Desconexión VI. Conectar con los otros…

El idioma del corazón es universal: sólo se necesita sensibilidad para entenderlo y hablarlo.  

Charles Pinot Duclós

Conectar con los otros, hoy, es un acto voluntario y consciente. Vivimos en un mundo que nos empuja a la inmediatez, la distracción fácil, la superficialidad y la hiperconexión digital, que, si bien algo ayuda, no procura encuentros reales y auténticos. De ahí que nazca la desconexión. La desconexión en materia de comunicación es la falta de entendimiento entre las personas. Porque conectar no es sólo estar cerca, hablar o responder mensajes parcos, llenos de emoticonos, conectar es estar presentes.

Estar presente es la capacidad de mantener la atención en la experiencia que se está viviendo, tanto de manera interna como externa, sin dejarse atrapar automáticamente por recuerdos del pasado, pendientes del presente, anticipaciones del futuro o reacciones inmediatas. Esto se entrena, hay que mantener la atención voluntaria y consciente en cuatro vertientes: darse cuenta de lo que está pensando, sintiendo y percibiendo el momento; observar la experiencia sin desconectarse de ella, sin juicios ni críticas; regular la tendencia de la mente a dispersarse, rumiar o anticipar respuestas y escenarios; responder con conciencia en lugar de reaccionar por impulso o repetir patrones de comportamiento, es decir poder elegir siempre nuestro siguiente paso. Y le digo más, esté tranquilo, respire hondo, no tema, no interprete, no imagine… estar presente es también confiar en uno mismo, en que se tiene y puede sostener la realidad de lo que sucede.

Estar presentes es lo primero que nos debemos a nosotros mismos y es también lo primero que le debemos a los demás. ¿Por qué sabe usted qué necesita el otro? Le aseguro, no lo que usted cree que necesita, sino lo que esa persona específicamente requiere, y le aseguro que esa verdad es suya y le toca a usted descubrirla. Recuerde que conectar con uno mismo es entender quiénes somos, conectar con los demás es entender quiénes son ellos. Y ahí es donde entra la voluntad y la consciencia… Voluntad y consciencia para alcanzar un interés genuino para entender al otro, para saber ver profundamente a la otra persona y permitir también ser vistos por ella. No se trata sólo de conocer sus datos, sino de entender su mundo interior y hacerles sentir realmente comprendidos y validados.

Créame, mi querido lector, la gran mayoría de las personas no se sienten verdaderamente vistas, ni escuchadas, escuchar no se trata de esperar un turno para hablar, sino de estar presente y comprender, el otro no espera una crítica ni un juicio ni una opinión, a veces tampoco espera una resolución o consejo, casi siempre sólo necesita compartir, ser escuchado con plena atención e intención, por eso mejor pregunte siempre por aquello que le comparte, para que tenga oportunidad de conocerle más y. al mismo tiempo, para educarse en esa presencia y en esa atención sin ruido, sin juicios, sin opinión, en una plena escucha activa. 

Y sí, le aseguro que de ese espacio que le damos al otro y que, al mismo tiempo, nos damos a nosotros mismos, surge eso que tanto se necesita: la aceptación del otro, de su ser, de su realidad, de su mundo interno, de sus decisiones, de su forma de pensar y de vivir; y esto, mi querido lector, nada tiene que ver con coincidir, con aprobar o con tolerar, no. Aceptar al otro significa reconocer su realidad. Su realidad interior (emociones, pensamientos, sensaciones) y su realidad exterior (situaciones y comportamientos).

Estar presente, hacerle sentir que ser visto y escuchado con atención y aceptar en su realidad, no es un acto estoico ni de buen samaritano, es un acto de dignidad humana que todos merecen. Por supuesto que usted puede decidir qué hacer o no hacer con ese conocimiento, pero ahora tendrá más herramientas para tener una visión clara de la decisión que tome. Y, sobre todo, le afirmo que se llevará grandes sorpresas, la mayoría de ellas positivas. Piénselo y dele una oportunidad a esa práctica que no sólo nos acerca y nos conecta, sino que nos vuelve más humanos. Confíe, la modernidad necesita de estos actos de resistencia para que no dejemos de ser ni de existir. 

Como siempre, usted elige. ¡Felices conexiones, felices vidas!