El libre comercio no puede traer la paz
PorBenn Steil NUEVA YORK.En sus memorias de 1948, Cordell Hull escribió que durante sus 12 años como secretario de Estado de Franklin D. Roosevelt se guio por la idea de que “un comercio sin trabas encajaba con la paz”. Creía que los muros arancelarios y las ...
Por Benn Steil
NUEVA YORK. — En sus memorias de 1948, Cordell Hull escribió que durante sus 12 años como secretario de Estado de Franklin D. Roosevelt se guio por la idea de que “un comercio sin trabas encajaba con la paz”. Creía que los muros arancelarios y las líneas de batalla se alzaban juntos; derriba el primero y caerá el segundo. Su convicción reflejaba una tradición liberal que se remontaba a Emmanuel Kant y Richard Cobden. En La paz perpetua, Kant sostenía que las repúblicas unidas por el comercio renunciarían naturalmente a la guerra, mientras que Cobden veía la interdependencia económica como antídoto contra el conflicto. Woodrow Wilson trasladó esta visión idealista al siglo XX.
La fe en los efectos pacificadores del comercio se convirtió en ortodoxia estadunidense tras la Ley de Acuerdos Comerciales Recíprocos de 1934. Redactada por Hull, revirtió décadas de proteccionismo y pareció confirmar que los aranceles engendraban guerras y que el libre comercio traería paz. Pero los argumentos geopolíticos eran ilusorios. La flecha causal iba en sentido contrario: es la paz la que hace posible el comercio. Entenderlo es clave para comprender la globalización y su retroceso.
Consideremos la ascensión británica en los siglos XVII y XVIII. Su expansión naval fue acompañada por mercantilismo, monopolios y aranceles diseñados para financiar guerras y suprimir competencia. Sólo tras dominar los mares, Gran Bretaña abrazó el libre comercio, necesitaba alimentos y materias primas baratas y buscaba mercados para sus manufacturas. Su poder imperial allanó el camino.
EU ocupó un lugar similar tras la Segunda Guerra Mundial. Con poder e incentivos para promover el libre comercio, impulsó el GATT y el FMI. La Pax Americana pareció confirmar la visión de Hull. En realidad, el comercio posguerra dependió de las garantías de seguridad estadunidenses: sin ellas, la integración económica europea no habría sido posible. El llamado orden liberal fue construido deliberadamente y sostenido por el dominio militar y monetario de EU. Las eras de la Pax Britannica y la Pax Americana mostraron que la paz no proviene del desarme ni de tratados, sino de una potencia capaz de garantizar seguridad. La interdependencia europea se basó menos en los mercados que en la disuasión estadunidense. Fue un puño de hierro, no una mano invisible, lo que protegió el libre comercio.
Tras la Guerra Fría, EU buscó profundizar los flujos comerciales. Clinton defendió el TLCAN como instrumento de paz y prosperidad, pero la conexión entre comercio y seguridad resultó más débil. El ejemplo más claro es China: entre 2001 y 2016, el comercio con EU se quintuplicó mientras la relación de seguridad se deterioraba. La interdependencia amplificó tensiones, dejando a ambos más vulnerables.
Es decir, la Doctrina Hull ha muerto. La interdependencia puede generar desconfianza y rivalidad. Wendell Willkie comprendió que el comercio dependía de la confianza y de una estrategia común, y advirtió sobre integrar economías de mercado con economías dirigidas. Cuando los precios se vuelven políticos, surgen distorsiones y resentimientos.
El orden liberal dependió de las garantías de seguridad estadunidenses. La trayectoria china confirmó la advertencia de Willkie: la fusión entre mercados y poder estatal politizó los precios. Bajo Xi Jinping, China reforzó su complejo industrial estatal, y el exceso de capacidad convirtió el comercio en instrumento geopolítico.
El creciente poder chino, las ambiciones rusas y la desilusión estadunidense han socavado los cimientos del orden liberal. La desglobalización será turbulenta: aumentarán los transbordos, los aranceles y las sanciones. Tres factores agravarán la crisis: el uso expansivo de excepciones de seguridad nacional, la parálisis del Órgano de Apelación de la OMC y el deterioro del principio de nación más favorecida.
La invasión rusa de Ucrania reveló hasta qué punto la paz europea dependía del garante estadunidense. Pero EU duda de seguir sosteniendo ese orden, y su electorado ve más costes que beneficios. Sin un cambio profundo y sin aliados capaces de reforzar la arquitectura de seguridad, ese orden parece perdido.
Project Syndicate, 2025.
