¿Para qué le buscamos?
• Tenemos que cubrir un adeudo pendiente de agua con EU, el cual estamos obligados a entregar, a más tardar, este próximo mes de octubre.
Por Ramón Aguirre Díaz
No es muy conveniente buscar problemas con alguien que es 17 veces más grande que tú, tal es la diferencia en la capacidad económica entre México y Estados Unidos, con quienes nos une una frontera de 3,175 km, que determina una relación bilateral muy diferente a la que se tiene con otros países del mundo, una relación obligada tan sólo por cuestiones geográficas. Ante una desproporción tan grande entre los dos países, debemos basar nuestra relación en el respeto, dignidad, no intervención en asuntos internos, amistad y el cumplimiento puntual de los acuerdos pactados.
Dentro de los múltiples temas de la relación bilateral entre México y Estados Unidos, el del agua es relevante. Compartimos el Río Bravo como límite internacional en una longitud de 2,053 km, que, además, transita por una zona considerada desértica y semidesértica, donde el agua es un recurso valioso y escaso. La necesidad de pactar sobre su manejo es un asunto delicado, pero hay que sumar el apoyo que da Estados Unidos desde 1906 para contar con un suministro de 74 millones de metros cúbicos (Mm3) para los agricultores del Valle Ciudad de Juárez, Chihuahua, así como el compromiso que desde 1944 se tiene para contar cada año con una asignación calendarizada de 1,850.2 Mm3 para Baja California y el noroeste de Sonora, y la obligación de México de entregar 431.7 Mm3 anuales de agua en el Río Bravo para su uso en el estado de Texas.
El enorme tamaño de las presas Hoover y Glen Canyon (las más grandes de Estados Unidos) ha sido factor para que el país vecino no haya tenido problemas para cumplir cada año con la asignación para México con agua del Río Colorado, mientras que la situación en el caso de México es diferente, por lo que los acuerdos consideran un volumen mínimo a entregar en cinco años de 2,158 Mm3, es decir, un promedio anual de 431.7 Mm3, con la posibilidad de una variación anual en el suministro, buscando compensar el agua faltante en un año, con una entrega que compense el volumen dentro del periodo.
Si en cinco años no se cumple con el total de los 2,158 Mm3, conforme al Acta 234, que data de 1969, México se obliga a cumplir en el siguiente lustro con el volumen adeudado. No se tiene previsto ni es aceptado un adeudo para un tercer quinquenio, por lo que debe compensarse en el segundo.
Precisamente este año se cumple el segundo quinquenio y todavía tenemos que cubrir un adeudo pendiente por 228 Mm3, además de la cuota anual de 431.7 Mm3, volúmenes que estamos obligados a entregar, a más tardar, este próximo mes de octubre. Se trata de un adeudo, no de una concesión de nuestro país. No hay excusa para no cumplir con nuestro compromiso, ya que no estamos en una circunstancia de sequía extrema, de hecho, entre las presas San Gabriel (ubicada en el estado de Durango), La Boquilla, Las Vírgenes y El Granero (ubicadas en Chihuahua) se tiene un almacenamiento del orden de los 2,500 Mm3 y, sumando el agua de la presa Venustiano Carranza (en Coahuila), se alcanzan los 3,000 Mm3.
El agua que requieren para este año los agricultores de Chihuahua se estima en unos 1,000 Mm3, por lo que su abasto está asegurado por más de un año, aun contribuyendo al pago del adeudo con Texas, pero hay una gran oposición a que se entregue el agua. Se trata de agua propiedad de la nación y administrada por la Conagua, por lo que el asunto no es técnico, sino político. El problema es que México no tiene para dónde hacerse, incumplir el Tratado de Aguas implicaría una fuerte reclamación oficial del gobierno de Estados Unidos y demandas de los agricultores de Texas, lo que, además, representaría un retroceso en la relación bilateral en un tema que no ha sido problema reciente entre ambos países. ¿Para qué le buscamos?
Los acuerdos alcanzados en el marco de la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA) han sido ventajosos para nuestro país, ya que recibimos 345% más agua de la que entregamos, por lo que México debería ser el más interesado en el cumplimiento de unos acuerdos que han sido resultado de una colaboración internacional ejemplar durante muchas décadas.
