Nada te puedo dar que no exista ya en tu interior. No te puedo proponer ninguna imagen que no sea tuya… Sólo te estoy ayudando a hacer visible tu propio universo.
Hermann Hesse
Si hay una habilidad que nos permite conectarnos profundamente con los demás, es la empatía. La empatía es la habilidad emocional, social y relacional que nos permite percibir, comprender, respetar y responder con conciencia a las emociones, necesidades, pensamientos, estados internos e intenciones de otra persona. En palabras simples, es la capacidad de sentir con el otro sin perderse a uno mismo.
Sí, mi querido lector, leyó usted bien… sin perderse en el otro. Se lo digo porque comúnmente se define la empatía como ponerse en el lugar del otro, y este concepto va mucho más allá que esa frase tan confusa, desafortunada y llena de matices en la práctica de tan buena intención. Porque nadie puede estar en el lugar del otro y, en el caso de poder estarlo, ¿en qué podría coparticipar en la mejora del otro quien se coloca en su misma posición?... Piénselo.
Empecemos, entonces, por clarificar esta noble habilidad que tantas veces se ha llevado por delante la paz mental y estabilidad de muchos, encubierta en una ayuda que a nadie beneficia. En primer lugar, la empatía no es algo que se tiene o no se tiene, no es un rasgo, es una habilidad; puede refinarse, entrenarse y desarrollarse. Segundo, la empatía empieza por uno mismo para comprender al otro. Primero hay que reconocer las propias emociones, entender los propios límites y no confundir lo mío con lo suyo. Tercero, la empatía no es fusión, no significa perderse en el dolor o necesidad ajena, tampoco hacerse cargo, salvarlo ni sufrir a la par. Significa mantener la conexión sin colapsar. Cuarto, la empatía tampoco es lástima, esto coloca al otro como inferior, y no, la empatía es reconocer al otro como un ser humano completo, digno y real. Quinto, la empatía tampoco es estar de acuerdo, usted puede comprender al otro sin coincidir, recuerde que comprender no es aprobar. Y, por último, la empatía requiere de dos aspectos fundamentales: límites y presencia. Límites para evitar que pueda convertirse en codependencia o invasión emocional. Y presencia se refiere a estar sin prisa, sin juicio, sin distracción y sin deseo de controlar.
Visto ha quedado, mi querido lector, que esto de la empatía no es cosa sencilla, pero sí y siempre profundamente necesaria. La empatía nos permite comprender mejor a los demás, tener relaciones más saludables, reducir los conflictos, practicar la escucha con profundidad sobre otras vidas y experiencias, responder con humanidad, detectar necesidades emocionales y, algo que vale la pena subrayar: sostener conversaciones difíciles con más conciencia, equilibrio emocional y toma de mejores decisiones.
Lo que debemos tener siempre presente es no perderse uno mismo en el otro, porque la empatía es de fácil distorsión y puede convertirse en absorción del dolor ajeno, en hiperidentificación, en rescates, agotamiento emocional, abandono personal y falta de claridad mental sobre nuestra propia vida. Por eso se necesita mantener una empatía madura basada en el autoconocimiento, la regulación emocional, los límites personales y el discernimiento.
Recuerde que la empatía es una habilidad humana profunda que se basa en acompañar al otro respetando su realidad, sus procesos, sus decisiones… Es el arte de conectar con la experiencia del otro con sensibilidad, claridad y respeto, sin perder la conexión con uno mismo, que esa siempre será prioritaria.
La buena empatía suele ser el resultado de una serie de vivencias personales que nos permiten entender la magnitud emocional que viven los demás y ser ese sostén necesario cuando las fuerzas para enfrentar la vida flaquean. Por eso es tan importante que nos sintamos a nosotros mismos y aprendamos de cada experiencia sin importar cómo hayan sido, porque, buenas o malas, siempre serán un referente para ofrecer ese espacio de calma, de comprensión y de compañía a quien lo necesite, y eso las hará aún más valiosas. Como siempre, usted elige.
¡Felices conexiones, felices vidas!
