Las presiones de Washington sobre México y América Latina

Sobre Venezuela se cierne una presión sin parangón.

Por Fadlala Akabani

Analista

Dado el contexto que vivimos, el del lamentabilísimo asesinato de un servidor público comprometido con su municipio, el alcalde de Uruapan, Michoacán, Carlos Manzo, a manos del crimen organizado, el pasado sábado 1 de noviembre de 2025 mientras atendía un evento público con motivo del Día de Muertos; es que debemos dimensionar la amenaza de una intervención militar estadounidense en nuestro país.

Como hecho histórico y señalado por el propio edil, hoy difunto, en la Cámara de Diputados, mientras formaba parte de la bancada de Morena en la LXV Legislatura (2021-2024), esta vorágine de terror comenzó el 11 de diciembre de 2006, cuando Felipe Calderón militarizó al país de facto, comenzando justamente en Michoacán, en busca de alguna legitimidad tras el fraude electoral cometido en la elección presidencial de ese mismo año.

Todo con la venia de Washington, donde preocupaba el ascenso de una nueva ola de gobiernos de izquierda popular nacionalista, Hugo Chávez en Venezuela, Néstor Kirchner en Argentina y Evo Morales en Bolivia. López Obrador y su movimiento político eran percibidos como el principal adversario para la agenda energética de la Casa Blanca en Norteamérica, es decir, la privatización de Pemex y el acceso del capital norteamericano a la riqueza hidrocarburífera.

Así lo habían sido Chávez y Kirchner con el fortalecimiento de PDVSA (Petróleos de Venezuela) y el rechazo a la privatización de YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales) en Venezuela y Argentina, respectivamente. Estaba fresco el ejemplo de Evo Morales que logró imponer impuestos a la extracción de gas, renacionalizar la industria petrolera y reducir la dependencia económica y subordinación política de Bolivia con el Fondo Monetario Internacional.

Dada la cohesión política del pueblo de México en torno al papel del petróleo y de Pemex como motores del desarrollo nacional, Washington entendió que para hacerse con el control de este recurso era necesario implementar otra estrategia, una de mediano y largo plazos. La conversión de México en un territorio caótico y violento, en perpetua disputa por el control de plazas y regiones entre grupos criminales con arsenales comprados a la industria armamentística norteamericana; ganancias que son principalmente lavadas en la banca anglosionista de Estados Unidos, y una razón de ser que conviene tanto a Washington como la de Hamás en Palestina.

2025 presenta el mismo panorama sobre América Latina que 2006, la perpetua amenaza de saqueo energético. Sobre Venezuela se cierne una presión sin parangón; al bloqueo económico y la presión diplomática se ha añadido el asedio militar aéreo y marítimo impuesto por Trump sobre la nación caribeña, cuyo único crimen ha sido nacionalizar su riqueza petrolera, la mayor reserva probada en el mundo. En Argentina, segunda reserva de gas no convencional y cuarta en petróleo a nivel global, YPF fue renacionalizada por Cristina Fernández (2012); sin embargo, hoy enfrenta el fallo de la justicia norteamericana, que en junio de 2025 le ha impuesto el pago de 16 mil millones de dólares y la entrega del 51% de las acciones de la paraestatal para restituir a Grupo Petersen, capital de Europa del Este, supuestamente afectado tras la expropiación.

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Como no podía ser de otra manera, bien por odio a México o por simple ignorancia e incapacidad de leer el momento geopolítico, la oposición oportunista, ingenuamente, toma a Carlos Manzo como estandarte para acabar exigiendo la intervención militar de Estados Unidos y suplicar ayuda a Donald Trump, porque no han entendido nada.

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