Otros datos, otra realidad
Por Fadlala Akabani Cada vez que el presidente López Obrador muestra su optimismo respecto al avance de la 4T, la recuperación económica tras la pandemia o la propia responsabilidad exhibida por el pueblo de México durante el primer confinamiento es calificado por la ...
Por Fadlala Akabani
Cada vez que el presidente López Obrador muestra su optimismo respecto al avance de la 4T, la recuperación económica tras la pandemia o la propia responsabilidad exhibida por el pueblo de México durante el primer confinamiento es calificado por la minoría derrotada como alguien que vive otra realidad, incluso pese a decirlo con base en datos reconocidos a nivel internacional.
Un fenómeno similar, toda proporción guardada, sucede cuando un servidor comparte en este espacio semanalmente lo que, si bien es una opinión personal, dispone de información de primera mano, expone siempre datos verificables y no esconde su posición política ni clama una falsa objetividad, es honesta política e intelectualmente.
En dos años existen datos concretos para hablar de una mejoría sustancial en la vida de millones de mexicanos marginados del progreso y desarrollo social que debe acompañar al crecimiento económico.
Como una tarea reivindicativa y dando un quiebre a la narrativa microeconómica del trabajador mexicano que en 40 años perdió el 73% de su capacidad adquisitiva, al comienzo de 2020 y con una decisión que fue criticada, el incremento histórico al salario mínimo pasó de 88.36 pesos en 2018 a los 123.22 pesos en todo el país y 185.56 pesos en la Zona Libre de la Frontera Norte en 2020, incrementos del 39.45 y 110 por ciento, respectivamente.
Estos aumentos salariales tienen un impacto benéfico en 3.44 millones de trabajadores, quienes, hasta antes de este año, percibían un ingreso menor al nuevo salario mínimo, que esta misma semana, en la famosa conferencia mañanera, el presidente López Obrador anunció que el objetivo de incremento para 2021 es de 15%, pues, a pesar de la pandemia, el alza en el aumento al salario, no ha existido inflación en términos reales, como siempre se aseguró desde el dogmatismo neoliberal. Como sucedió en los dos años previos (2019 y 2020), donde los incrementos, iniciativa del obradorismo, fueron de 16 y 20%, respectivamente; el sueldo mínimo del 2021 será determinado por consenso con el sector empresarial y los representantes sindicales.
En dos años de 4T y de acuerdo con datos del Inegi, la disminución en el precio de los energéticos, gasolina, diésel y energía eléctrica han sido en números reales del 14, 10.4 y 33.7%, respectivamente. Estas disminuciones han sido especialmente benéficas para mantener la inflación con relativa estabilidad, cuyo indicador anual (Índice Nacional de Precios al Consumidor) se ubica en el 3.3% a noviembre de 2020; cada vez parece más asequible la meta inflacionaria establecida para este año, antes de la pandemia, que, de acuerdo con las proyecciones del Banxico, fue estimada en tres por ciento.
Allende los logros a nivel económico, el gobierno de México ha conseguido algo que a muchos parecía imposible, recuperar el lugar que corresponde a nuestro país como una nación competitiva a nivel global, libre y soberana en sus decisiones. Para ilustrar esto, la relación con Estados Unidos ha sido asimétrica desde la intervención en México (1846-1847) a partir de la guerra suscitada entre ambos países tras la anexión de Texas, sin embargo, y a pesar del infame nivel de sometimiento hacia los dictados por Washington, que obedientemente cumplieron los gobiernos neoliberales (1988-2018), López Obrador ha cambiado la subordinación por cooperación para el desarrollo en un marco de mutuo respeto.
Un buen ejemplo de la nueva relación con la primera potencia militar del mundo es el dar un giro al estado permanente de guerra y aprovechando la animadversión del presidente Trump a la inmigración, por iniciativa de México, los recursos anteriormente destinados al combate policiaco al narcotráfico serán invertidos en su lugar en el Plan de Desarrollo Integral El Salvador-Guatemala-Honduras.
En su momento en el poder, la hoy minoría derrotada despreció no sólo al pueblo mexicano, sino a sí mismos, cediendo cada vez más el poder a las fórmulas neoliberales que desmantelaron la industria energética nacional de a poco e instalaron un estado de caos con el que se perdió el control del territorio y que abrió la puerta al saqueo de los recursos energéticos por la vía política mediante la infamia que nombraron reforma energética.
En ese sentido, la Cuarta Transformación avanza a marchas forzadas por cambiar la realidad a una donde exista el control de lo que sucede en cada rincón de México. Esto va desde mantener el acceso público a cada playa del país o regular la operación de agentes extranjeros de la DEA, CIA y FBI.
