Observación, acompañamiento y falsa observación
Por Gerardo de Icaza* En medio de la maratón de elecciones que transita América Latina, la producción de noticias falsas, su difusión a través de las redes sociales y la construcción de narrativas de fraude buscan erosionar la confianza de la ciudadanía en el ...
Por Gerardo de Icaza*
En medio de la maratón de elecciones que transita América Latina, la producción de noticias falsas, su difusión a través de las redes sociales y la construcción de narrativas de fraude buscan erosionar la confianza de la ciudadanía en el sistema político.
En un contexto en que estas prácticas se vuelven cada vez más recurrentes, es fundamental la presencia de observadores internacionales imparciales que puedan aportar información objetiva y creíble sobre lo que ocurre en torno al proceso electoral. Las Misiones de Observación de la OEA cumplen precisamente este rol.
Es importante, sin embargo, no confundir estas misiones con otros instrumentos de seguimiento electoral que han proliferado en estos tiempos globalizados. Una de las modalidades más comunes hoy día son los programas de invitados del órgano electoral. Bajo este esquema, también conocido como acompañamiento electoral, los invitados siguen la agenda que definen las autoridades nacionales, visitan los centros que éstas les indican y sus gastos son cubiertos por el país que convoca. Estas limitaciones reducen notablemente los márgenes de autonomía de su trabajo.
Similares debilidades presenta la figura de los invitados internacionales de los partidos políticos, cuyas observaciones están siempre condicionadas por el vínculo con la institución que los convoca. En cuanto a las delegaciones diplomáticas, éstas sirven para informar a las capitales sobre el desarrollo de la elección, pero carecen de experiencia electoral y rigor metodológico.
Estas herramientas adolecen de falta de independencia, sin embargo son importantes plataformas para el intercambio de conocimiento. No es ese el caso de lo que podríamos llamar ¨falsos observadores¨: organizaciones que simulan ser proveedores imparciales y técnicamente sólidos, pero cuyo único propósito —en verdad— es legitimar las elecciones a las que son invitadas.
El trabajo de observación de la OEA es de una naturaleza completamente distinta a todos los ejemplos anteriores. En primer lugar, nuestros equipos cuentan con total libertad de movimiento y de expresión, lo que les permite dar a conocer sus observaciones sin ningún tipo de censura previa ni condicionamiento.
El alto grado de profesionalización de las Misiones es también un elemento que las distingue. La implementación de metodologías estandarizadas hace posible una evaluación rigurosa y sistemática del proceso electoral. El carácter público de estos instrumentos permite, además, que la ciudadanía y las autoridades conozcan de antemano cuáles son los criterios que rigen nuestro trabajo de observación.
Asimismo, las misiones de la OEA cuentan con una estructura preparada para llevar adelante un análisis íntegro del proceso electoral. La labor de nuestros especialistas se complementa con un amplio despliegue territorial de observadores, diseñado en función de criterios estadísticos y representativos. Esta herramienta brinda a la Misión información objetiva y completa sobre la elección.
En suma, independencia, profesionalismo, rigurosidad: todo ello hace de las misiones de observación/OEA una herramienta cualitativamente distinta. En medio de escenarios políticos altamente polarizados, en los que dominan las sospechas y las acusaciones cruzadas, la Misión aporta una mirada técnica, transparente y confiable del desarrollo de los comicios. Nada de ello sería posible sin la convicción democrática de nuestros observadores y el orgullo con el que éstos portan sus chalecos.
*Secretario de Fortalecimiento de la Democracia de la OEA
