¿Por qué debe preocuparnos la caída de Al Asad en Siria?
El fin de semana, el régimen de Bashar al Asad, cuya familia gobernó Siria durante 53 años, cayó y el país medioriental se transformó en tierra de nadie. Para comprender lo que pasó y lo que viene, debemos dejar a un lado conceptos como terrorismo y demás palabras en el ideario occidental, porque, ante las circunstancias, no sabemos quién juega del lado de quién.
Por Miguel Alejandro Rivera*
Dice un refrán: a río revuelto, ganancia de pescadores...
El fin de semana, el régimen de Bashar al Asad, cuya familia gobernó Siria durante 53 años, cayó y el país medioriental se transformó en tierra de nadie. Para comprender lo que pasó y lo que viene, debemos dejar a un lado conceptos como terrorismo y demás palabras en el ideario occidental, porque, ante las circunstancias, no sabemos quién juega del lado de quién.
El grupo yihadista Hayat Tahrir al Sham, una escisión de Al Qaeda, fue el que, desde el norte de Siria, donde tenía su bastión desde 2011 que comenzó la guerra civil, avanzó en apenas dos semanas para hacerse de la capital, Damasco, el sábado pasado.
A partir de 2016 las cosas se habían mantenido relativamente estables por el apoyo de Rusia e Irán al régimen de Al Asad, pero, en 2024, el río se revolvió demasiado. Los dos aliados de Siria enfrentan sus propios problemas: Irán se haya en tensión constante ante los ataques de Israel contra la Franja de Gaza y territorio libanés. En tanto, Rusia lleva casi tres años de guerra contra Ucrania, por lo que ambos, tanto el régimen del ayatolá como el de Vladimir Putin, priorizan sus esfuerzos para defender sus propias causas y no las de sus aliados.
Y aquí podríamos vendernos la idea clásica que se le aplicó a la caída de Muamar Gadafi, en Libia (2011), o Saddam Hussein, en Irak (2003): “Qué bueno que derrocaron a Al Asad, era un dictador”, pero la situación no es tan simple... Ojalá lo fuera.
En las relaciones internacionales existe un término llamado aniquilación mutua asegurada, es decir, que el orden mundial depende de la tensión que exista entre dos bloques cuyas fuerzas son equivalentes. ¿Por qué Rusia no destroza con armas nucleares a Ucrania? Porque Estados Unidos y el resto de la OTAN harían lo mismo con Corea del Norte o con el propio territorio ruso si Putin tomara esa decisión, misma razón por la que Occidente no ataca directamente a sus oponentes.
Pero aquí entra el ingrediente yihadista: si Bashar al Asad tiene razón, esta invasión rebelde fue más una estrategia de Turquía y de Estados Unidos para redibujar el mapa de Oriente Medio que una revuelta civil real. Incluso, Israel ya está ejecutando operaciones contra Siria, lo que significaría el total empoderamiento del país hebreo en la región. Lo que vemos sería, entonces, un ataque internacional disfrazado de revolución civil.
En tanto, también es preocupante la frustración que debe sentir Rusia. Desde niños nos decían: no acorrales a un animal enojado porque lo único que le queda es atacar. Los rivales de Occidente perdieron un bastión clave en Oriente Medio; Irán, con sus agresiones a Israel, no ha podido generar grandes daños. Rusia lleva años en una invasión contra Ucrania que muchos pensaron que tardaría sólo unos cuántos días. A Putin y compañía les quedan pocos movimientos. La caída de Siria los acerca al jaque mate y las consecuencias pueden ser desastrosas.
Si los yihadistas que tomaron Damasco son reales, lucharán a muerte contra Israel y Estados Unidos, porque eso es la yihad: una misión divina de los islamistas por defender su fe. Si se rinden, mostrarán que todo fue orquestado desde Occidente y será una afrenta directa contra Rusia e Irán.
Mientras, la sociedad civil va a sufrir, se va a desplazar, pagará las cuentas de los dictadores del mundo, sean estos del bando que sean. Si de por sí ésta es una de las poblaciones más vulnerables en el mundo; según Naciones Unidas, hay 7.2 millones de desplazados internos y 5.2 millones de refugiaos en países vecinos, la situación podría agravarse para ella, dependiendo el corte del régimen que se instaure en el país medioriental; éste podría ser muy parecido al de los talibanes, por tratarse de un grupo yihadista-fundamentalista que está en la antesala de tomar el poder, siempre y cuando Occidente no interfiera.
En cuyo caso, ¿cuál sería el interés por controlar este territorio? Quizá que en Siria se encuentra un terreno muy peleado para las rutas de gasoductos que distribuyen energéticos a Irán e, incluso, Europa.
En tiempos de guerra, los hidrocarburos son clave y eso Occidente lo sabe. Si los rebeldes no defienden los recursos de Siria, entonces Al Asad tendrá razón y el mapa será redibujado a conveniencia de Estados Unidos, Israel y compañía.
*Internacionalista
