Rediseñar el futuro con economía circular
Por: Matilde Saldivar Uganda* Menos residuos, menos emisiones y más inteligencia en el uso de los recursos: la economía circular no es una utopía ambiental, sino una estrategia concreta que ya empieza a tomar forma en México. México tiene los recursos energías ...
Por: Matilde Saldivar Uganda*
Menos residuos, menos emisiones y más inteligencia en el uso de los recursos: la economía circular no es una utopía ambiental, sino una estrategia concreta que ya empieza a tomar forma en México. México tiene los recursos —energías renovables, biodiversidad y cadenas productivas— y con industrias que ven en la circularidad un camino para innovar y competir.
A nivel global, la inversión responsable ya no es tendencia, sino realidad. Según Bloomberg Intelligence, los activos ESG superaron los 30 billones de dólares en 2022 y podrían alcanzar los 35 billones en 2030. La sostenibilidad dejó de ser adorno: hoy es motor de valor económico.
En México, esa lógica también empieza a reflejarse en el mercado financiero. Los fondos ESGMEX, que agrupan a las empresas mejor evaluadas en sostenibilidad, creció 16.8% en los primeros siete meses del año, su mejor desempeño desde 2021. Esto muestra que las empresas con visión sostenible son las más atractivas para el capital.
Pero más allá de los indicadores, lo que vemos es el surgimiento de una nueva manera de producir. Ya no se trata sólo de extraer, usar y desechar, sino de reutilizar, rediseñar y regenerar valor. Lo que antes era residuo hoy es recurso: concreto y acero de demoliciones se usan en nuevas obras, la materia orgánica como biofertilizante, los plásticos posconsumo en mobiliario o embalajes y las fibras recicladas en textiles o aislamiento. Este modelo no es sólo ambiental, es profundamente estratégico. En energía y agua, la circularidad ya se percibe como un camino de eficiencia, ejemplificado por el hidrógeno verde: con potencial de hasta 22 TW de electrólisis en México, permite almacenar excedentes renovables y reconvertirlos en energía limpia para impulsar una producción circular y resiliente.
Asimismo, la OCDE reporta que integrar materiales reciclados en procesos industriales puede reducir hasta en 40% el consumo de energía frente al uso de materia prima virgen. En México, el reciclaje de PET ya supera 60% de los envases, lo que posiciona al país como líder regional. Con infraestructura adecuada, es posible transformar cadenas de suministro y crear industrias más competitivas y resilientes.
No emergen soluciones aisladas, sino una lógica industrial distinta: una que redefine la relación entre recursos, valor y permanencia, y entiende que lo circular no es solo una respuesta ética, sino una decisión inteligente ante la presión creciente sobre los recursos. Para que esta visión no quede en piloto, hace falta más. Requerimos condiciones reales: visión de largo plazo, infraestructura habilitante, marcos que acompañen y mentalidad abierta a la colaboración.
Una propuesta: los Polos de Desarrollo de Economía Circular para el Bienestar (PODECOBI), zonas donde se concentren capacidades, insumos, logística y regulación adaptada para que modelos circulares operen con eficacia; no burbujas, sino ecosistemas abiertos que conecten empresas, gobierno, academia y comunidades.
En términos económicos, la circularidad abre una oportunidad que México no debe desaprovechar. Según el Foro Económico Mundial, la adopción de modelos circulares a gran escala podría generar 4.5 billones de dólares en valor global para 2030, y en sectores como manufactura y construcción reducir hasta en 40% las emisiones de CO2 proyectadas.
Para las empresas, avanzar significa reducir costos, ganar resiliencia en cadenas de suministro y proyectarse hacia mercados donde la sostenibilidad ya es requisito.
El impulso institucional ya alinea esta agenda. Los PODECOBI, creados en 2025, ofrecen incentivos fiscales a compañías que inviertan en infraestructura circular, desde deducción inmediata de activos hasta estímulos a innovación y capacitación. Estas medidas crean ecosistemas donde la colaboración acelera el reúso de agua, el reciclaje avanzado de plásticos y el aprovechamiento energético de residuos.
México tiene en sus manos la oportunidad de pasar de la retórica a la acción, de los pilotos a la escala, y de los compromisos a los resultados medibles. Sólo así el país podrá convertir su riqueza natural y su diversidad industrial en una ventaja real para competir en un mundo que ya transita hacia lo circular.
*Directora de The Green Expo
