Consciencia emocional II
Nada resulta más complejo y desagradable en las relaciones humanas que tener que tratar a ciertas personas con pinzas, es decir, con esa cautela extrema ¡de no vaya a ser!
Mi consciencia tiene para mí más peso
que la opinión de todo el mundo.
Cicerón
Existen muchos tipos de consciencia, en lo personal, considero que la consciencia emocional es una de las más valiosas he importantes y, quizá también, la que menos se procura con la sensatez que se necesita.
La consciencia emocional es el reconocimiento que tiene cada persona con respecto a sus propias emociones y estados emocionales. Esto implica no sólo saber lo que sentimos, sino también saber por qué y para qué lo sentimos así; para ello es necesario reflexionar sobre el vínculo directo de nuestros pensamientos, sentimientos, palabras y conductas, y cómo influyen en los diferentes ámbitos de nuestra vida, de tal manera que nos permitan saber si este tipo de comportamiento personal está alineado con nuestros objetivos, principios y valores fundamentales, o no. De eso se trata la coherencia en uno mismo. De saber quiénes somos y para qué hacemos lo que hacemos y con miras hacía el qué, cómo y cuándo de nuestra propia vida.
Quizá una emoción dure poco y genere pocos estragos, pero un estado de ánimo negativo prologado puede resultar fatal en la vida de cualquier ser humano, la mente es capaz de cambiar todo nuestro sistema psicológico y fisiológico si no se atiende. Insisto, hay que saber nombrar lo que se siente y por qué se siente, y si eso que se siente está conectado o no y a qué, y no sólo eso, hay que saber qué es lo que desencadena en nosotros mismos… en nuestra forma de pensar, de razonar, de analizar, de sentir, de hacer y de vivir.
Nada resulta más complejo y desagradable en las relaciones humanas que tener que tratar a ciertas personas con pinzas, es decir, con esa cautela extrema ¡de no vaya a ser!; esas personas que todo les resulta molesto, desagradable, ésas, las de cara larga de crítica fácil, las que sólo tienen una verdad válida… la suya. Y circundan el todo en esas experiencias a las que su corta mente y su estrecho corazón les permiten concluir sobre la vida y los demás. Esos de la cuadratura encefálica que asumen con total destreza y soberbia: así soy yo… esos a los que el cambio les resulta inaceptable, como si en él perdieran lo poco que poseen de su ser.
También los hay expertos en sí mismos, pero incapaces de conectar con los sentimientos, las emociones y los estados emocionales de los demás, ¡de qué puede ser experto el que no puede ver en el otro lo que sintió en sí mismo…! Poco o nada. Que seamos capaces de superar lo vivido no debería de cegarnos ante los demás, sino, por el contrario, comprenderles mejor. De eso se trata la inteligencia emocional que tanto se necesita.
La consciencia emocional nos ayuda a conocernos, pero, sobre todo y más importante, a tener un control sobre nuestras propias emociones y estados de ánimo, a saber cuándo debemos de parar esos juicios, esas críticas, esas preguntas irascibles, esas respuestas coléricas y esa avalancha de pensamientos innecesarios. Saber cómo volver a nuestro centro, a una paz mental que nos permita seguir operando en nuestra vida y reconectar con esa contención, consideración, cuidado y cariño que necesitamos para poder pensar, analizar y reflexionar sobre lo sucedido. Vivir a prisa, superando lo que sentimos a golpe de escapismos, no resuelve en lo profundo, únicamente va cooperando en la instalación de una bomba emocional que el día menos pensado nos hará explotar destruyendo todo a su paso, incluso a uno mismo. Las emociones deben enfrentarse a fin de dominarlas, de no hacerlo, terminarán por dominarnos a nosotros mismos y hacer de lo deseado una quimera.
Por eso hoy le invito a tomarse un tiempo con aquello que siente y describirlo, saber a qué huele, sabe y se percibe su miedo, su alegría, su ira, su amor, su tristeza, su cansancio o su plenitud… Para quien sabe lo que siente y cómo lo siente es más fácil cómo acrecentar sus buenos momentos y cómo superar aquellos que no lo son tanto.
Créame, nadie tiene por qué soportar aquello que usted no es capaz de sobrellevar. Aprenda a definirse desde lo mejor de sí mismo y actuar en consecuencia, no se puede aspirar a lo mejor sin ser el mejor en sí mismo, todo lo demás es un juego de máscaras que sólo podrán convencer a aquellos que sufran su misma suerte, nunca a nadie mejor. Como siempre, usted elige.
¡Felices autoconsciencias, felices vidas!
