El voto diferenciado en México
Por Jaime Rivera Velázquez*En las contiendas democráticas, aun cuando los ciudadanos suelen votar por un partido, es común que, cuando se eligen distintos cargos, una porción de los electores distribuya sus votos entre más de un partido. Es lo que se conoce como voto ...
Por Jaime Rivera Velázquez*
En las contiendas democráticas, aun cuando los ciudadanos suelen votar por un partido, es común que, cuando se eligen distintos cargos, una porción de los electores distribuya sus votos entre más de un partido. Es lo que se conoce como voto diferenciado.
Hay quienes piensan que ejercer un voto diferenciado es exclusivo de democracias maduras y sociedades bien informadas, pero en realidad ello puede suceder en todos los países donde los ciudadanos votan con libertad. Votar por partidos diferentes según el cargo a elegir supone un grado de información y discernimiento sobre los partidos y sus candidatos, que la sociología política conoce como “voto estratégico”, es decir, emplear el voto no solamente como adhesión genérica a una opción política, sino como un medio para tratar de conseguir un objetivo político determinado. La razón y el objetivo de un voto diferenciado pueden variar: apoyar a un candidato por sí mismo y no al partido en cuanto tal; distribuir el poder entre varios partidos a fin propiciar contrapesos al poder; apoyar a un candidato con posibilidades de ganar porque el candidato preferido parece no tenerlas consigo; dar un mensaje de inconformidad con la candidatura de un partido con el que se simpatiza, sin rechazar del todo a ese partido, etcétera.
En México tenemos registro de una incidencia significativa de voto diferenciado. La ha habido en elecciones federales y locales, entre cargos de Presidente y de legisladores, de gobernador y ayuntamientos, y en todas las combinaciones que la concurrencia de distintas elecciones permiten. Este fenómeno demuestra que los electores mexicanos están más informados y son más racionales que lo que suelen pensar quienes denuncian, a veces sin sustento, la manipulación masiva de ciudadanos. Las diferencias entre las votaciones que un partido recibe no constituyen por sí mismas un indicio de fraude; pueden significar un discernimiento y sofisticación por parte de muchos votantes.
La presencia en México del voto diferenciado se puede ilustrar con algunos ejemplos. En 2000, el candidato presidencial ganador, Vicente Fox, obtuvo 42.5% de votos, mientras que la coalición que lo respaldó (PAN y PVEM) obtuvo para diputados 38.2%. Correlativamente, los otros candidatos presidenciales recibieron una votación un poco menor que la registrada para diputados federales por los partidos o coaliciones que los postularon. En subsecuentes procesos se observan comportamientos similares.
En 2006, el voto diferenciado benefició significativamente a Andrés Manuel López Obrador, quien obtuvo casi tres millones de votos más que su coalición con diputados. El hecho demuestra la atracción electoral de la personalidad del tabasqueño y que no hay sustento en la afirmación de que le habían restado votos ilegalmente, pues los partidos que lo postularon obtuvieron para diputados y senadores menos votos, y nadie cuestionó la validez de esas elecciones. En esa misma jornada, Calderón se benefició del voto diferenciado, aunque en menor grado. Las cifras indican que tales transferencias de votos las hicieron principalmente votantes priistas, cuyo candidato fue relegado al tercer sitio.
En 2012, AMLO volvió a ser el principal receptor del voto diferenciado: superó con más de 2.4 millones de sufragios la votación de su coalición en diputados. Ese diferencial lo cosechó sumando transferencias de PRI, PAN, Nueva Alianza y votos nulos para diputados.
En 2018 se registran las cifras más altas de voto diferenciado. La votación por López Obrador supera 9.7 puntos a la suma total que los partidos que lo apoyaron obtuvieron para diputados. Pero fue tan grande la ventaja del candidato presidencial, que los 5.5 millones de simpatizantes que votaron por otros partidos para diputados no impidieron que la coalición triunfante ganara la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. De cualquier modo, se reafirmó que una minoría significativa de electores opta por distribuir sus votos en vez de apoyar a un solo partido o coalición.
Los datos expuestos permiten reafirmar tres conclusiones: 1) muchos electores deciden libremente distribuir sus votos entre más de un partido; 2) hasta ahora, el candidato más beneficiado por ese comportamiento ha sido López Obrador; 3) el voto diferenciado indica un comportamiento racional y sofisticado de quienes lo ejercen. Ese fenómeno no representa una anomalía; por el contrario, es otro signo de buena salud democrática de nuestro sistema electoral.
*Consejero electoral del INE
