La evolución educativa que México necesita
Nuestro país tiene los peores resultados de los miembros de la OCDE. Está claroque la educación es el principal instrumento para romper el ciclo de pobreza y desigualdaden una sociedad. Al parecer, a ninguno de los gobiernos de los últimos 20 añosles ha preocupado romper ese ciclo de pobreza y desigualdad en una sociedad.
Por Carlos Kenny Espinosa Dondé
Es innegable que el progreso a largo plazo de un país se basa en gran medida en el sistema educativo prevaleciente. Hay diversos modelos educativos exitosos alrededor del mundo, fundamentados principalmente en la idiosincrasia y necesidades de la nación que los aplica. De acuerdo con los resultados de la prueba PISA, que es el mecanismo de evaluación de la educación de los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), destacan los de Corea del Sur, Canadá, Japón, Irlanda, Finlandia y Alemania. La OCDE está integrada por 38 países miembros. En esta prueba se miden las habilidades de los estudiantes de 15 años de edad en tres áreas: Lectura, Matemáticas y Ciencias. Entre los países con mejores resultados obtenidos por sus alumnos existen tres coincidencias: 1. Alto porcentaje del PIB destinado a la educación y la alta calificación, respeto y salarios de los maestros desde los niveles de preescolar hasta posgrados; 2. Aplicación del aprendizaje transversal que implica potenciar la creatividad y pensamiento del alumno, muchas veces en un espacio abierto fuera del salón; 3. Educación gratuita y universal.
En la prueba PISA, México lleva dos décadas sin tener un avance significativo en los temas ya señalados. Ocupa el sitio 79 de todos los países participantes y el penúltimo de América Latina. Nuestro país tiene los peores resultados de los miembros de la OCDE. Está claro que la educación es el principal instrumento para romper el ciclo de pobreza y desigualdad en una sociedad. Al parecer, a ninguno de los gobiernos de los últimos 20 años les ha preocupado romper ese ciclo y, en el proceso, ayudar al desarrollo de la economía del país y sus familias. Según datos del Banco Mundial, México destina 4.3% del PIB a la educación (cuando la recomendación es de entre 6 y 6.5% en países desarrollados). En nuestro país, la mayor parte de ese presupuesto cubre la operación y salarios de un par de sindicatos que, en el mejor de los casos, entorpecen la educación del país y, en el peor, financian las vidas de lujo y despilfarro de sus dirigentes en altos cargos.
Más allá de los desagradables y turbios manejos políticos, México necesita una evolución educativa para hacerlo competitivo en el siglo XXI que convierta al país en una economía líder de acuerdo a su alto potencial y hacer a un lado la economía de producción de mano de obra barata y recursos naturales para proveer a los países más desarrollados. El proceso educativo debe retomar valores y materias que han quedado en el olvido, así como añadir otras que harán de los actuales estudiantes una sociedad en desarrollo y crecimiento para sentar las bases del país que necesitamos. A continuación, algunos ejemplos.
Civismo. Enseñar las conductas cívicas, las normas de convivencia en sociedad, vincular el respeto y los derechos humanos, instituciones y leyes. Aprender los valores que terminen con las prácticas endémicas que asolan al país como la discriminación, racismo, misoginia, aceptación y promoción de la corrupción en todos sus niveles. Con información adecuada, los jóvenes son capaces de comprometerse para eliminar las injusticias y promover una mejor sociedad.
Ética e integridad. Enseñar y fomentar los valores que queremos sean la base de nuestra sociedad: honestidad, participación, responsabilidad social, altruismo. Hacer saber que la aplicación de estos términos es un buen negocio. Lograr mejores comunidades a través del crecimiento de los individuos que se traducirá en crecimiento colectivo.
Economía básica. Enseñar desde temprana edad la importancia del trabajo, la remuneración, el uso de los recursos, los sistemas bancarios y financieros, el ahorro, las opciones para el crecimiento económico y familiar.
Educación física. La importancia de la salud, la recreación y el deporte como parte fundamental del estudiante, el trabajo en equipo, la disciplina y el daño causado por prácticas dañinas a su cuerpo y mente como el uso de drogas y mala alimentación.
Nuevas tecnologías. Los niños mexicanos necesitan estar a la vanguardia de las últimas tecnologías. Son completamente capaces de tomar ese liderazgo mundial.
Fomento de las artes. Apoyar el desarrollo de los estudiantes que presentan habilidades artísticas, vitales en el desarrollo integral de un país. Inculcar el arte como valor intrínseco del país.
Niños y jóvenes mejor preparados sin duda gestarán un México mejor. Ésa es la verdadera transformación y evolución que necesitamos.
