Las nuevas generaciones priorizan su salud y reducen el consumo de alcohol
Por: Gonzalo López Cuevas*
Durante décadas, el consumo de alcohol fue considerado un rito de paso, una práctica normalizada en celebraciones, reuniones y, en ocasiones, en espacios laborales. Sin embargo, algo está cambiando de manera profunda y silenciosa. Las nuevas generaciones están tomando decisiones distintas. Hoy, para millones de jóvenes, la salud pesa más que un brindis.
Millennials y, de forma aún más marcada, la generación Z están reduciendo de manera sostenida su consumo de alcohol. Este fenómeno no es anecdótico ni marginal: responde a un cambio cultural amplio, respaldado por datos, evidencia científica y una transformación en los valores que guían la vida cotidiana.
La generación Z, en particular, lidera esta transformación. A diferencia de generaciones anteriores, socializa de manera distinta, prioriza experiencias conscientes y valora profundamente el bienestar físico y mental. El auge de estilos de vida asociados al autocuidado, la actividad física, la salud mental y la productividad personal ha desplazado al alcohol del centro de la vida social.
Diversos estudios internacionales confirman esta tendencia. Investigaciones como Monitoring the Future (Universidad de Michigan), el European School Survey Project on Alcohol and Other Drugs (ESPAD) y los análisis globales del Global Burden of Disease, publicados por The Lancet, muestran que las nuevas generaciones están reduciendo de manera consistente su consumo de alcohol.
En particular, entre adolescentes y jóvenes de 18 a 24 años, se observa una disminución aproximada de entre 20 y 40% en la prevalencia de consumo regular en las últimas dos décadas, así como un retraso de uno a tres años en la edad de inicio del consumo, en comparación con generaciones anteriores. Asimismo, quienes sí consumen alcohol lo hacen con menor frecuencia e intensidad. Estos hallazgos reflejan un cambio estructural hacia comportamientos más conscientes de la salud entre las generaciones más jóvenes. Es decir, beber menos ya no es una excepción, sino una nueva normalidad. Este cambio cultural dialoga de manera directa con la política pública. Organismos internacionales como la OMS y la OPS han sido claros al señalar que los impuestos saludables —aquellos que gravan productos como el alcohol— son una de las herramientas más costo-efectivas para reducir el consumo y prevenir enfermedades. Lejos de ser medidas punitivas, estos impuestos buscan corregir externalidades negativas, proteger la salud colectiva y generar recursos que pueden reinvertirse en sistemas de salud.
El vínculo entre el consumo de alcohol y el cáncer refuerza aún más la urgencia de este cambio. De acuerdo con la evidencia científica respaldada por la OMS y la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), el alcohol está asociado con al menos nueve tipos de cáncer, entre ellos, de mama, hígado, colon, esófago y cavidad oral. No existe un nivel seguro de consumo cuando se trata de riesgo oncológico, una afirmación que ha sido reiterada por organismos internacionales.
En este contexto, el trabajo de la sociedad civil resulta fundamental. Fundación Cáncer Warriors de México ha asumido un papel activo en la socialización del vínculo directo entre el consumo de alcohol y distintos tipos de cáncer, acercando información clara a las y los tomadores de decisiones, basada en evidencia y comprensible para la población, con un objetivo central: la prevención. Hablar de prevención implica también hablar de decisiones informadas, un enfoque que ha sido reiterado por el titular de la Ssa, David Kershenobich, y que se enmarca en la visión de salud pública impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum, orientada a fortalecer una cultura de cuidado, información y corresponsabilidad social.
La reducción del consumo de alcohol entre las nuevas generaciones no es una moda pasajera ni una tendencia superficial. Es la expresión de un cambio profundo en la forma de entender la salud, la responsabilidad individual y el bienestar colectivo. Cuando esta transformación cultural se combina con políticas públicas inteligentes y con el trabajo constante de organizaciones comprometidas con la prevención, el impacto puede ser enorme. Hoy, una nueva generación está enviando un mensaje claro: la salud no se negocia. Y esa decisión, sostenida en el tiempo, tiene el potencial de cambiar el rumbo de millones de vidas.
*Presidente de Fundación Cáncer Warriors de México y tesorero de la Unión Internacional para el Control del Cáncer (UICC)
