La mirada en el G20

Por:Alejandro Guerrero Monroy A León Krauze El día de mañana y el martes se celebra la Cumbre de Líderes del G20 en Río de Janeiro, Brasil. El grupo de los veinte o G20 es el principal foro de cooperación económica internacional y está conformado por 19 países ...

Por: Alejandro Guerrero Monroy

A León Krauze

El día de mañana y el martes se celebra la Cumbre de Líderes del G20 en Río de Janeiro, Brasil. El grupo de los veinte o G20 es el principal foro de cooperación económica internacional y está conformado por 19 países –Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica y Turquía–. Participan también dos organismos regionales: la Unión Europea y la Unión Africana. La importancia del grupo reside en que los países miembros representan 87% del PIB mundial y más de 75% del comercio global. Más aún, estas naciones representan dos tercios de la población mundial.

El G20 va más allá de un acrónimo, surgió en 1999 como respuesta a las crisis económicas de esa última década del siglo pasado que afectaron a gran parte del mundo occidental. Cabe recordar que a inicios de los años 90, la economía retrocedió por el conflicto iraquí y los gastos militares directos. En nuestro país se suscitó una profunda debacle financiera conocida como Efecto Tequila, cuyo origen fue la ausencia de suficientes reservas internacionales, que derivó en una drástica devaluación del peso en diciembre de 1994, hace exactamente 30 años. Casi dos después, emergió el Efecto Dragón, cuando Japón experimentó la devaluación de su divisa, con graves consecuencias en el continente asiático. Al otro lado del mundo, Rusia enfrentó en 1998 una crisis financiera potenciada por la crisis asiática, afectando la exportación de petróleo y otras materias primas que conformaban más de 80% de las exportaciones rusas. El rublo ruso tuvo una devaluación y un aumento vertiginoso de su deuda externa. En 1999 emergió el Efecto Samba en Brasil, que, al ser un socio comercial de Rusia, se vio involucrado en la misma problemática de devaluación monetaria y aumento de deuda. Lo anterior –un efecto dominó mundial– reveló que los sistemas financieros estaban, como en la actualidad, profundamente relacionados y que, al afectarse o beneficiarse uno, impactaban a los demás. Era urgente, por tanto, celebrar un diálogo estratégico de alto nivel entre las principales 20 economías mundiales y poner sobre la mesa las preocupaciones macroeconómicas generales. El plan de acción fue un foro de ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales en  septiembre de 1999. Ya en el nuevo mileno, se celebró en Washington, DC la primera Cumbre de jefes de Estado en el contexto de la crisis de hipotecas de alto riesgo. En aquel entonces se debatieron medidas para enfrentar la contingencia. Desde ese año, el G20 celebra una reunión anual que congrega a los líderes del grupo. Hoy, el panorama geopolítico y económico global es muy diferente, quizá más complejo y desafiante. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca supone todo un terremoto para el futuro de Estados Unidos y del mundo, abriendo una etapa de incertidumbre con su política aislacionista y aranceles generalizados a sus importaciones, con el riesgo de una guerra comercial.

El fantasma de la pobreza y la desigualdad en América Latina y el Caribe (ALC) estará presente en la sala de reunión. Y es que la polarización económica continúa siendo extrema en la región. Algunos líderes, como el anfitrión y presidente en turno del grupo, Lula da Silva, plantea una controvertida nueva tributación para las fortunas por encima de los cinco millones de dólares. Por otro lado, en una era de transformación tecnológica, se debe discutir también la manera en que las autoridades gestionan el potencial del progreso digital para un futuro más justo e inclusivo.  

En momentos de gran incertidumbre en torno a la economía mundial, son muchos y muy complejos los retos que afrontar. 2025 será un año muy difícil por las proyecciones de crecimiento económico y los riesgos autoritarios que enfrentan las democracias. Las y los líderes del G20 deberán encontrar puntos en común, aun cuando las tensiones geopolíticas y económicas continúen aumentando. Como dijo alguna vez Rabindranath Tagore: “El mar no se cruza parándose en la orilla y mirando el agua”. En Río de Janeiro se deberá tener la suficiente valentía y arrojo para llevar el barco en el que todos nos encontramos hasta buen puerto.

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