El deseo incómodo II… El pensamiento
El pensamiento es un sustantivo, pensar un verbo.
Quien vive sin pensar, no puede decir que vive.
Pedro Calderón de la Barca
Si el primer deseo incómodo de una mente débil es una mente fuerte, el segundo es, sin duda, el poder que emerge de ese primer deseo: el pensamiento de esa mente fuerte.
La mente fuerte se crea y se mantiene a través de hábitos y esos se conquistan con disciplina y fuerza de voluntad, esa misma disciplina y fuerza de voluntad es lo que permite también controlar, limitar y, sobre todo, canalizar los pensamientos de manera adecuada hacia una meta u objetivo… Sí, la mente fuerte es capaz de elegir el pensamiento adecuado y necesario para la tarea que debe realizar, impidiendo que el resto de pensamientos interrumpan, invadan o dañen el objetivo central.
Recuerde, mi querido lector, que el pensamiento es un sustantivo, pensar un verbo. Los pensamientos están siempre presentes, son una facultad cognitiva esencial que define la experiencia de vivir y nuestra capacidad para comprender, analizar y relacionarnos con el mundo, el pensamiento como proceso mental genera ideas, juicios, razonamientos y crea. Pensar es analizar, reflexionar o evaluar de manera consciente y de forma activa e implica la atención. Y, pensar lo que se piensa es una acción… las acciones se eligen. Los pensamientos muchas veces no, los pensamientos son producto de las percepciones, emociones, procesos mentales, creencias, juicios, principios, valores, ideas… incluso esa parte inconsciente de nosotros mismos.
De ahí que no sea lo mismo mantenerse en un estado de pensamiento –es decir, en el mundo de las ideas–, que pensar –es decir, en el mundo de las acciones–. Ni tampoco es lo mismo pensar los pensamientos, que simplemente pensar una situación, una elección o una idea, como tampoco es lo mismo dejar de pensar o sumergirnos en nuestros pensamientos. Cada momento de nuestra vida merece aprovechar la complejidad maravillosa de nuestra mente y, sobre todo, ser conscientes del origen de esos pensamientos y de esa manera de pensar los propios pensamientos y cómo darle un sentido a nuestro favor.
Tampoco intuya por estas líneas que la mente fuerte se mantiene de forma permanente en un pensar o en una línea de pensamiento única, al contrario, la mente fuerte lo que sí hace es entender la diferencia en el uso de ambos procesos y aplicarlas de manera correcta. Por eso tenemos un pensamiento rápido y otro lento.
El pensamiento rápido sirve para tomar decisiones simples a corto plazo; el pensamiento lento es para tomar decisiones vitales, a largo plazo, la mente fuerte sabe que las consecuencias nunca serán las mismas. De ahí que las mentes fuertes suelan utilizar más un pensamiento estratégico. El pensamiento estratégico, es la capacidad de analizar y reflexionar sobre la realidad actual para tomar decisiones a largo plazo que permitan alcanzar objetivos y metas. Esto implica evaluar, proyectar y planificar el futuro, considerando los desafíos que puedan presentarse y considerando el contexto, los recursos y las oportunidades.
Una de las claves fundamentales es que las mentes fuertes se mantienen en el presente, no divagan, no rumian los pensamientos, no reaccionan de manera inmediata, sino que se toman el tiempo de elegir sus acciones y sus respuestas, se informan y contrastan esa información, son realistas y, por tanto, adaptables y flexibles, lo que les permite aprender y evolucionar, de ahí que también sepan cuándo modificar, cambiar o transformar no sólo sus pensamientos, sino su manera de pensar.
Por último, y quizá lo que más adolece de este deseo incómodo a las mentes débiles, es que las mentes fuertes se entienden, porque se toman el tiempo de pensarse, sí mi querido lector… se enfocan en cómo hacer de su pensamiento un pensamiento mucho más refinado, agudo, fino, claro, preciso… no pierden el tiempo en pensar lo que otros piensan, sino en fortalecer ese pensamiento propio y esa manera de pensar eficiente, innovadora, creativa, diferente y con potencial. Y para eso saben, y saben muy bien, la importancia del tiempo a solas, saben del silencio, de la solitud… pero eso es otro deseo incómodo… Como siempre, usted elige. ¡Felices deseos, felices vidas!
