Pobreza y conocimiento: el contraste

Por Carlos Ornelas Son tiempos de campañas políticas, donde la contienda por la educación está presente, pero sin contenido. En la semana que acaba de terminar se sucedieron dos actos oficiales que revelan dos caras: miseria y trascendencia. El presidente de la Junta ...

Por Carlos Ornelas

Son tiempos de campañas políticas, donde la contienda por la educación está presente, pero sin contenido.

En la semana que acaba de terminar se sucedieron dos actos oficiales que revelan dos caras: miseria y trascendencia. El presidente de la Junta de Gobierno del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, Eduardo Backhoff Escudero, presentó ante la Comisión de Educación del Senado el informe La educación obligatoria en México 2018. Destacó que los niños pobres aprenden menos que los de la clase media, aun dentro de la educación pública. En el otro trance, el gobierno de la República reconoció a científicos y creadores con los premios nacionales de ciencias, artes y cultura. El secretario de Educación Pública, Otto Granados Roldán, subrayó el valor del conocimiento y la razón que representan los galardonados. Afirmó que la educación y las ideas son barreras contra la barbarie y el atraso.

El informe del INEE no descubre el hilo negro, mas pone cifras a lo que se sabía desde hace décadas: que hay factores extraescolares que impiden que los pobres tengan éxito en la escuela. Ya desde los años cuarenta, don Jesús Silva Herzog lo señalaba y fustigaba al régimen por no abordar los problemas sociales con decisión. Por ejemplo, desnutrición crónica, necesidad de las familias de que los hijos trabajen o ayuden a los padres en sus labores, falta de comunicaciones y otras causas materiales (Comprensión y crítica de la historia, compilación y prólogo de Manuel S. Garrido, México, CEESTEM-Nueva Imagen, 1982).

El discurso del secretario Granados Roldán tampoco expresa algo que se desconociera, pero antepone los valores de la educación y el conocimiento como instrumentos políticos y morales contra la incertidumbre y el atraso. Quienes recibieron los laureles en los diversos campos de las ciencias son personas con alta escolaridad que alcanzaron sus grados y conocimientos superiores gracias al desarrollo de cúspides de señoría —que no abundan, hay que señalarlo— de la educación superior y la política educativa del Estado.

Esta política, cuya forma institucionalizada apenas cumplirá 100 años en 2021, creó esos polos. Escuela para las masas, sí, pero con carencias notables la que ofrece para los humildes del campo y la ciudad. Puntas de excelencia, sí, de donde egresa la crema de la investigación científica y del desarrollo tecnológico.

El informe del INEE expresa con acrimonia el fracaso de la educación para los pobres de este país. Desde los años de la Escuela rural mexicana, hasta programas compensatorios en los 90, pasando por la creación del Conafe en 1971 y el desarrollo del multigrado desde la fundación de la SEP, muestra que algo anda mal en el desarrollo social. Se conocen los males y la mayor parte de sus causas, pero las pócimas no funcionan. Backhoff culpa al contexto, otros imputan las fallas a escuelas, maestros o al sindicato. No obstante, el problema persiste.

La cara bonita del sistema escolar exhibe que hay posibilidades de desarrollo educativo y que la escuela mexicana es capaz de producir excelentes investigadores y creadores, aunque sea en unas cuantas islas; en otros territorios cultiva políticos mediocres.

Una visión de “igualdad de oportunidades” apunta que hay que acercar a los polos. Pero esa política es la causante del desastre. No todo es contexto, la escuela también cuenta —y cuenta mucho, plagiando al Presidente. Se necesita una política que aspire a eliminar el polo de la pobreza, no a equilibrar la balanza. México requiere de un proyecto democrático y equitativo para la educación nacional.

La miseria: en lugar de exponer asuntos de trascendencia para la educación mexicana, los candidatos a la presidencia de la República nada más alegan sandeces.

                *Académico de la Universidad Autónoma Metropolita

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