicamente una trifulca de partes, la peor de todas las malas gestiones emocionales son las que realizamos contra nosotros mismos, esas las que nublan la razón, las que encumbran a las emociones dejando de lado la lógica, la razón y el criterio, las que arrasan con los principios básicos de respeto y libertad que nos debemos a nosotros mismos y a nuestra vida. Ésas que nos impiden gestionarnos de la mejor manera posible, ésas que nos roban el derecho de elegir de manera sana y responsable, ésas que llamamos ecológicas. Y le diré más… una emoción dura en promedio unos 90 segundos. Las emociones no duran horas ni días, en tal caso estamos en presencia de un sentimiento, y los sentimientos se alimentan de pensamientos, de la manera en que pensamos sobre ello una y otra vez. Así, básicamente lo que uno debe de aprender a gestionar son esos pensamientos que alimentan día con día ese sentimiento.

¿Cómo lo hace una mente fuerte? A través de: 1. La reconsideración emocional, consiste en modificar la manera en la que interpretamos la situación para tratar de cambiar el impacto emocional y ver otras posibilidades. 2. Distanciamiento cognitivo, consiste en tomar una postura independiente y neutral frente al evento o situación emocional que nos altera y elegir de mejor manera la respuesta que deseamos dar, esto evita tomar malas decisiones en el calor del momento.

Piénselo, mi querido lector, sacrificar su libertad siendo esclavo de sus propias emociones y sentimientos es como elegir a voluntad una cadena perpetua… La vida vale mucho más que esos malos mementos que podamos llegar a padecer y como le he dicho tantas veces: mejor… respire hondo, dé una vuelta a la manzana, descanse y regálese un tiempo para usted, para escuchar lo que siente, para reconocerse un poco más y, sobre todo, para contenerse y reconfortarse… usted vale mucho y se debe respeto, nunca lo olvide. Como siempre, usted elige. ¡Felices deseos, felices vidas!

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