El indefinido
Lo que sí le digo es que hacer el bien no significa desvivirse por nada ni por nadie...

Paola Domínguez Boullosa
La coach
Nadie puede hacer el bien en un espacio de su vida, mientras hace daño en otro. La vida es un todo indivisible.
Mahatma Gandhi
Entre el ser y no ser bueno hay un infinito de maldades, tantas como bondades en un infinito de maldad. Se llega a creer que todo depende de la ejecución, de los testigos y de las circunstancias, y nuevamente se cae en el error, porque nunca depende más que de uno mismo, de su conciencia, de su intención…
Y hasta en ese atrevimiento de señalar a la conciencia y a la intención también se puede errar, porque usted sabe como yo que hay personas sin ninguna conciencia y muy mala intención que pueden disfrazar sus perversos actos con aparentes hechos, que parecen aceptables y bondadosos.
El problema está como siempre en las justificaciones. Sorprende ver la capacidad con la que esta clase de personajes justifica todo a su paso, en ocasiones arguyendo con retóricas llenas de drama, otras manipulando la culpabilidad, incluso, llegan a justificar la venganza como si la venganza los convirtiese en vencedores…
Y lo único cierto es que ni el drama ni la culpabilidad, y mucho menos la venganza justifican las maldades disfrazadas de bondades o las maldades directas o indirectas… el mal no tiene justificación ante nadie, más allá de aquel que la práctica. El que es malo no necesita justificaciones internas, por el simple hecho de ser lo que es… malo.
Al igual que el bueno que no necesita justificaciones para ser bueno, más que ser quien es… y coincide, además, con que el que hace el bien no suele justificar sus actos y mucho menos hacer alarde, simplemente porque para él es algo normal, algo que nunca se cuestiona.
La vida es un continuo, un todo, indivisible y real; podremos equivocarnos, pero la diferencia entre el bien y el mal, todos la conocemos por la ley natural, que se le aprenda a manipular, a justificar y evadir es… muy diferente.
Y cada quien elige lo que hace o no con su vida y la parte de ella que justifica o no, y la parte de ella en la que se decide ser uno mismo y en la que no, y se elige. También se elige el bien y el mal todos los días, como se elige asearse o no, comer o no, beber o no. La bondad y la maldad no son elecciones tan cuestionables como se cree, la bondad y la maldad son líneas de acción sobre las que construimos todos los días… y por supuesto se eligen.
Con absoluta honestidad le diré que no creo ni en las bondades ni en las maldades a medias. Tampoco creo en las justificaciones, absurdamente inconscientes y bien o mal intencionadas, porque la bondad y la maldad son como ser o no ser, se es o no se es, y no se puede ser, bueno o malo, por instantes y dejar de serlo a conveniencia.
Hay tantos que creen que se puede ser, sin ser nada definido que sorprende, aunque no a todos… sólo sorprende a los que son quienes son. También los hay valientes que reconocen su maldad sin justificación y se les juzga de ser los peores seres, cuando lo que vale en esta vida… es la aceptación, no la negación y peor aún la justificación de lo que uno es.
Por eso no me cuestiona, ni me sorprende el malo, que se define como tal y se desempeña tal cual es. Me sorprende más el indefinido, aquel que cree que sus obras buenas equilibran sus malas y viceversa, aquel que se cree y se siente con el derecho de ejercer la maldad, porque a su entender existen motivos suficientes para ello, aquel para quien las bondades de otros nunca significan nada y las que considera maldades le aportan una razón más para la venganza. Y es que el indefinido… es caprichoso y voluble…. acción-reacción, motivación-impulso. El indefinido se miente a sí mismo, a fin de nunca tener que enfrentar la realidad de lo que es.
Y… se duda, si actuar bien lo convierte a uno en una persona poco inteligente, o si actuar así, lo vuelve a uno un blanco fácil... si me lo permite, tendré que decirle que quien duda de su propia bondad, duda también de sí mismo. El bien se elige, y hacer el bien es un estilo de vida, tan acertado como escoger el éxito, como escoger la felicidad… e implica, como cualquier otra elección, la responsabilidad de hacerlo sin miramientos, sin excepciones, sin recompensas, simplemente por el placer de ser la mejor versión de uno mismo.
No lo dude, elegir el bien no es tan complicado, sólo tiene que hacer lo que le corresponde hacer, lo mejor que pueda hacerlo, en tiempo y forma, consciente y seguro de sus intenciones… ser en sí mismo lo mejor que se desee llegar a ser. Y si escoge el mal, pues de igual manera tendrá que ser como desee serlo.
Lo que sí le digo es que hacer el bien no significa desvivirse por nada ni por nadie, no se trata de complacer, no se trata de sacrificios, de flagelaciones, de sumisiones, de silencios, tampoco se trata de dar a manos llenas ni de otorgar a otros aquello que uno necesita para sí mismo, tampoco se trata de dejar de ser auténtico, no se trata de someterse a los deseos ajenos ni de ceder permanentemente… y no se trata tampoco de intercambios ni de saldos a favor. En la bondad no cabe la culpa, ni la irresponsabilidad ajena, tampoco caben los compromisos fuera de uno mismo y mucho menos la justicia… el actuar bien no obligatoriamente va ligado a que la vida o los demás sean justos con usted.
El bien no se trata del otro, se trata de uno mismo, el bien no se trata sólo de dar… sino de recibir, y ese es el error que muchos cometen, y que termina por hacerles sentirse vulnerables ante su propia bondad… no… la bondad se trata únicamente, de ser uno mismo en el ejercicio y práctica de un compromiso personal y coherente con lo que uno es piensa, siente y cree…y que además, de forma directa le provee felicidad y paz.
La bondad es una inversión a corto, mediano y largo plazo, y no tanto para los demás, sino para uno mismo, porque quien en realidad actúa de la manera que elige conscientemente, no padece ni se cuestiona las actuaciones de los demás, no espera nada, no juzga, no se resiente, no se queja… simplemente porque no cree en un resultado justo, sino solamente en una vida ajustada a lo que uno desea de sí mismo.
Por eso hoy le invito, a elegir la pauta de todas sus acciones, a elegir un estilo de vida, en el que pueda definirse como usted así lo desee y que le permita comprometerse sin miramientos con esas acciones y decisiones.
Elija porque… no hay nada peor que lo indefinido, lo titubeante, lo inseguro o lo circunstancial, si elige el mal, sepa que la libertad siempre estará comprometida, si elige el bien, sepa que la libertad simplemente le viene implícita, como siempre usted elige…
¡Mucha suerte y felices definiciones!