Ganancias con propósito: el futuro del éxito empresarial

Por Ricardo Peraza* Durante mucho tiempo, el éxito empresarial se midió exclusivamente por las ganancias. Si los números subían, se daba por hecho que todo marchaba bien. Pero hoy, ese enfoque está cambiando. Ya no basta con generar dinero; las empresas necesitan un ...

Por Ricardo Peraza*

Durante mucho tiempo, el éxito empresarial se midió exclusivamente por las ganancias. Si los números subían, se daba por hecho que todo marchaba bien. Pero hoy, ese enfoque está cambiando. Ya no basta con generar dinero; las empresas necesitan un propósito. Según Edward Freeman, filósofo y uno de los pensadores más importantes en la ética empresarial, este propósito no es un lujo, sino una estrategia que puede generar aún más rentabilidad.

Freeman desafió la idea tradicional de que los negocios existen sólo para enriquecer a sus accionistas. Para él, las empresas tienen la responsabilidad de atender a todos sus “grupos de interés”: clientes, empleados, proveedores, la comunidad y el medio ambiente. Las ganancias siguen siendo fundamentales, pero, para Freeman, las empresas que buscan algo más que el simple beneficio financiero tienen más probabilidades de ser exitosas a largo plazo. Es un modelo en el que las ganancias y el propósito no sólo pueden coexistir, sino reforzarse mutuamente.

Esto no es teoría abstracta. En un mundo donde los consumidores se preocupan por el origen de los productos, los empleados buscan trabajos alineados con sus valores y los inversionistas consideran factores ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) antes de decidir dónde poner su dinero, el propósito se ha vuelto una ventaja competitiva. Las empresas que entienden esto prosperan, no porque sean más “éticas”, sino porque su modelo de negocio es más resiliente y está mejor preparado para enfrentar los retos del futuro.

El propósito no es una distracción. Es una estrategia inteligente para generar valor a largo plazo. Las empresas que ignoran a sus empleados o que tratan a los clientes como simples fuentes de ingresos pueden tener éxito a corto plazo, pero ese éxito será efímero. Cuando los empleados no se sienten valorados, buscan otras oportunidades. Cuando los clientes pierden confianza en una marca, se van con la competencia. Y cuando una empresa es vista como destructiva para el medio ambiente o la comunidad, su reputación se desploma.

En cambio, una empresa que equilibra las ganancias con el propósito construye algo más sólido. No sólo crea productos o servicios, sino que genera relaciones de confianza. Los empleados se sienten motivados y los clientes se vuelven leales. Los inversionistas, al ver a una compañía comprometida con prácticas responsables, la ven como una inversión segura a largo plazo. En este sentido, el propósito no es un costo; es una fuente de rentabilidad sostenida.

No se sugiere que las empresas renuncien a las ganancias. Más bien, se propone que las ganancias a largo plazo serán más probables cuando se considera el impacto total de las decisiones empresariales. Las compañías que logran este equilibrio son las que sobrevivirán y prosperarán en los años venideros. Ya no es suficiente pensar sólo en el siguiente trimestre; las empresas deben pensar en las próximas décadas.

Este enfoque, lejos de ser idealista, es una visión pragmática del futuro del capitalismo. Las empresas no son entidades aisladas, son parte de un ecosistema más amplio. Y en ese ecosistema, el éxito de una empresa está directamente vinculado al bienestar de sus empleados, clientes y comunidades. Una empresa que destruye su entorno, tarde o temprano se enfrentará a las consecuencias. En cambio, una empresa que contribuye positivamente a su entorno está invirtiendo en su propia sostenibilidad.

Las empresas con propósito no sólo evitan hacer daño; buscan activamente hacer el bien. Esto significa generar valor para todas las partes interesadas, no sólo para los accionistas. En lugar de enfocarse únicamente en lo que pueden obtener del mercado, se preocupan también por lo que pueden aportar. Y ese enfoque, en un mundo cada vez más conectado y transparente, es la clave para ganar la confianza y lealtad de todos los que interactúan con la empresa.

El futuro de los negocios pertenece a las empresas que entiendan que las ganancias y el propósito no son enemigos, sino aliados. Éste no es un llamado a la filantropía, sino a la inteligencia estratégica. Las empresas que se preocupan por algo más que las ganancias inmediatas no sólo sobreviven, sino que prosperan en un entorno cada vez más competitivo y exigente.

Es momento de que las empresas adopten esta mentalidad. No se trata de elegir entre ganancias o propósito, sino de entender que ambas pueden y deben ir de la mano. Las empresas que logren ese equilibrio estarán mejor preparadas para enfrentar los desafíos del futuro y, lo que es más importante, para construir un éxito duradero.

En última instancia, el propósito no es sólo un valor agregado; es una parte esencial del éxito empresarial moderno. Las ganancias sin propósito son sólo números vacíos. En este nuevo mundo, esos números vacíos ya no son suficientes. Las empresas que integren el propósito en su ADN no sólo ganarán más, sino que lo harán de una manera que beneficie a todos. Y en ese equilibrio está el verdadero futuro del éxito empresarial.

*Abogado internacionalista

rperaza@aguilarloera.com

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