Entender al crimen
Cada crimen, cada violación a la ley, tiene un origen y beneficia a grupos bien organizados que reciben ganancias suficientes para no pensar en dedicarse a ninguna actividad legal en el corto plazo.
Por Luis Wertman Zaslav
Todo esto sucedió en una sola semana: policías del Estado de México logran detener a tres asaltantes del transporte público en Ecatepec; era la tarde del miércoles pasado, cuando dos mujeres y un hombre abordaron una combi.
Como es rutina en este tipo de delitos, la violencia es alta y la rapidez indispensable para quitar celulares, bolsas y carteras. Sorprende que las mujeres son igual de agresivas que cualquiera de los varones que hemos visto en las escenas que graban las cámaras de seguridad de estas unidades. Aunque le exigieron al chofer que se detuviera un par de kilómetros adelante, éste no lo hizo y ello cambió el plan, es decir, rompieron una regla de este crimen, hasta que llegaron a un punto de revisión.
Ahí, igual de usual en este crimen, les decomisaron un arma de juguete (que el asaltante detona primero para intimidar al pasaje y luego usa para amedrentar a un joven), un cuchillo que se puede comprar en cualquier tienda de deportes (la mujer que lo traía hirió con éste a una pasajera) y el botín. Ninguno pasa de los treinta años y el criminal llevaba puesto un brazalete de preliberación.
En calles de la Ciudad de México, un grupo de delincuentes usa a una mujer presuntamente embarazada (no lo está) para frenar de manera intempestiva y obligar al auto que esté atrás a chocar.
La falsa embarazada se queja de dolores y lesiones, mientras sus cómplices engañan para llegar a un arreglo económico. Ya hay dos detenidos, por diferentes casos, pero mismo modus operandi.
En Guanajuato, un grupo de ladrones robó más de 20 millones de pesos en menos de tres minutos y sin un solo disparo (como si eso fuera consuelo) de un vuelo de Aeroméxico que recibía el dinero para su traslado.
La camioneta con la que rompieron una pluma de seguridad tenía calcomanías sobrepuestas de la aerolínea. Habían entrado por un punto ciego, salieron caminando y aprovecharon que eran las ocho de la noche. El Aeropuerto del Bajío tiene categoría de servicio internacional.
No estamos comprendiendo bien al crimen. Es un negocio, que nadie lo dude, extraordinariamente lucrativo, que goza de una enorme tasa de impunidad (93%) y es soportado por una estructura de corrupción que llega más allá de los servidores públicos de los diferentes niveles de gobierno. Cada crimen, cada violación a la ley, cada falta administrativa, tiene un origen y beneficia a grupos bien organizados que reciben ganancias suficientes para no pensar en dedicarse a ninguna actividad legal en el corto plazo.
Tratar de diferenciar entre el crimen común y el crimen organizado es inútil, porque todo el crimen está organizado. Desde el franelero hasta el líder del cártel.
Quienes no estamos organizados somos los ciudadanos. Desconfiamos de la autoridad, de otras personas y hasta de nosotros mismos, por eso no podemos coordinarnos de manera eficiente y colaborar con familiares, vecinos o colegas para inhibir a los delincuentes, presionar a las autoridades y denunciar de manera segura, confidencial y, si se puede, ciudadana.
Lo de menos es quién encabece la Guardia Nacional y si está o no en activo su líder inmediato. Su eficacia dependerá de que esa sociedad afectada a diario por el crimen, la apoye y confíe en ella; lo que hemos hecho poco o nunca con las policías y con los miembros de las fuerzas armadas.
Tampoco será de importancia el que exista un guardia nacional en cada esquina, si no cuenta con el respaldo, el respeto y la comunicación de sus vecinos de rondín o cuadrante.
El crimen es una poderosa corporación a la que le tiene sin cuidado el escenario político o los cambios de administración. Son una compañía que, en tamaño, ingresos y equipamiento, puede compararse con las refresqueras o las empresas de alimentos que llegan a cada rincón de la República.
Si no los entendemos de esa manera, no estamos dimensionando correctamente su peso en el país desde hace muchos años. Sin una cultura de la prevención, de la denuncia y de la procuración real de la justicia, no avanzaremos. El acompañamiento ciudadano es vital en contra de los delincuentes. No lo podrá hacer el gobierno federal solo, lo tenemos que hacer juntos y unidos. O no los venceremos.
