Turismo y prosperidad
PorSilvano Aureoles ConejoA lo largo de mi trayectoria política he tenido la oportunidad de conocer muchos lugares, particularmente de mi querido México, y he comprobado cómo el crecimiento turístico puede impactar de forma positiva en el desarrollo de una ...
Por Silvano Aureoles Conejo
A lo largo de mi trayectoria política he tenido la oportunidad de conocer muchos lugares, particularmente de mi querido México, y he comprobado cómo el crecimiento turístico puede impactar de forma positiva en el desarrollo de una sociedad, pero una ausencia de visión de una política integral también puede tener, de forma lamentable, el efecto contrario.
Gracias al turismo, numerosas ciudades, pueblos, comunidades y ejidos situados en la costa o en el centro de México, se convirtieron en lugares florecientes, donde se abrieron negocios y se crearon empleos, mejoraron las infraestructuras y ampliaron equipamientos. He visto ciudades y zonas rurales mejoradas y dinámicas gracias al turismo.
Al mismo tiempo, he comprobado cómo el turismo, que llaman la industria sin chimeneas, al final sí tenía chimeneas y turbinas, y tubos de escape; y que el crecimiento turístico, en ocasiones, no fue tan bondadoso como se presumía. Porque en ocasiones también vi que el turismo creció y afectó al recurso natural, al patrimonio cultural e incluso al estilo de vida de las poblaciones. Y es que el turismo, dependiendo de cómo se desarrolle, puede ser un elemento de inclusión o de exclusión, de protección o de contaminación, de igualdad o de desigualdad. De ahí la enorme responsabilidad de quienes lo planeamos y gestionamos.
En México, como en otras tantas partes del mundo, ha habido de todo. En muchas ocasiones, bajo la idea de que más es siempre mejor, nos dimos a la tarea de promover la actividad turística y hacerla crecer sin mesura. Esto fue así especialmente en la costa, en grandes destinos nacionales e internacionales como Acapulco, Cancún o Puerto Vallarta, donde se apostó por un crecimiento basado en el turismo masivo de sol y playa, la inversión extranjera y la ocupación del espacio natural. Un modelo con luces y sombras que nutre las grandes cifras del turismo en México, pero que ni es el único modelo de crecimiento posible ni tampoco es viable o conveniente para todo el país.
Llegado este punto, la pregunta podría ser ¿cuál es el modelo de crecimiento a seguir por los destinos distintos al sol y playa masivo? Porque si partimos de la premisa de que más turistas y más gasto no es necesariamente beneficioso per se, ¿cuáles son los principios a seguir y los referentes a imitar, más allá de crecer y responder a las exigencias del mercado?
Personalmente, estoy convencido de que el turismo no es un problema sino una solución para los destinos de interior, un instrumento que los tomadores de decisión públicos debemos gestionar para que su crecimiento revierta en prosperidad para la ciudadanía. Es nuestra responsabilidad marcar el camino a seguir. En este sentido los destinos del interior debemos apostar por un turismo que atraiga visitantes que aprecien nuestra riqueza y nuestros valores. Un desarrollo turístico capaz de atraer inversiones externas, pero que también apoyen a las micros, pequeñas y medianas empresas, y el emprendimiento local. Un turismo que genere ingresos y que también aporte mejores servicios para la ciudadanía.
Como responsable del gobierno del estado de Michoacán, mi compromiso es con la gente. Mi responsabilidad es construir una sociedad más próspera que la que me encontré, una sociedad más moderna, más igualitaria e inclusiva. En ese empeño estoy convencido de que el turismo, gestionado con responsabilidad y profesionalismo, puede convertirse en un gran aliado.
En Michoacán, nos hemos propuesto convertir al estado en un destino de clase mundial. Apostamos por un modelo de desarrollo turístico sustentable e inclusivo basado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas, que contribuya a mejorar las condiciones de vida de los michoacanos y las michoacanas.
Nuestro modelo turístico está basado en la transformación digital, el empoderamiento de las mujeres y los jóvenes, la competitividad de las Mipymes y las cadenas de valor locales. Nuestra prioridad es que el turismo sirva para mejorar las condiciones de vida de toda la ciudadanía, especialmente de quienes habitan en lugares hermosos, ricos en naturaleza y en cultura, pero que no disponen de otras alternativas económicas. Es en estos lugares donde el turismo puede desplegar sus bondades.
En definitiva, hemos visto que crecer no es necesariamente prosperar cuando el desarrollo es a costa de nuestros pueblos, nuestro medio ambiente y nuestra cultura. Pero también creemos que el turismo puede ser un motor de desarrollo fundamental para nuestro territorio, una herramienta para luchar contra la pobreza, la exclusión y el desarraigo.
En Michoacán apostamos por ese modelo de turismo que trae prosperidad a nuestro pueblo. Continuaremos por lo tanto apoyando a nuestras comunidades, jóvenes, mujeres, a tantos pequeños negocios, para que todos participen y encuentren su oportunidad en el turismo.
Éste es un camino largo, un cambio profundo, que exige dedicación, pero también reporta enormes beneficios mucho más allá de la frialdad de las cifras del turismo. Desde aquí, invito a los destinos de toda la República a situar los ODS de la Agenda 2030 en el corazón de sus estrategias de desarrollo turístico, porque no se trata de batir récords, que bienvenidos sean, sino de hacer de nuestro país un lugar mejor para todos.
