Marina Armada de México: 200 años de soberanía marítima
Podría pensarse que, a 200 años de distancia, las anécdotas de batallas históricas pierden sentido, sin embargo, la realidad política actual que atraviesa el continente es la del desprecio del imperialismo norteamericano por las soberanías latinoamericanas.
Por Fadlala Akabani
Analista
En representación de Clara Brugada, jefa de Gobierno de la Ciudad de México, el pasado domingo 23 de noviembre participé en la conmemoración de los 200 años de consolidación de la Independencia de México, que fue obtenida por la naciente Marina mexicana, fuerza naval capaz de expulsar del fuerte San Juan de Ulúa, frente al Puerto de Veracruz, al ocupante extranjero y provocando la retirada de los navíos españoles a la isla de Cuba en noviembre de 1825, consolidando la Independencia Nacional en la mar.
Podría pensarse que, a 200 años de distancia, las anécdotas de batallas históricas pierden sentido, sin embargo, la realidad política actual que atraviesa el continente es la del desprecio del imperialismo norteamericano por las soberanías latinoamericanas. Trump mantiene una abierta intromisión en campañas y elecciones, y la intención velada o manifiesta de desplegar tropas militares estadunidenses en nuestros países con el pretexto de combatir el narcotráfico.
Desde Washington se está intentando alinear a cada vez más gobiernos latinoamericanos con Estados Unidos. Entre los casos más recientes de injerencia destaca Argentina, que en octubre pasado celebró elecciones legislativas, mismas que Trump aprovechó para chantajear a la sociedad argentina condicionando apoyo económico a cambio del resultado, si bien el secretario del Tesoro, Scott Bessent, ya había hecho el anuncio de un intercambio de divisas por 20 mil millones de dólares. Grotescamente, Trump se atribuyó el resultado de la elección a su propia intervención.
En Honduras la intromisión de Trump en la elección presidencial del 30 de noviembre no se hizo esperar, se pronunció abiertamente a favor del candidato derechista Nasry Asfura, al que calificó de “único amigo de la libertad”; asimismo, a través de su red Truth Social, lanzó amenazas de recortar ayuda financiera al país centroamericano si no ganaba el candidato derechista. Con el recuento oficial de votos aún en desarrollo, las autoridades electorales hondureñas piden calma y confianza en el proceso; sin embargo, Trump ya afirmó en sus flamígeros posteos que se está buscando alterar el resultado. Para colmo del descaro, Trump pretende indultar al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, convicto que cumple una pena de 45 años en Estados Unidos por narcotráfico en la misma prisión en la que está interno Genaro García Luna.
Hoy, 2 de diciembre, en conferencia de prensa, el magnate afirmó que cualquier país en que se trafiquen drogas (no solamente Venezuela) puede ser blanco de ataques de las fuerzas armadas norteamericanas. A pregunta expresa de un reportero, Trump afirmó que Colombia puede ser blanco de ataques, pues la cocaína que se produce en ese país sudamericano arrebata al año 200 mil vidas de estadunidenses. Porque, además de la ambición por hacerse con el petróleo de Venezuela, está la tradición de golpear a gobiernos incómodos.
“Puede que sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”. Frase atribuida al expresidente de Estados Unidos Franklin D. Roosevelt en referencia a Anastasio Somoza, un dictadorzuelo nicaragüense que fue respaldado por Washington dada la sumisión que mostró a Estados Unidos en la ocupación militar que mantuvieron en Nicaragua desde 1912 hasta 1925. Somoza fue un férreo defensor de los intereses de las madereras estadunidenses, así como un violento anticomunista y represor de la organización popular.
La historia política de nuestra región y los bandos de su espectro quedan muy claros en todos y cada nuestros países; los que valoramos y defendemos la soberanía de América Latina y aquellos que dócilmente se someten al designio de Washington.
