Amor II. No eres tú, soy yo…

El amor es una memoria educada o un olvido insistente. Jaime Sabines Tan sutil cuando se dice: no eres tú, soy yo… en un primer instante no detona más que una profunda tristeza acomedida del ego, un silencio profundo, incomprensible e inadmisible para quien sólo ...

El amor es una memoria educada (o un olvido insistente).

Jaime Sabines

Tan sutil cuando se dice: no eres tú, soy yo… en un primer instante no detona más que una profunda tristeza acomedida del ego, un silencio profundo, incomprensible e inadmisible para quien sólo quisiera tener una razón y no, no hay una razón, sino un cúmulo de razones, que posiblemente, aunque las enlistasen con lujo de detalle no querríamos comprender y justificaríamos queriendo evitar la derrota. La batalla estaba perdida y sí, hay que creer cuando alguien dice no eres tú, soy yo; y sí, también es ésa la única gran razón. Deje de desvivirse pensando en qué hizo mal o en querer salvar al otro de su infortunado sentimiento.

El no eres tú soy yo, es real y debemos darle ese crédito. Como ya lo he dicho, nos enamoramos de aquellas personas que nos transforman, nos enamoramos de lo que esa persona nos hace sentir, nos enamoramos de la persona que nos enamora de nosotros mismos, nos enamoramos de esa persona que nos impulsa y nos motiva… De ésa que saca lo mejor de nosotros, minimizando nuestros propios temores e insuflando la seguridad y la valentía que otorgan los espacios que nos permiten ser nosotros mismos en toda su expresión, por eso el buen amor no sólo transforma, sino que libera, nos libera de nuestras propias esclavitudes, por eso lo amamos tanto…

Sin embargo, el amor no es siempre ese amor que nos hace sentir amados, hay muchas y muy variadas maneras de amar, y a veces esos amores no coinciden en sus formas, son amores que no logran transformarnos, son amores que pueden ser cómodos, incluso aparentemente seguros, pero amores que no logran educar –como bien dice Sabines– acerca de la memoria, que siguen arraigados en el olvido insistente, que no les deja vivir. Son esos amores que consuelan el momento, pero que ni satisfacen la necesidad del corazón ni nos inspiran a elegirle voluntaria y convincentemente todos los días, son finalmente ésos que no te cambian nada, ésos que no logras descifrar en la suma ni en la pérdida, ésos que son meramente prescindibles, ésos que muchas veces ahogan, inquietan, ésos que finalmente no nos aportan nada más allá de una buena compañía, pero que tampoco nos hieren, ésos que incluso nos duele querer a medias. Créame, ésos que dicen no eres tú, soy yo… son sinceros, simplemente no quieren herir, sólo quieren salir de donde están, requieren mayor desarrollo emocional y otros espacios en sí mismos en los cuales recrearse, reflexionar, analizar o, simplemente, permanecer o evolucionar.

Dejemos de querer, querer a quien elige querer a algo o a alguien más, o no querer nada, dejemos de insistir en minimizarnos ante el rechazo, o a engrandecernos ante la insatisfacción del otro, dejemos de querer encontrar siempre una razón, un motivo, una justificación, dejemos de insistir donde ya se han tomado decisiones, donde ya se han señalado los puntos y aparte. Dejemos de juzgar al otro o a nosotros mismos. El amor ante todo es respeto, abrace la oportunidad y desee lo mejor al otro en su nuevo viaje, y emprenda el suyo también.

Todas esas relaciones que suelen llamarse tóxicas nacen y se hacen en la incapacidad de aceptar la realidad, la nuestra y la del otro, en el regocijo de la venganza, en la necedad que provoca la incomprensión de un amor propio mal entendido, en los abandonos, en el miedo al rechazo, en las disputas del ego fallido, en el control, en la cobardía de aceptar el pasado, de enfrentar el presente y de proyectar un futuro.

Créame, todos aspiramos a un buen amor, no un semiamor, maltrecho y lisiado. Y no todas las personas van a elegir su amor, su amor es válido sólo para las personas que sean las correctas para usted y viceversa y no, tampoco todos los amores deben irse de su vida. Los buenos amores son como el agua: “no se crean ni se destruyen, sólo se transforman”, y para ello necesitan estar en movimiento, vivir ciertos procesos, e ir alimentando a su paso lo que tocan. El buen amor permanece siempre en el respeto al otro y a uno mismo, los demás amores no son amores… como siempre, usted elige.

¡Felices amores, felices vidas!

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