Violencia que no se irá

Como siempre que algo así sucede, ahora se pretende “satanizar” toda forma de grupo que parezca un grupo de apoyo a los equipos

Por Daniel Valles*

La violencia es igual que la corrupción. No se puede erradicar. No importa quién lo ofrezca, lo afirme o lo prometa. Es parte de la naturaleza humana. Por lo mismo existirá, mientras exista el ser humano. ¿Qué se puede hacer? Sólo controlarla. De igual forma sucede con la corrupción.

Desde el domingo pasado por la noche, el país habla más que otros días sobre la violencia. Y eso que México no es el país más violento del mundo. Ocupa el lugar 140 de entre 162 países, donde Afganistán es el último lugar. Esto de acuerdo con el Índice de Paz Global 2018, recién dado a conocer hace unas semanas.

El índice se publica cada año desde 2007 y puede consultarse en el sitio: https://datosmacro.expansion.com/demografia/indice-paz-global

 En México hoy se habla a toda hora de violencia debido al acontecimiento violento sucedido el pasado domingo 23 del presente en Monterrey, NL., antes del inicio del partido entre los Rayados del Monterrey y los Tigres de la UANL. Era el llamado “Clásico Regio”.

La violencia se desató de tal manera que un joven, Rodolfo Palomo, fue golpeado salvajemente y herido con arma blanca. Su vida ha estado en peligro desde entonces.

Como siempre que algo así sucede en el país, ahora se pretende “satanizar” toda forma de grupo que parezca una “barra” o grupo de apoyo a los equipos.

La exageración y no la prevención es la medida que se toma en México ante una desgracia. Pero ese es otro tema.

El hecho es que la violencia en los estadios nunca se ha podido controlar. Brota de cuando en cuando y causa grandes daños y ocasiona perjuicios a todos.

Cierto que no es la primera vez que algo así sucede en México. Lo hemos visto antes en CU, en el estadio Azteca y en el mismo Monterrey, en éste un partido similar.

En 17 años que se viene jugando el “Clásico Regio”, todos los años se dan muestras de violencia. La diferencia con este último es el “grado tan alto” en las manifestaciones violentas y en los hechos de sangre.

¿A QUÉ SE DEBE ESTO?

A que cada generación de jóvenes es más peligrosa que la anterior.

A que 80% de los protagonistas evitan con facilidad la detención o el arresto. Es decir, ocho de cada diez no reciben castigo por los crímenes o actos violentos que cometen.

Las bandas son más peligrosas porque no tienen valores ni principios que les sostengan. Que les eduquen. Que les refrenen. A que han roto los tabús, “impuestos por la sociedad moralista”.

De acuerdo con un estudio realizado por el Laboratorio de políticas públicas llamado Ethos, “México incrementó en ocho años (del 2008 al 2015) su gasto en seguridad pública un 60%, pero, no obstante, estos miles de millones de pesos destinados a resolver el problema, el país sigue siendo hoy uno de los más violentos del mundo”, cita Ethos.

De entonces a la fecha, el gasto creció otro tanto y la violencia, de la misma forma. Aumentó de manera exponencial.

Los años “negros” o “rojos” en México en cuanto a la violencia (2009-2011) nos pusieron como el país de mayores índices de violencia en el mundo. Siendo Ciudad Juárez y Tijuana las ciudades de mayor criminalidad.

El mismo reporte marcaba que las variables para tales incrementos de violencia no estaban en la economía. Como aseguran algunas autoridades en el país.

Estas autoridades desconocen las causas reales o no les otorgan la importancia que en verdad tienen factores determinantes como la familia, los principios y valores. El matrimonio, el divorcio. El consumo de drogas ilegales, las que se empeñan en legalizar el aborto y otras más.

Ethos señalaba en su estudio que las estadísticas mostraban que la variable no era la economía, sino la estructura familiar y el amor que se dé en este núcleo.

También señaló que el porcentaje de hogares con padres o madres solteras es directamente proporcional a los niveles de robo y crimen violento; “así como la ausencia de compromiso matrimonial y el fracaso en la formación y desarrollo de la familia. Estas son las variables que elevan el índice de criminalidad”. Ethos no tiene afiliación partidista, ni religiosa, ni tendencia política.

Lo señalo porque tengo colegas queridos que inmediatamente tacharían de “moralino” el comentario que escribo o el dictamen de Ethos.

Le agregarían los calificativos de ultraconservador y retrógrada. Pero nada de eso. Los números y las encuestas han señalado eso mismo y desde hace décadas.

Por mi parte, la experiencia me indica que los jóvenes “cargan” un dolor interno que les presiona. Se descargan con la violencia.

También con el sexo. Las drogas. La promiscuidad. Lo que va logrando que sus “defensas” naturales, su moral y su ética escasa, desaparezcan por completo al grado de convertirles en hordas salvajes que roban, destruyen, hieren y matan.

La expresión de la maldad que han anidado en su corazón y mente, finalmente emerge. Como piensan en su interior, así actúan.

Violencia, odio, ira sin control. Son tres palabras que provocan los hechos violentos y crímenes que vemos a diario en las calles.

Los antecedentes para la violencia, por inverosímiles que parezcan son: “libertad de hablar”, “liberación”, “libertad de decisión”.

Libertades que son llevadas al extremo. Y sabemos que todo extremo es peligroso. Se torna, en este caso en libertinaje.

Con base en estas acciones que las palabras señalan, las personas se degeneran. Toman control de la sociedad por medio de ideas sin “gota” de moral y sin un sentido de ética. Menos de una paz espiritual innata.

Se critica a las buenas costumbres. Que son las que mantienen el tejido social fuerte y la concordia entre las personas en las ciudades. Muchas personas que así hacen, ahora se lamentan y critican, pero por la falta de valores.

¡Y son las mismas personas que años antes criticaron los valores, la moral y las buenas costumbres! Así o más inverosímil y sin sentido.

De la violencia nadie está a salvo. Los políticos y los jefes de la policía hablan mucho de planes y acciones contra la violencia. Pero nada sucede que la controle, sino todo lo contario.

 En Chihuahua se ha lamentado el asesinato del presidente de la Coparmex, Parral. Uriel Uberto Loya, (q.e.p.d.).

Lo que está claro es que ante el resquebrajamiento de la familia, la comunidad—tejido social— etc., ni los políticos, ni los medios saben qué hacer. No tienen ni idea.

La gente “liberalia” impone sus criterios. Impiden con ello a las asociaciones Pro Familia que se trabaje con toda la fuerza y sin cortapisas en la educación, la economía y la política. Que porque son “conservadores”, “de mente telarañezca”.

La gente “liberalia” derriba y obstruye a toda persona o programa que busque restablecer el tejido social con base en la moral cristiana, la ética y la verdad absoluta. Reprobando la primera, atacando la segunda y negando la tercera de manera absoluta. Como si lo que dicen fuera verdad absoluta. Qué paradoja. Más aún, que estulticia. Por ello, la violencia seguirá y pronto alguien exclamará como lo hizo el entonces presidente Zedillo, en 1998. “Que baje la cantidad de la violencia”. Ahí El Meollo del Asunto.

*Periodista

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