Trump y Musk, guerra abierta: México en medio del fuego cruzado

PorRicardo Peraza Donald Trump es un hombre acostumbrado a ganar. Elon Musk, también. Pero cuando dos hombres que no conocen otra cosa más que la victoria se enfrentan, es inevitable que la derrota toque a alguien más. Esta vez, México observa preocupado desde la ...

Por Ricardo Peraza

Donald Trump es un hombre acostumbrado a ganar. Elon Musk, también. Pero cuando dos hombres que no conocen otra cosa más que la victoria se enfrentan, es inevitable que la derrota toque a alguien más. Esta vez, México observa preocupado desde la orilla.

Todo comenzó cuando Trump presentó en abril su gigantesco paquete fiscal y migratorio, el One Big Beautiful Bill Act. Musk lo rechazó enérgicamente en X (antes Twitter): “Este proyecto de gastos masivos es una vergüenza absoluta para todos los que votaron por él”. Trump respondió, desairado: “Le quité sus mandatos eléctricos, y ahora Elon simplemente enloqueció”.

Lo que siguió fue una guerra abierta de palabras, amenazas y revelaciones dolorosas. Musk recordó a Trump su apoyo financiero decisivo en la campaña presidencial de 2024. Trump replicó prometiendo retirar subsidios y contratos federales de las empresas de Musk. Y entonces llegó el golpe inesperado: Musk insinuó vínculos del presidente con el difunto Jeffrey Epstein. La tormenta estaba en marcha.

México no tardó en sentir los primeros temblores. Desde la supuesta llegada de Tesla a Nuevo León, Musk había traído promesas, inversión y empleos. Pero los planes quedaron detenidos abruptamente cuando Trump advirtió que impondría fuertes aranceles a los vehículos producidos en México si ganaba la elección presidencial. Musk, práctico, prefirió esperar.

Hoy, con Trump, la incertidumbre es enorme. Musk ya no es el aliado discreto del presidente; ahora es un adversario frontal. Trump ha retomado sus amenazas arancelarias: autos fabricados en México pueden pagar hasta 25% de arancel. Musk, libre ya de ataduras, podría elegir México para reforzar su estrategia frente a Washington o abandonarlo por completo si las presiones son demasiado altas.

México depende profundamente de la estabilidad económica estadunidense. El peso mexicano se mueve inquieto ante cada palabra de Trump en redes. Esta semana, tras la ruptura, llegó a 19.15 pesos por dólar, no por fortaleza propia sino por debilidad del billete verde ante la incertidumbre política de Washington. Para México, la fragilidad estadunidense siempre ha sido un peligro más grande que cualquier otra amenaza.

Pero también hay oportunidades. Musk sabe que México puede ofrecer estabilidad si Washington decide bloquear sus planes. Fuentes cercanas a Tesla indican que podría retomar con fuerza el proyecto de Nuevo León, añadiendo fábricas de baterías y centros tecnológicos. La presidenta Claudia Sheinbaum ya expresó que quiere ver a México como líder en electromovilidad, una visión muy cercana a la del magnate tecnológico. Esto podría atraer inversión extranjera directa, generar empleos de alto valor y reforzar la infraestructura tecnológica del país, consolidando así una posición estratégica en América Latina.

Sin embargo, los riesgos son igual de evidentes. El sector automotriz mexicano observa inquieto. Ford, General Motors, Stellantis y BMW apostaron fuerte por México en los últimos años, transfiriendo gran parte de su producción aquí. Un arancel norteamericano de gran magnitud los trae en jaque. Si estas empresas deciden reducir o retirar sus operaciones en México para evitar mayores sanciones económicas, el impacto en términos de empleo e inversión sería devastador, afectando a cientos de miles de trabajadores directos e indirectos, además de mermar la posición competitiva del país en la economía global.

A largo plazo, México podría beneficiarse de una ruptura definitiva entre ambos gigantes. Musk es un hombre decidido a ganar sus batallas. Ya ha insinuado que podría apoyar a rivales políticos de Trump o incluso crear un tercer partido. Si esto ocurre, la geopolítica norteamericana podría cambiar radicalmente para 2028, creando nuevos escenarios y oportunidades para México, fortaleciendo una relación más diversa y equilibrada con EU.

Por ahora, lo que queda claro es que México debe ser cauteloso y ágil. La economía mexicana siempre ha dependido de Estados Unidos, pero quizá sea tiempo de aprender a jugar en dos tableros. La ruptura Trump-Musk es una advertencia: depender demasiado de un solo vecino, o de un solo aliado poderoso, nunca es seguro.

Dos hombres acostumbrados a obtener lo que quieren, hoy enfrentados, generan olas que llegan hasta México. Es tiempo de navegar con cuidado, pero también con valentía. México tiene mucho en juego en esta pelea entre gigantes. Trump y Musk están en guerra; para México, ahora el desafío es evitar convertirse en daño colateral, aprovechando las oportunidades que aparezcan sin descuidar jamás los riesgos inherentes a cualquier conflicto ajeno. Son tiempos complejos, y México necesitará sabiduría estratégica y firmeza diplomática para navegar con éxito esta tormenta geopolítica.

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