Fromm, Trump, 2018
Curiosa manera de despedir el año, dirán algunos: desperdiciar los días navideños y el espacio público para hablar de Trump. Supongo que la categoría de Armaguedón que se le concede al Presidente del peluquín justifica mi último texto de 2017. Perverso y grotesco, ...
Curiosa manera de despedir el año, dirán algunos: desperdiciar los días navideños y el espacio público para hablar de Trump. Supongo que la categoría de Armaguedón que se le concede al Presidente del peluquín justifica mi último texto de 2017. Perverso y grotesco, ha roto con los países preocupados por el cambio climático, ha propuesto dos mil kilómetros de un muro estúpido que no iba a detener a uno solo de nuestros connacionales en ánimo de invadir su país, ha insistido en la guerra, con quien sea en principio, con Corea del Norte que lleva décadas poniéndose a modo sin que nadie hubiera hecho caso de sus provocaciones, y termina el año instalando su embajada en Jerusalén, sin más propósito que provocar por igual a judíos, católicos, palestinos y árabes, como si les hiciera falta. Dialéctica tan absurda como inevitable la del poder político en EU, recordemos cómo a un buen gobernante, Clinton, siguió un hombre lamentable por sus limitaciones cognoscitivas, Bush, con su catastrófica invasión a Oriente Medio. A un político que no hizo sino mostrar decoro y dignidad, Obama, sigue un buscapleitos con el planeta de por medio. El fenómeno ha resultado muy preocupante (y vergonzoso, imagino) para los estadunidenses pensantes, los menos, y entre otras cosas ha dado para publicar una serie de ensayos y dictámenes siquiátricos encaminados a demostrar —lo creo firmemente— que el Presidente es un enfermo mental. En reciente entrevista televisiva (búsquese en YouTube), Robert J. Lifton, uno de estos siquiatras, discurre sobre el tema, concluyendo que “la relación de Trump con la realidad resulta peligrosa para todos nosotros”.
Erich Fromm (1900-1980), sicólogo social, sicoanalista y filósofo, publicó un bellísimo texto, El corazón del hombre (FCE, 1964), en el que analizó “la potencia para el bien y el mal”. A querer y no, el libro revisó el origen de la tiranía, así como las potencialidades destructivas del tirano. En EU no parece haber espacio para la instalación de un régimen totalitario y dictatorial, pero eso no impide pensar que el Presidente se ajusta perfecto al modelo frommiano de la tiranía. Ante el riesgo de un cataclismo universal, no sobra enunciar algo de lo escrito por Fromm, por cierto, durante los años en que residió en nuestro país (1956-1965). Nos habla del amor a la muerte, como parte de la esencia sicológica de quienes resultan proclives a ejercer el mal, le llama “necrofilia”, la atribuye a adversidades principalmente en la experiencia temprana, tipificándola en Hitler. Propone también al narcisismo, que no corresponde a esa creencia de superioridad que se ha popularizado, sino al vivir centrado en uno mismo, débil, desesperanzado, inepto y demandando siempre atención, hasta que quien lo sufre, una vez adulto se suponga en derecho de atropellar las necesidades de los demás, depredar y asesinar. Y, sicoanalista al fin, Fromm discute la posibilidad para algunos de establecer vínculos incestuosos durante el desarrollo temprano. Este tipo de vinculación será eterno impedimento de la capacidad empática y el amor por los demás. A pesar de semejante concepción de “enfermedad”, Fromm evitó disculpar el genocidio nazi, para hacernos claro que una cosa es que la personalidad de Trump sea la de un enfermo, otra que gracias a ella evada su responsabilidad histórica. ¿Campañas 2018?, ¿qué habría que buscar en nuestros políticos? Yo tendría que centrarme en el narcisismo, terquedad de ser el dueño de la razón. Iría de ahí a la imposibilidad de contener la agresión, rasgo del síndrome del tirano. Y, usando los términos de Lifton, estaría atento a la relación con la realidad que es capaz de establecer quien pretenda ejercer el poder. Si llego a ese juicio clínico a partir del proceder de alguno de los tres aspirantes nacionales, aquí se los consigno. Felices fiestas 2017.
