El deseo incómodo IV. La opinión
Importa mucho más lo que tú piensas de ti mismo que lo que los otros opinen de ti. Séneca Otro de los grandes deseos incómodos de una mente débil que tiene sobrada la mente ...
Importa mucho más lo que tú piensas de ti
mismo que lo que los otros opinen de ti.
Séneca
Otro de los grandes deseos incómodos de una mente débil que tiene sobrada la mente fuerte es, sin lugar a duda, la importancia que se le da a las opiniones de los demás.
Mientras las mentes débiles viven bajo el manto sagrado de: no me importa lo que los demás digan de mí, a las mentes fuertes sí les interesa profundamente todo lo que el otro tenga que decir, y más si de ellos mismos se trata la opinión, los de la mente fuerte escuchan con profundo interés lo que el otro tiene que decir y, además, son agradecidos.
Lo cierto es que los de mente débil, si bien no les importa lo que se diga de ellos, sí se sienten afectados por tales opiniones; tanto que se defienden, se justifican, argumentan o esgrimen alguna explicación; tanto que procuran, de manera consciente e inconsciente, no fallar al sistema de aprobaciones que les rodea; a ellos les gusta pertenecer, lo necesitan tanto como el aire que respiran, y pertenecer en la misma sintonía de las expectativas ajenas… sí, a ellos les gusta ser y estar al mismo nivel de sus líderes de opinión, de su grupo, de su clan.
Los de la mente fuerte funcionan distinto, muy distinto, ellos escuchan, agradecidos y con gran interés, la diferencia es que no les afecta, no se defienden, tampoco se justifican ni mucho menos ofrecen explicaciones que puedan hacer mudar dicha opinión contraria… ellos sólo escuchan, pacientes, no tanto para conocer la opinión que de ellos se tenga, sino para saber quién es la persona y cómo es la naturaleza de quien opina. No es lo mismo que algo les importe a que algo les interese… las mentes fuertes conocen la diferencia.
Las mentes fuertes tienen una opinión que les importa más que ninguna: la suya. Las demás simplemente les interesan, de ahí que no teman ser o no aceptados en el grupo, ellos ya lo son, tampoco necesitan pertenecer porque ellos mismos se pertenecen y tampoco necesitan aprobaciones ajenas, porque la aprobación más importante es la suya… las mentes fuertes lo saben, lo entienden, lo aceptan y … lo trabajan.
Otra enorme diferencia entre la importancia de las opiniones entre unos y otros es que la mente débil cambia muy poco de opinión… la mente fuerte la transforma de manera continua, sobre todo cuando cambia de visión, de información, de circunstancia o de oportunidad… y no porque no tenga una firme opinión, sino porque sabe que ya tiene una opinión más certera que la anterior. Y es que la mente fuerte busca algo más trascendente, de mayor impacto en todas sus demás opiniones, porque es así como entiende que ellas cambiarán también sus perspectivas. Las mentes fuertes cambian de opinión porque cambian de estatus mental… para ellos, la evolución es una constante. Las mentes débiles prefieren el confort opinativo, por eso son inflexibles y necios en sus opiniones, e incluso hacen alarde de su cuadratura como un triunfo de su poder personal.
Y le diré algo, mi querido lector, nadie es tan importante, cada cual tiene su mundo, sus prioridades, sus vicisitudes, sus intereses, sus preocupaciones, sus días buenos y los no tan buenos… No se confunda… una mala cara no es una censura, es, quizá, sólo un mal día del otro o un mal momento. Los de mente débil no lo saben, por eso se sienten acechados, se creen el ombligo del mundo… la energía centrípeta de atracción de todo dardo envenenado. La mente fuerte no cae en esos descalabros, ellos entienden que cada opinión es un mundo y una historia particular, sólo por eso les interesa, porque esa opinión habla más de quien la emite que a quien vaya dirigida. Es simple, mi querido lector, y a la vez muy comprensible… La mente débil dice: no me importa el qué dirán, pero actúa como si realmente le importase poniendo todo su interés, su fuerza y energía en eso que niega que le importe. La mente fuerte no pone nada de eso al servicio de lo ajeno, sino de sí mismo.
Para la mente fuerte, las opiniones son suyas, más bien íntimas, y cuando se le piden, las da; si coincide, maravilloso, si no, escucha con atención a su interlocutor… siempre abierto y receptivo, por eso fluyen en el devenir, porque, cuando realmente necesitan una opinión, saben perfectamente a quién pedirla, porque no todas y no siempre interesan e importan. Como siempre, usted elige.
¡Felices deseos, felices vidas!
