La estrella polar de América Latina
Por Alejandro Guerrero Monroy En 1982 al recibir el Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez dijo en un memorable discurso que “en América Latina poetas, profetas, músicos, guerreros y malandrines, todas criaturas de una realidad desaforada, hemos tenido que ...
Por Alejandro Guerrero Monroy
En 1982 al recibir el Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez dijo en un memorable discurso que “en América Latina poetas, profetas, músicos, guerreros y malandrines, todas criaturas de una realidad desaforada, hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros (los latinoamericanos) ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida”. Y añadió: “Éste es el nudo de nuestra soledad”. Cuarenta años después –en un mundo más incierto, confuso y laberintico– y ante un complicado contexto mundial, la realidad se vislumbra “desaforada” y desafiante para América Latina y el Caribe.
La región tuvo un crecimiento económico de 3% en 2022 (menos de la mitad que en 2021) y se prevé que para 2023 se tenga un avance de 1.6%, de acuerdo con cifras del Banco Mundial. Las economías más grandes, Brasil y México, tendrán un crecimiento para el siguiente año de 2.5% y 1.8%, respectivamente. Las altas tasas de interés –como mecanismo de política monetaria para reducir la inflación– y el galopante aumento de precios han impactado de manera preocupante en el bolsillo de la gente. El surgimiento de una muy probable recesión económica mundial tendría efectos dramáticos para la reducción del desempleo y la pobreza. La Cepal proyecta que ésta última alcanzará a 33% de la población regional.
La pandemia dejó profundas secuelas económicas, la crisis no ha sido superada y la incertidumbre prevalece en los países del continente. También produjo grandes lecciones y aprendizajes, como la necesidad de una mayor cooperación y coordinación regional ante la desigualdad en la atención médica e insuficiencia en los procesos de vacunación. “El virus no globalizó las respuestas de los países, por el contrario, las particularizó”, anotan Ricardo Lagos, Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín en su libro La nueva soledad de América Latina, en donde, entre otros temas, reflexionan sobre el lugar que tiene la región en el nuevo entorno internacional “sin una voz propia frente a la pandemia”.
La celebración de elecciones registró un punto de inflexión en 2022. La buena noticia es que la sociedad latinoamericana está convencida –y así lo ha demostrado– de que la mejor manera de nombrar a sus autoridades y representantes es a través del voto libre y secreto. Los comicios en Brasil recordaron que el reconocimiento desfavorable del resultado electoral es lo que define a un sistema democrático maduro. “La aceptabilidad de la derrota es la esencia de la democracia”, escribió Felipe González. Finalmente, la madurez de más de tres décadas de vida democrática en Brasil prevaleció. También hubo votaciones generales en Costa Rica y Colombia, entre otros países. En todos los procesos electorales llamó especialmente la atención la alta participación en las urnas. Una vez más se confirmó que las situaciones de alarma no suspenden el pluralismo. Y lo más importante, que en momentos excepcionales, resulta imprescindible proteger el pluralismo y la competencia política en democracia.
En una época dominada por una nueva guerra fría, el cambio digital, las noticias –en ocasiones falsas– instantáneas, una nueva relación de los ciudadanos con sus gobiernos –la cual se da en redes digitales a través de una comunicación simultánea y en expansión–, la rapidez con la que crecen las demandas ciudadanas en las redes sociales (y la relativa lentitud de las instituciones públicas para procesarlas), así como un grave deterioro institucional, entre otros retos. ¿Hacia dónde puede mirar América Latina? Lamentablemente la división ideológica nos ha llevado a que cada país “se esté mirando el ombligo” y eso conduce a un camino equivocado, porque en palabras del expresidente chileno Ricardo Lagos “ninguno de nuestros países es capaz por sí mismo de resolver sus problemas”. De acuerdo con los autores del libro, el único camino es el multilateralismo y más democracia.
Dice Francisco Guerrero, de la Organización de los Estados Americanos (OEA), que “la democracia es la estrella polar del continente”. La férrea defensa de ésta debe ser prioridad en tiempos desafiantes para la diversidad de voces e ideas, para la libertad de expresión, así como para el respeto de las reglas del juego democrático.
América Latina vive una nueva realidad no sólo frente al mundo, sino frente a sí misma. Esa realidad de la que habló el autor de Cien Años de Soledad al recibir el prestigiado galardón y que como mencionó hace cuatro décadas: “Sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios”.
