Desdichas
Pretender ser quien no se puede ser también es un grotesco acto de cobardía.

Paola Domínguez Boullosa
La coach
La hipocresía es el colmo de todas las maldades. Moliére
La hipocresía es el fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan. El hipócrita finge y fingir es dar a entender algo que no es cierto, el hipócrita pretende darle existencia a algo que realmente no la tiene. Tristemente, el hipócrita no se da cuenta de que en ese fingir, al único que le finge es así mismo.
La paradoja del hipócrita es pretender hacerles creer a los demás lo que no es, porque él cree y siente que lo que es y como es no es suficiente para sí mismo ni para los demás. Por eso el único juicio que merece un hipócrita es el de la lástima, por dejar de ser él mismo para poder sentirse alguien, para sentirse que puede ser apreciado, seguido, querido o admirado.
Qué triste tener que dejar de ser para sentirse alguien, sabiendo, además, que no se tiene ni la voluntad ni la capacidad de cambiar. Y en ese círculo vicioso queda instalado el hipócrita, dejar de ser quien es para ser quien no es y, neciamente convencido de su insuficiencia, no aspira ni siquiera a intentar convertirse en lo que pretende aparentar.
Por eso dice bien Moliére, la hipocresía es el colmo de todas las maldades y no por el mal que puedan causar, que alguno siempre causa en la confusión, sino por lo mal que algunos se deben de sentir consigo mismos por no poder soportar lo que son o lo que viven.
Y así viven estos desdichados, al cobijo de un ser irreal inventor de un mundo irreal, con la esperanza de que en esa irrealidad puedan ser aceptados y gozar al menos de algunas efímeras ventajas. Ésa es la desdicha y el mal entre todos los males, ser uno mismo su máximo enemigo… su propio secuestrador, su maltratador y finalmente su propio verdugo... Éste es un suicidio silencioso al que se enfrenta un ser humano a voluntad y sometido por sí mismo. El dejar de ser quien se es para pretender ser quien no se puede ser también es un grotesco acto de cobardía.
Imagínese no poder ser quien uno es en esencia y no poder tampoco llegar a ser quien uno aspira a ser realmente, imagínese no poder decir lo que siente, lo que piensa, lo que razona, lo que quiere, lo que desea, imagine no poder mirar de frente porque no hay fondo que sostenga esa mirada, no poder sonreír cuando se quiere o tener que aprender a sonreír sin ganas de hacerlo, imagine tener que callar lo que se quiere decir para decir lo que no se quiere decir, imagínese tener que dejar de ser para ser alguien frente a los otros a quienes finalmente y tristemente nunca podrá convencer de esa realidad ilusoria a la que se ha sometido
Pero así son y así viven todos aquellos que han elegido la hipocresía, el agrado barato, el servilismo y la complacencia de cara a la galería. Allá ellos con esa cansada y aparatosa labor de tener que convencer y convencerse que uno es lo que no es. Por eso no, no se aflija por el daño que puedan causar este tipo de personajes, porque ya bastante tienen con la pantomima de su propio engaño. Mejor elija siempre demostrar ante ellos su autenticad y el placer que genera saber reconocerla siempre.
¡Felices desdichas, felices autenticidades!