La educación abierta y a distancia en México. Los orígenes
Parece no haber razones suficientes para justificar el relativo olvido de la educación abierta y a distancia
Por Héctor Sx. Barrón*
Para el entendimiento no hay determinaciones objetivas absolutas y, por el contrario, las hay para la razón, dice Hegel. En ese sentido parece no haber razones suficientes para justificar el relativo olvido de la educación abierta y a distancia en la historia de la educación en general y, sin embargo, su presencia ha sido fundamental, en especial en momentos de crisis social: ahí donde la educación convencional encuentra sus límites, la educación abierta y a distancia despliega sus atributos.
En México, antes que los programas estuvieron los métodos y las técnicas, y ya en 1822 se instituyó una organización pedagógica, a través de la asociación filantrópica Compañía Lancasteriana, con el fin de impartir la educación primaria entre los sectores marginados de la capital del país; el método que utilizó se denominó de enseñanza mutua, que ya era practicada en algunas escuelas gratuitas de conventos, y que permitía que un solo maestro pudiese enseñar a comunidades de hasta mil alumnos.
Este método permitía organizar a los alumnos en grupos de diez, dirigidos por un niño de un nivel escolar más avanzado; casi imperceptiblemente, este método sistematizó dos principios que son ahora de una potencia mayor: la extensión de los conocimientos sin la confrontación directa entre el profesor y los estudiantes, y la flexibilidad para conformar estructuras curriculares adecuadas a cada individuo.
Es indudable que este origen habría de inscribirse en la caracterización de la educación abierta y a distancia hasta nuestros días, con la adherencia de prejuicios sobre su calidad y beneficios.
El sello del liberalismo de las primeras décadas del siglo XIX en México se imprimiría en la educación pública a través del programa de gobierno de Antonio López de Santa Anna, y en esta normatividad destaca para la educación abierta y a distancia la disposición de ampliar la apertura de escuelas nocturnas para que un mayor número de jóvenes tuvieran la oportunidad de aprender, así como crear escuelas normales para maestros. Para su instrumentación se creó la Dirección General de Instrucción Pública para el Distrito y Territorios Federales, y se estableció el control del Estado sobre la educación, sustrayéndola del dominio del clero.
Para la educación abierta y distancia en México resultó fundamental la creación de esta Dirección General, pues con ello se decidió ubicar a la Compañía Lancasteriana al frente de este organismo, y se ordenó aplicar su método pedagógico en todas las escuelas públicas de educación básica del país, desde 1842 hasta 1845. Ésta fue la primera ocasión en que un tipo de sistema de educación a distancia se implementaba en todo el país en un nivel educativo, además de que se proponía la atención no sólo de niños, sino también de adultos, en especial de aquéllos que trabajaban: artesanos, maestros, oficiales y aprendices, en horarios extendidos y diferenciados de las actividades de trabajo laboral.
Esta vertiente de la educación liberal logró su expresión más acabada el 5 de febrero de 1857, cuando se firmó la nueva Constitución Política del país, y en el artículo 3º se consagró el derecho a la educación para todos los mexicanos.
Académico de la UNAM. Especialista en educación abierta y a distancia*
