Invertir en la salud cerebral

Por Harris Eyre*, Lenny Mendonca** y Remington Tonar***

SAN FRANCISCO.— La IA se ha extendido más rápido que cualquier otra tecnología en la historia moderna. A tres años del lanzamiento de ChatGPT, 53% de la población mundial ya ha adoptado la IA generativa, más rápido que la computadora personal e internet, y la adopción por parte de las empresas alcanzó 88% el año pasado. La inversión en IA se ha más que duplicado, sobre todo en infraestructuras físicas.

El escepticismo respecto a la IA está aumentando casi con la misma rapidez. Según S&P Global, 42% de las empresas abandonó la mayor parte de sus iniciativas de IA en 2025, frente a 17% del año anterior, y 56% de los directores generales encuestados por PwC afirmó que la IA no les ha aportado ningún beneficio cuantificable.

Y, sin embargo, incluso mientras los gobiernos reescriben sus estrategias industriales en torno a una tecnología cuyo valor aún no pueden cuantificar, todo el mundo intenta adivinar el futuro de la IA con la esperanza de dominar lo que venga después.

Tanto los utópicos como los distópicos adolecen de la misma miopía. Ambos dan por sentado que el futuro de la humanidad depende principalmente, quizá exclusivamente, del futuro de la IA. No es así. Y mientras tanto, han pasado por alto el rápido deterioro de la salud cerebral y las capacidades cognitivas.

Ese deterioro está mermando la capacidad humana de la que dependen todos los sistemas, incluida la IA. Los trastornos mentales y neurológicos, los accidentes cerebrovasculares y las autolesiones representan ahora aproximadamente una cuarta parte de la carga mundial de morbilidad, pero los gobiernos destinan tan sólo 2% de sus presupuestos sanitarios a la salud mental.

Las capacidades cognitivas también están en caída libre. La Encuesta sobre las Competencias de los Adultos de 2024 de la OCDE registró un descenso o un estancamiento de la alfabetización en la mayoría de los países participantes, y 18% de los adultos carece de competencias básicas.

La IA está impulsando estas tendencias. Investigaciones recientes sugieren que puede reducir la participación cognitiva y que algunos estudios han constatado un menor pensamiento crítico durante el trabajo asistido por IA. Puede fomentar una dependencia excesiva.

Piensa en lo que esto significa. Justo cuando la humanidad ha desarrollado máquinas capaces de asumir tareas cognitivas complejas, los propios seres humanos se han vuelto menos capaces de realizarlas. Y, aunque EU gasta 2,6 billones de dólares al año en capital cerebral, menos de 1% se destina a la prevención de enfermedades.

El progreso tecnológico por sí sólo no hace que las personas estén más sanas ni sean más capaces. A la humanidad no le irá bien sin un esfuerzo de toda la civilización para reconstruir la salud cerebral. Si la IA llega a ser tan potente como predicen sus defensores, el valor del trabajo humano dependerá de cualidades que las máquinas no pueden replicar, como el criterio, la empatía y la curiosidad.

Tal y como reveló la encuesta a empleadores de 2025 del Foro Económico Mundial, muchas de estas cualidades se encuentran entre las más demandadas y seguirán siéndolo hasta 2030. El debate actual se centra en gran medida en si la IA salvará a la humanidad o la destruirá. Aun así, el progreso social y económico seguirá dependiendo de la reconstrucción del capital intelectual.

No tenemos que empezar de cero. Gran parte de la infraestructura necesaria ya existe. Ampliar las intervenciones disponibles podría proporcionar 267 millones de años adicionales de vida saludable para 2050 y sumar hasta 6,2 billones de dólares al PIB mundial.

Esto implica invertir en el desarrollo materno y de la primera infancia y reorientar la atención primaria hacia la prevención. Los lugares de trabajo pueden proteger la salud mental sin mermar las capacidades cognitivas.

La propia IA puede formar parte de la solución. Puede permitir el diagnóstico precoz de trastornos cerebrales y acelerar el descubrimiento de fármacos.

La rentabilidad del capital cerebral no depende del destino del sector de la IA. El ingenio humano tiene valor económico independientemente de la tecnología que domine la próxima década. Invertir en él es siempre una apuesta ganadora, porque es la única tecnología que nunca quedará obsoleta.

Project Syndicate, 2026.

www.project-syndicate.org

*Director ejecutivo de la Global Brain Economy Initiative

**Antiguo asesor jefe de economía y negocios del gobernador de California ***Cofundador de Cart.com.