Amor IV. El que hace bien…
El amor sólo tiene dos reglas importantes: amar al otro y amarse a uno mismo para eliminar las barreras que le impidan a los demás amarle.
El verdadero amor no se conoce por lo que exige,
sino por lo que ofrece.
Jacinto Benavente
Para tranquilidad de todos, la neurociencia, hasta hoy, sólo ha podido concluir el efecto bioquímico que sucede al momento de enamorarnos, señalando que es una explosión de feniletilamina, dopamina, oxitocina, serotonina y vasopresina. Todas ellas, sustancias estimulantes que nos hacen sentir bien y nos incitan a vivir motivados grandes experiencias. Además, también, para tranquilidad de todos, el amor es tan necesario para los seres humanos como el comer o el dormir, es absolutamente cierto que necesitamos amor para vivir, quizá por ello no importa lo que hayamos vivido, volvemos al ruedo del amor una y otra vez porque sí… porque se necesita y porque nuestra mente inconsciente sólo se queda con las buenas experiencias, con esas sensaciones inolvidables de lo que sentimos alguna vez…
El amor nos hace bien… ¡pero cómo mantener ese amor y todas esas sensaciones! La realidad es que nadie podría vivir instalado permanentemente en esa mezcla química, pero sí puede seguir sintiendo esos beneficios a largo plazo a través de sus elecciones. El buen amor se elige, se educa y se trabaja… para eso, la ciencia no tiene recetas ni guías, sólo algunos puntos de apoyo, pero depende de cada uno, de su historia, de sus experiencias, de su habilidad comunicativa, de su valentía para exponer sus vulnerabilidades, de su autenticidad, de su sentido del humor, de responsabilidad, de sus principios y de sus valores… el buen amor lo elige cada uno y es ése el perfecto… el que le haga bien.
Por eso, el amor sólo tiene dos reglas importantes: amar al otro y amarse a uno mismo para eliminar las barreras que le impidan a los demás amarle. Es simple, elijo amarte y elijo trabajar en mí para que tú también puedas amarme y viceversa.
Como puntos de apoyo tenemos: la escucha activa, eso significa escuchar realmente al otro con un interés genuino de conocerle, sin juicios, sin diálogos internos, sin análisis precautorios; y eso es siempre porque todos cambiamos todo el tiempo, dejemos de pensar que poseemos el dominio del conocimiento ajeno o que el otro debe conocernos de igual manera… no, la única manera de saber dónde y cómo se está es preguntando y el otro respondiendo, los silencios matan el amor y le dan vida a la imaginación siempre fallida; el buen diálogo juega un papel determinante en una relación, la honestidad, la sinceridad, la agudeza y cuidar de esa información, también.
La empatía, el ponerse en el lugar del otro, en ser respetuoso con su trabajo, tiempos, intereses, prioridades, gustos, hobbies o aquello que esa persona disfrute y le haga feliz; así como comprender sus miedos, sus batallas y también sus dudas. Otra elemental, la complicidad, participar solidariamente en el devenir del otro es apoyar y empoderar sus sueños y sus proyectos y/o el proyecto de ambos que tengan en común.
Si la relación es de pareja… el deseo, la pasión, son otros temas prioritarios, tanto como los detalles, la ternura y el cariño; el amor necesita manifestarse en todas las áreas y la intimidad es fundamental. Se necesita esa conexión porque ese espacio es, finalmente, el único que nos separa del resto de las demás relaciones. Dicen los expertos que, si se tiene y es satisfactorio, ocupa el 20% de la relación, pero si no se tiene o no se trabaja, es el 80% de los problemas.
Por último, le diré, mi querido lector, que existen premisas básicas en el amor, el amor es bueno cuando nos hace bien, cuando suma, cuando nos hace ser mejores seres humanos. Ese amor merece respeto, admiración, sentido de pertenencia y libertad. La libertad de cada uno de ser uno mismo, de tener sus planes, pero de construir juntos un plan en común tanto o más apasionante que el que se tenga individualmente. El amor se construye en los pequeños y grandes momentos que le hacen a uno elegir a ese mismo alguien cada día. Ame y ame mucho, y ame bien… Como siempre, usted elige.
¡Felices amores, felices vidas!
