¿Qué puede ofrecer Europa a un mundo en fragmentación?

PorNgaire Woods* OXFORD.– En la reciente cumbre de la ASEAN, en Kuala Lumpur, el presidente del Consejo Europeo, António Costa,delineóasí la postura estratégica de Europa: “La Unión Europea se enorgullece de relacionarse con la ASEAN como un socio fiable en ...

Por Ngaire Woods*

OXFORD.– En la reciente cumbre de la ASEAN, en Kuala Lumpur, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, delineó así la postura estratégica de Europa: “La Unión Europea se enorgullece de relacionarse con la ASEAN como un socio fiable en el cambiante entorno geopolítico actual”. Su declaración fue en el mismo sentido de la que había hecho cuatro meses antes la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, cuando propuso vincular a la UE con el Acuerdo Amplio y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), un bloque con doce países integrantes.

El interés actual de la dirigencia europea en buscar y reforzar asociaciones “fiables” se debe en gran medida a los intentos del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de obligar a los aliados a pagar más por las garantías de seguridad y la ayuda militar estadunidenses, además de los aranceles altos y a menudo arbitrarios que está imponiendo. Él mismo puso en primer plano este imperativo estratégico el día anterior a las declaraciones de Costa, cuando anunció un gravamen adicional de 10% sobre los productos canadienses, en respuesta a un anuncio televisivo emitido en la provincia de Ontario en el que se oían declaraciones del expresidente Ronald Reagan respecto de que los aranceles “perjudican a los trabajadores y consumidores estadunidenses”.

Esta inestabilidad presenta a Europa una oportunidad única para ofrecer una alternativa a la dependencia excesiva respecto de Estados Unidos o China. Pero muchos líderes todavía desconfían de las promesas de Xi. Las ofertas bilaterales de China son cada vez más condicionales, y en los últimos años se ha vuelto más evidente el acoso chino a Filipinas y otros países en el Mar de China Meridional. Al mismo tiempo, la desaceleración económica del país redujo su antes generosa provisión de financiación al extranjero y frenó la demanda china de materias primas importadas desde economías en desarrollo y emergentes, por ejemplo, mineral de hierro y soja.

Para aprovechar esta oportunidad, la UE debe replantearse su ventaja comparativa geopolítica. La influencia futura de Europa dependerá menos de los valores y de la ayuda y más de las oportunidades económicas. A diferencia de China (a la que se suma cada vez más Estados Unidos), la UE sigue siendo un mercado vasto y abierto, favorable a la inversión extranjera directa. Y su fácil acceso al Reino Unido, a Suiza y a Noruega refuerza aún más su posición. Además, la llamada “periferia” de Europa es mucho más dinámica de lo que muchos suponen. Pero queda mucho por hacer. Un buen comienzo sería ofrecer a los europeos una imagen clara del destino previsto. Felizmente, la UE cuenta con recursos para promover sus objetivos estratégicos. Puede aprovechar su unión de mercados de capitales, fomentar un ecosistema favorable a la innovación y garantizar un suministro de energía asequible y sostenible. También puede potenciar el Banco Europeo de Inversiones haciendo un uso más pleno de su provisión de capital y de su mandato.

Y, sobre todo, la dirigencia de la UE debe resistir la tentación de llevar adelante acuerdos de asociación con la regulación o la prédica moral. No atraerá a otros países una Europa que imponga normas unilateralmente o imite las tácticas coercitivas de las grandes potencias. En vez de amenazar con impuestos al carbono o la exclusión de las cadenas de suministro, la UE debe promover emprendimientos cooperativos (intercambios de tecnología, financiación concesional y proyectos conjuntos de energías limpias) sobre la base de normas de supervisión y rendición de cuentas mutuamente acordadas.

Las capacidades de defensa de Europa llevaban mucho tiempo limitadas por una toma de decisiones fragmentada, la excesiva dependencia de la OTAN y una base industrial balcanizada incapaz de crecer a escala en tiempos de guerra. Pero la invasión rusa a Ucrania despertó a Europa de la autocomplacencia, unió al continente, llevó a un aumento del gasto militar y aceleró la inversión en nuevas tecnologías. Los esfuerzos de rearme deben centrarse en la innovación y la eficiencia y no en el clientelismo político. Eso implica reformar los sistemas de compra pública para liberarlos de la presión de crear puestos de trabajo para electorados clave. Europa también debe priorizar el desarrollo de capacidades propias en vez de adjudicar contratos a empresas estadunidenses. Sólo así podrá posicionarse como un socio creíble en materia de seguridad.

Desde el punto de vista político, la mayor fortaleza de la UE reside en su arraigada tradición de cooperación a través de la ley y las instituciones. Esto ofrece una base sólida para asociaciones estables, no coercitivas y mutuamente ventajosas, y refuerza la credibilidad del bloque como defensor de los Estados más pequeños, dentro y fuera de sus fronteras. Allí radica el atractivo de Europa para muchos países de tamaño mediano que buscan fiabilidad y coherencia. Aunque pueda parecer soso, el legalismo de la UE es un activo estratégico. Mientras que en Estados Unidos la gobernanza puede depender del personalismo político y en China del control centralizado, el sistema europeo basado en reglas ofrece un grado de estabilidad difícil de igualar. Mientras el bloque mantenga su compromiso con el Estado de derecho, su previsibilidad seguirá siendo una de sus ventajas competitivas más fuertes.

                www.project-syndicate.org

Decana de la Escuela Blavatnik de Gobierno en la Universidad de Oxford*

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