¿Y si soy un Narciso?
Como todo en la vida, es necesario matizar y desde la mirada terapéutica se detectan distintos sentidos. El punto de partida es pensar en el amor a sí mismo. El narcisismo tiene una partenecesaria; desde la perspectiva freudiana el yo se inviste de sí mismo. Es necesario aclarar que estar adentro de uno mismo y sentirse que ese cuerpo nos pertenece, que esa voz es la nuestra...
Por Ingela Camba Ludlow
Como psicoanalista, recibo muchas preguntas acerca del ego y el narcisismo. Como si éstas fuesen las principales causas de dolor del psiquismo y de nuestras relaciones. En realidad, no son las primeras ni mucho menos las únicas; sin embargo, quizá debido a la penetración que tienen en nuestro lenguaje cotidiano, resulta más fácil preguntarse por ellas, la banalización de los términos y su uso indiscriminado complica la posibilidad de encontrar respuestas.
Como todo en la vida, es necesario matizar y desde la mirada terapéutica se detectan distintos sentidos. El punto de partida es pensar en el amor a sí mismo. El narcisismo tiene una parte necesaria; desde la perspectiva freudiana el yo se inviste de sí mismo. Es necesario aclarar que estar adentro de uno mismo y sentirse que ese cuerpo nos pertenece, que esa voz es la nuestra y que aquello que pensamos es nuestro, exige mucho trabajo. Es un proceso que comienza en los primeros meses de vida y se va consolidando durante la infancia y adolescencia, a través de las cosas que vamos descubriendo que somos capaces de hacer y también por aquello que no logramos hacer. En el futuro, este narcisismo nos ayudará a asumir nuestros talentos y hacernos un lugar en el mundo.
En ocasiones, parte del trabajo terapéutico consiste en recuperar algo de eso que se llama autoestima. Muchos llegan a terapia desgarrados por el cansancio de luchar con ideales que ni siquiera saben dónde surgieron. Ellos no lo saben, pero tienen un profundo amor a esos ideales y la posibilidad de abandonarlos la viven como una traición a los valores; resulta impensable, así que muchas veces el trabajo es desmitificar esos ideales que ignoran cómo se volvieron parte de ellos.
Deben enfrentarse al hecho de que, aunque no lo saben, aman narcisistamente un ideal. El trabajo psíquico para poder soltarlos toma tiempo y es un camino diferente para todos. No hay recetas de cómo suavizar este ideal.
En el extremo patológico está de forma casi literal el mito de Narciso, en el cual el sujeto tiene una fijación por la propia imagen, por el espejo, por enamorarse de eso que ve o piensa de sí, de una manera tan arraigada que el protagonista, Narciso, muere de inanición por no separarse de esa imagen que descubre de sí mismo. Entonces, cuando sólo se ama a sí mismo con tal fiereza que no cabe nada más en el mundo, en un extremo de no querer nada ni nadie más a sí mismo hay algo que muere. Y en las ocasiones en que los otros son los que completan ese amor a sí mismo, las personas se han convertido en adornos de sí mismos. Es fuerte, ¿no? En este narcisismo maligno o patológico la persona exige un culto a la propia personalidad, espera que los demás corroboren su lugar privilegiado, que tiene tan ocupado su espacio psíquico y emocional en quererse, que no hay posibilidad de que otros entren.
Un fenómeno interesante es cómo el narcisismo grandioso de algunos resulta muy atractivo para las personas que tienen muy poco amor hacia sí mismos y, por lo tanto, son presa fácil del narcisismo de otros. Por lo general, se sienten víctimas de su propia manera de querer, de no darse su lugar o de saber que no se cuidan. Pareciera, entonces, que el problema radicara en que todo el amor lo han puesto afuera y no les queda nada para sí mismos. En estos casos, también se requiere de un complejo trabajo terapéutico para intentar poner a cada cual en su justa medida.
Muchas pacientes que tienen confianza en sus habilidades o talentos, o que sienten que han avanzado por la vida con seguridad, de repente se sienten asaltadas por la duda, ¿y si esto lo he logrado porque he ignorado a otros? Para eso no hay respuesta. Lo único que sí podemos comenzar a pensar es que, si se tiene la preocupación por haber dañado al otro, es que ese otro importa, por lo que no se trata de un narcisismo absoluto... Aunque quizá siempre permanezca la duda, también siempre será un tema para reflexionar. Porque se trata de un ejercicio que se debe realizar toda la vida, no es un terreno conquistado. En algunas relaciones, los narcicismos engrandecidos o empobrecidos de otras personas nos pueden llevar a modificar lo que se tenía ya como elaborado.
¿Alguna vez te has preguntado genuinamente: y si soy Narciso? Quizá sí o quizá no tanto.
