Apunte sobre el suicidio

La Organización Mundial de la Salud OMS dedica el 10 de septiembre a las actividades preventivas del suicidio, este año con el lema “Tómate un minuto, cambia una vida”. Con la conmemoración distingue a este problema como uno de los dilemas sanitarios más ...

La Organización Mundial de la Salud (OMS) dedica el 10 de septiembre a las actividades preventivas del suicidio, este año con el lema “Tómate un minuto, cambia una vida”. Con la conmemoración  distingue a este problema como uno de los dilemas sanitarios más graves y complicados de nuestro tiempo. La propuesta de la OMS considera esencial la disposición para la comunicación con aquellos que sufren desórdenes emocionales. De ella surge una primera controversia: ¿es posible esa comunicación empática a partir de la manera tradicional en la que entendemos al suicida? La moral, piruja sin duda, enreda a la ética, porque, a diferencia de ésta, aquella proviene de ideologías y creencias religiosas, para las que la decisión de no continuar viviendo es entendida como pecaminosa, en tanto agravia a una divinidad que nos ha concedido vivir. El defecto filosófico de semejante propuesta es más que obvio, en vista de que el conflicto humano por excelencia es el ejercicio de la libertad. Con ella debiera uno decidir sobre un montón de circunstancias importantes, entre ellas el suicidio. Me parece muy útil, como punto de arranque, el suicidio legalmente autorizado, asistido incluso, cuando cualquiera considere que no quiere seguir viviendo, con frecuencia ante la circunstancia de padecer una enfermedad que compromete gravemente el bienestar y que, de cualquier manera, tendrá un desenlace fatal a corto plazo. Tan sencillo como se escucha, esto todavía no es legal en México. La Constitución que regirá a la Ciudad de México como una entidad federativa más, lo autoriza y lo regula, aunque este avance jurídico no entra en vigor.

Vamos más allá: el hito parece estar en la eutanasia como opción para quien padece una enfermedad mental que no mejora con los recursos para su tratamiento. En tal situación, la vida no se halla amenazada a corto plazo, pero el bienestar es imposible. El sufrimiento que no se consigue atenuar debiera permitir, en ejercicio de la libertad, escoger la muerte. Sin más, sabedores de los gravísimos retrocesos filosóficos que hacen hoy la doctrina de la religión católica, nos la brincamos. ¿Qué dicen las leyes? Hace dos años que en Holanda es legal matarse cuando se sufre enfermedad mental que no mejora con el tratamiento. El caso Beksinsky ilustra lo mucho de justa que puede tener la eutanasia en esas condiciones. Hablamos de una jovencita víctima de abusos sexuales de los cinco a los 15 años, que sufría de anorexia, depresión sicótica y conductas de automutilación. No mejoró, a pesar de tratamientos. Consecuentemente manifestó su deseo de morir y se le concedió la eutanasia asistida. La autoridad holandesa ha publicado reportes de los primeros dos años de experiencia con esta disposición: los casos, su diagnóstico, el procedimiento legal. Vale la pena revisarlos si de lo que se trata es de hacernos un juicio personal del suicidio haciendo a un lado la moralidad y los absurdos religiosos para entender el sufrimiento de quien pretende suicidarse.

El obstáculo sicológico por excelencia, el miedo a la muerte, debe hacerse patente en cualquier discusión. Padecemos todas las muertes como si fueran la nuestra, que al final experimentaremos. De modo más que injusto nos estorba la suposición, sin fundamento, de que la vida sólo se justifica si creemos en la trascendencia. Para creerlo estamos obligados a solemnizar la vida. He vivido la necesidad profesional de investigar cada tentativa suicida, en busca de sanar el pensamiento de quienes eligen matarse. Más allá de esa responsabilidad, los casos de suicidio aumentan año con año en el mundo. Evadir el entendimiento para evadir la muerte ya no encuentra justificación. La situación nos manda pensar en el suicidio y hablarlo cuanto sea posible.

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