Consciencia social IV

Hay que evitar que existan puntos ciegos en nuestra propia consciencia que nos impidan analizar y elegir lo que mejor conviene a nuestra vida, independientemente de las voces colectivas

..y sonrío y me callo porque, en último extremo,

uno tiene consciencia de la inutilidad de todas las palabras.

                Ángel González

La ACNUR (Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados) define la consciencia social como la capacidad que tenemos los seres humanos para percibir, reconocer y comprender los problemas y las necesidades que tienen las personas de nuestra comunidad, entidad, grupo social o tribu. Esto consiste en asumir las relaciones y los roles que desempeñemos en los diversos espacios comunes. Implica analizar, reflexionar y tomar postura frente a los problemas conjuntos: “Lo que afecta a cualquier miembro de la estructura social tiene un impacto directo en los demás, tanto si es negativo como positivo”.

La importancia de la consciencia social radica en la capacidad de razonar, en cómo interpretamos los estímulos y las sensaciones externas e, incluso, internas. Esa importancia es también el punto más relevante de reflexión, porque si bien todos pertenecemos a un grupo determinado y compartimos ciertos esquemas mentales, eso no implica que debamos minimizarnos y dejarnos absorber por el inconsciente colectivo, y ésta es la parte más interesante.

Daniel Goleman señala que el yo de grupo, al igual que el yo individual, presenta dos facetas: en una participa la consciencia compartida, mientras que la otra descansa en una especie de inconsciente común, un dominio colectivo que jamás se nombra o se reconoce abiertamente, pero que no por ello deja de influenciar sobre cada uno de los miembros del grupo.

Si bien la consciencia social es importante y determinante para nosotros mismos y la estructura social, hay que evitar que existan puntos ciegos en nuestra propia consciencia que nos impidan analizar y elegir lo que mejor conviene a nuestra vida, independientemente de las voces colectivas, que no siempre son postuladas o dirigidas para el bien común, sino para satisfacer las necesidades propias de quien o quienes las emiten. Es necesario que podamos comprender el entorno y ser solidarios con el mismo e interactuar de manera sana y productiva con aquellos con los que elegimos compartir nuestra vida o, por alguna razón, debemos hacerlo. La consciencia social está ahí para que vivamos, ante todo, libres.

Empieza por la empatía hacia el otro por la ayuda mutua, por la comprensión; empieza por relaciones en un marco de respeto, solidaridad, verdad y la responsabilidad ante los compromisos adquiridos; por el apoyo, la sensibilidad, la contención, la escucha, la integración, la aceptación; empieza por desterrar las críticas, los juicios, las especulaciones, las falsedades… No, no hace falta ir muy lejos para practicar la consciencia social. Hace falta sólo un interés genuino por el otro, por su trato digno y humano. Hace falta, más que entender, comprender la información que está influyendo en nuestra vida y también en los demás. Comprender es darle un sentido a algo aparentemente ilógico, pero que nos resuena, nos mueve y nos impulsa a transformar nuestra simple percepción en algo más profundo. Comprender es cambiar la percepción sobre algo y, con ello, cambiar nuestra realidad hacia un enfoque nuevo.

Porque no es lo mismo ver que sentir, la consciencia social nos enseña a comprender nuestra realidad y la del otro y a sentirla y, con ello, a cambiar nuestra manera de pensar, de elegir, de actuar y de modificar, en esa acción, los resultados. De ahí que esta consciencia nos permita participar responsablemente y ser libres… o eso es, finalmente, lo que se espera de nosotros, apoyar a aquellos grupos donde nuestra opinión cuente, se respete y nos permita formar parte de nuestros propios destinos de forma individual y social. Por eso hoy le invito a reflexionar profundamente sobre este tipo de consciencia, porque, créame, nuestra libertad sólo llega hasta donde alcanza nuestra consciencia. Como siempre, usted elige. ¡Felices consciencias, felices vidas!

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