Fin económico y apariencia social
Por Santiago García Álvarez* La responsabilidad social corporativa es una práctica orientada a ampliar el interés de las empresas hacia su entorno. La empresa con fines de lucro, tradicionalmente volcada en sus propios intereses económicos, dedica ahora esfuerzos ...
Por Santiago García Álvarez*
La responsabilidad social corporativa es una práctica orientada a ampliar el interés de las empresas hacia su entorno. La empresa con fines de lucro, tradicionalmente volcada en sus propios intereses económicos, dedica ahora esfuerzos importantes a lograr el desarrollo de la sociedad que le rodea. Se trata de una tendencia que se ha mantenido por años y que ha logrado generar círculos virtuosos en la sociedad, con efectos positivos en lo social, económico, ambiental y educativo.
A pesar de los innegables logros de esta tendencia social corporativa, hay algunos cuestionamientos. ¿No será únicamente una forma de “lavar conciencia” de las empresas? ¿Las empresas lo hacen con un compromiso profundo de ayudar o simplemente les gusta colgar en sus oficinas el sello de empresa socialmente responsable? ¿No resultará que varias organizaciones emplean estos métodos simplemente para pagar menos impuestos? ¿Hay verdaderamente coherencia entre el “ser económico” y el “parecer social” de éstas?
No olvidamos que la economía moderna parte de la teoría de Adam Smith, de que los individuos tienden a defender su propio interés. A pesar de ello, los impulsores de esta corriente pensaban que habría una extensión mayor de la riqueza global, y que ésta terminaría repartida de alguna manera entre la gran masa poblacional. Pese a una raíz individualista, el efecto sería verdaderamente social.
Los sistemas estadunidense y británico —así como sus principales empresas— adoptaron con mayor fidelidad esta postura económica. Tratándose de dos de las economías más grandes del mundo, se les cuestiona la desigualdad. “Existen terribles injusticias sociales y excesos de unos cuantos multimillonarios”, argumentarían los críticos con visión más socialista. “Adoptar un sistema distinto únicamente conseguiría hacer más pobres a todos”, se defenderían los capitalistas.
Ante las interrogantes, preocupan algunos elementos. ¿Verdaderamente la teoría del self interest responde a la naturaleza del ser humano, eminentemente social? Los pilares del mundo capitalista descansan en la centralidad de la economía y en el aumento de la riqueza, pero entonces, ¿el centro de la sociedad debe ser el crecimiento económico o existen bienes mayores sobre los que habría que replantear la realidad? ¿Por qué si la mayoría piensa que lo económico es sólo un medio, en realidad la sociedad funciona como si fuera un fin?
Este modelo de organización empresarial, más allá de su protagonismo anglosajón, prevalece en occidente. En Latinoamérica, el contraste entre empresas millonarias exitosas y la pobreza de mucha gente es alarmante.
La empresa moderna, establecida en muchos países de este mundo globalizado, ha seguido la lógica de la economía clásica, en algunos casos hasta sus últimas consecuencias. La maximización de utilidades, el resultado como lo más importante, la tarea por encima de las personas y la lógica del rendimiento son algunos de sus basamentos. Actualmente, no es posible en las empresas cuestionarse sobre la pertinencia de moderar el crecimiento para mirar a fines distintos. En la empresa moderna, estancarse es retroceder. Por más que un empresario quisiera hoy hacerse estos cuestionamientos, es prácticamente imposible tomar caminos alternativos, pues la estructura social y la cultura organizacional han asumido estas premisas de funcionamiento. Salir de ellas sería, posiblemente, morir. Así son las reglas del juego y así se ha jugado por años.
Más allá de los cuestionamientos relacionados con la responsabilidad social corporativa, sin duda los beneficios son palpables. Independientemente de las rectas intenciones o no de sus colaboradores, es un hecho que se destinan mayores recursos a proyectos sociales, que los empleados dedican horas al trabajo comunitario y que existe hoy mucha mayor preocupación ecológica por el planeta.
Por ello, quizás hoy la mayor aspiración social posible de una empresa se ha limitado a la lógica de la empresa socialmente responsable. A falta de soluciones de fondo, no es una mala alternativa. Pero hay que ser conscientes de que no es la solución de fondo y que tenemos que llegar a la raíz de los problemas para plantear soluciones definitivas. Por lo pronto, es importante que las organizaciones tengan cada vez más una visión socialmente responsable. Ojalá sus directivos y empleados la tengan de fondo y no sólo por tener una placa. Si la convicción es profunda y se basa en la preocupación de corazón por los más necesitados, si se plantean fines mayores a los meramente económicos, si verdaderamente logramos permear a los demás un ambiente de ayuda al prójimo, los resultados a largo plazo serán mejores.
*Rector del campus México de la Universidad Panamericana
