Una novela del chavismo

Chávez desafió al régimen que le entregó el poder.

Por Jaime Rivera Velázquez*

Ha dicho Mario Vargas Llosa que la ficción se emplea en la literatura para revelar la realidad, y a veces lo hace con más profundidad que el periodismo o inclusive que la historia académica. La descripción minuciosa de ambientes, la disección de personajes y la invención de diálogos imaginarios pero posibles, ilustra, desentraña y denuncia realidades sin dejar de ser literatura de ficción. Así lo hace Vargas Llosa con La Guerra del fin del mundo (una sublevación religiosa en Brasil), La fiesta del Chivo (la dictadura de Trujillo en la República Dominicana), Historia de Mayta (la aventura fallida de un aprendiz de guerrillero peruano), Tiempos recios (el gobierno de Jacobo Árbenz en Guatemala y su derrocamiento), entre otras.

Recientemente leí una novela de Moisés Naím que ilustra esa dialéctica de la ficción y la realidad: dos espías en Caracas. Una historia casi ficticia de amores y conspiraciones en los tiempos de Hugo Chávez. Naím es economista, periodista y escritor; fue ministro de Industria y Comercio y director del Banco Central de Venezuela en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez. Desde hace años vive en Estados Unidos y es un destacado analista de la economía y la política internacional. Entre sus obras recientes destaca La revancha de los poderosos, en la que expone una teoría del populismo del siglo XXI y su estrategia de desmantelamiento de las democracias. 

Como su título lo sugiere, Dos espías en Caracas es una historia de espionaje, intrigas políticas y dramas personales que se entrelazan con el ascenso de Hugo Chávez al poder y el nuevo régimen que instaura. La historia empieza el 4 de febrero de 1992, con la noticia de un levantamiento militar en Venezuela que toma por absoluta sorpresa a los servicios de inteligencia de Estados Unidos y de Cuba. Los respectivos jefes de seguimiento del país sudamericano –una joven estadunidense de origen mexicano y un apuesto agente cubano, ambos con amplia experiencia en espionaje– son reprendidos por sus jefes por no haber prevenido ese acontecimiento. La sorpresa raya en el estupor de uno y otro experto, porque hasta entonces, pensaban, “en Venezuela no pasa nada”. El G2 cubano sospecha que la sublevación militar es una maniobra del imperialismo yanqui, mientras que la CIA, analizando la proclama del líder de los insurrectos, se pregunta si no hay apoyo cubano de por medio. Ambos oficiales de inteligencia son enviados a Caracas con la misión de desentrañar el misterio y, en su caso, neutralizar las acciones del invisible rival.

Como es sabido, el golpe militar de 1992 fracasó y terminó con la rendición de los sublevados. En un gesto de condescendencia del presidenteCarlos Andrés Pérez, “para evitar más derramamiento de sangre”, concedió al líder de los golpistas, el hasta entonces desconocido coronel Hugo Chávez, la oportunidad de anunciar su rendición por medio de todas las estaciones de radio y televisión nacionales. “Soy el responsable de esta acción regeneradora de la moral pública que oficiales y soldados de nuestra Fuerza Armada hemos acometido esta noche. (…). Hoy podremos ser derrotados, pero no hemos sido vencidos porque esta lucha no ha terminado. Lamentablemente, los objetivos que nos trazamos no han sido alcanzados… Por ahora”.

Ese breve discurso cambiaría el curso de la historia de Venezuela. Los televidentes esperaban ver y oír a un militar derrotado, pero se encontraron con un líder político que con pocas palabras se conectó con los sentimientos y resentimientos, las frustraciones y esperanzas de millones de personas que habían visto pasar repetidas oleadas de auge petrolero y 33 años de democracia sin que su pobreza quedara atrás. En poco tiempo, Chávez fue liberado de prisión, se perfiló como candidato presidencial, ganó la elección arrolladoramente y, desde la ceremonia misma de asunción del cargo, desafió abiertamente al régimen político que le entregó el poder: “Juro delante de mi pueblo y sobre esta moribunda constitución que impulsaré las transformaciones democráticas necesarias…”.  

Esta novela de espías es también una historia política del chavismo no sólo realista, sino penetrante, muy amena y rica en dramatismo y suspenso. La narración de los avatares de los personajes ficticios se entrevera con actos y dichos de Chávez y su nuevo régimen: su vocación autoritaria, el arrastre popular del caudillo, sus políticas a favor de los pobres, sus ocurrencias, que arruinarían la economía, sus desplantes retadores en política exterior y su incansable discurso demagógico desplegado horas y horas continuas por medio de la televisión. En forma paralela a la intrincada narración de espionaje y contraespionaje se dibuja un penetrante retrato psicológico del caudillo venezolano. 

Una de las facetas del chavismo mejor explicadas en la novela de Naím es la ascendencia política y moral de Fidel Castro sobre Chávez, y la intervención creciente de los agentes cubanos en la seguridad y la política venezolanas, disfrazada de intercambio de petróleo por ayuda de médicos y servicios técnicos provenientes de la isla caribeña. Si bien es cierto que Chávez llevó a Venezuela a la ruina, el chavismo salvó temporalmente a la economía cubana.

En resumen, puedo decir que esta novela de Naím es buena literariamente y muy recomendable para entender la dinámica y las consecuencias del populismo.

*Consejero INE

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