Purgar

El que actúa mal, sabe que ha hecho mal y sabe también las razones de su elección

Hay personas que nunca serán capaces de reconocer que se han equivocado y, cuando causan daño, tampoco lo reconocen. Es tanta la soberbia que sienten, que incluso llegan a creer que todo lo que hacen es para bien de los demás.  Actúan como si fuesen dueños de los destinos de las personas y como si tuviesen la potestad de decidir sobre lo que sí y lo que no pueden sentir los demás.

Y los hay… aún más sofisticados. Son aquellos que insisten en hacernos creer que todas sus acciones conllevan una intención positiva, una preocupación y un compromiso con el bienestar de los demás. Pretenden, a la vez, convertir los agravios que han causado en virtudes y en benevolencia pura y así, a manera de salvadores visionarios, lo que realmente pretenden es hacer creer a los demás que las decisiones o elecciones tomadas a su costa son las mejores para su futuro.

Y hay quienes se creen tan perfectos que no reconocen su maldad, su furia… sus pasiones y van por la vida obligados a purgar sus errores, convirtiéndolos en aparentes virtudes, por lo menos para sí mismos, aunque sigan retorciendo y acomodando la verdad, como si fuesen capaces de saber lo que el otro necesita.

No se deje sorprender. El que actúa mal sabe que ha hecho mal y sabe también las razones de su elección, no permita que le modifiquen la historia para hacerle creer que se han sacrificado por usted… no hay tal bondad, la gente buena no se justifica; sólo se justifica el que se sabe equivocado, pero no quiere o no puede reconocerlo.

Créame, cuando la soberbia invade el ego se vuelve el guía y piloto de la razón. Pretender saber lo que es mejor para alguien más es considerar que ese alguien no puede manejarse, es desestimarlo y degradarlo ante su propia vida.

Por eso no… no permita que nadie pretenda ser su salvador ni tampoco otorgue ese papel, la vida de cada uno es de cada uno y nadie tiene derecho a decidir por usted, porque nadie sabe, tan bien como usted, qué es lo que mejor conviene a su vida.

Quien tenga que purgar su malestar que lo purgue en su pena de saberse descubierto en su maniobra, pero no en el agradecimiento que siempre espera para seguir alimentando su creída grandeza.

Quien obra bien, obra desinteresadamente, no necesita un gracias ni un perdón; no necesita un reconocimiento ni un premio por sus intenciones, sencillamente porque tiene esa seguridad y es paz de hacer algo en lo que realmente cree y actúa en consecuencia. 

Por eso hoy le invito a defender su verdad, no permita que nadie le utilice para purgar sus errores, usted sólo es importante para usted y quien busque su bienestar siempre respetará sus intereses y sus propias necesidades.

Deje que quien necesite limpiarse, acrisolarse, purificarse, corregirse o simplemente desvanecer los indicios o sospechas sobre su mal proceder… purgue su condena con una verdad, si acaso la tiene… Como siempre, usted elige.

¡Felices verdades, felices intenciones!

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