Industria
El futbol americano estudiantil en las universidades del vecino país del norte se ha convertido en una industria generadora de negocios y, en ocasiones, cuesta mucho trabajo asimilar las inmensas cifras que se manejan.

Pablo Carrillo
La neurona
Maravillado aún por los grandes duelos de los que hemos sido testigos de la NFL, me dispongo a presenciar la final del futbol americano colegial entre las universidades de Miami e Indiana, sin duda, promete ser un partidazo con tintes defensivos, aunque los Hoosiers, el apodo de los nacidos en el estado de Indiana, son los grandes favoritos, pero, como siempre, en el deporte no hay nada escrito.
En mis inicios como comentarista, hace más de cuatro décadas, resultaba complejo elegir al campeón del futbol americano estudiantil, pues en esos días dos agencias informativas, AP y UPI, convocaban, respectivamente, en encuestas, a los periodistas deportivos, así como a los entrenadores, por lo que hubo varias ocasiones en las que dos universidades se proclamaban campeonas, situación que se modificó en 2014 cuando se generó el actual sistema de playoffs entre los primeros sembrados hasta llegar al partido final a través de los tazones más importantes.
El futbol americano estudiantil en las universidades del vecino país del norte, que, en un principio, desde los inicios del siglo pasado, era una expresión deportiva totalmente amateur, se ha convertido en una industria generadora de negocios y, en ocasiones, cuesta mucho trabajo asimilar las inmensas cifras que se manejan.
Es tal la cantidad de recursos que producen los equipos de futbol americano a las instituciones educativas, que hoy son algo equivalente a equipos profesionales, pues no sólo originan una inmensa cantidad de recursos por concepto de derechos televisivos, sino que las taquillas y demás conceptos provocan una enorme derrama económica.
Se estima que el equipo de la universidad de Texas, los famosos cuernos largos, son el equipo más valioso de la NCAA, con una cifra estimada superior a los dos mil millones de dólares, con ingresos anuales superiores a los doscientos noventa y ocho millones de dólares. El asunto de la danza de los millones en el colegial no sólo se circunscribe a los equipos, hoy, los jugadores tienen derechos legales por su imagen y los recursos que ésta genera, siendo Arch Manning, el quarterback de dinastía de la universidad de Texas, el que más ha cobrado por el rubro de NIL, derechos de imagen, se estima que la temporada pasada ingresó seis millones ochocientos mil dólares por este concepto.
De aquel deporte que se jugaba por amor a la camiseta, y quizá por una beca académica, queda poco, hoy es una superindustria deportiva. Los tiempos cambian, los negocios, más.