El cuidado que salva vidas se apoya en la vigilancia y la tecnología

Cuidar no es sólo una expresión de afecto o deber: es un pilar invisible de nuestras sociedades.

Por Erika Castilleja*

Cuidar es un acto cotidiano que, aunque muchas veces pasa desapercibido, sostiene silenciosamente la salud y el bienestar de millones de personas en el mundo. Detrás de cada comida servida, de cada medicamento administrado o de cada noche en vela, hay un trabajo que rara vez se reconoce como tal. En este sentido, cada día, se realizan más de 16.4 mil millones de horas de cuidado no remunerado, lo que equivale a 2 mil millones de personas trabajando ocho horas diarias sin recibir pago. Esta cifra monumental refleja no sólo la magnitud del compromiso humano, sino también una profunda desigualdad: mientras las mujeres dedican en promedio 4.5 horas diarias a estas tareas, los hombres invierten apenas 1.4 horas.

En México el panorama no es distinto. Más de 58.3 millones de personas requieren atención en el hogar y, de ellas, 64.5% depende del cuidado de familiares o personas cercanas, principalmente mujeres, quienes representan 75% de quienes asumen esta responsabilidad. Cuidar, entonces, no es sólo una expresión de afecto o deber: es un pilar invisible de nuestras sociedades. Reconocerlo y redistribuir equitativamente es un paso necesario hacia una vida más justa para todos.

Las personas cuidadoras enfrentan múltiples desafíos: deben vigilar constantemente, tomar decisiones en momentos críticos y coordinarse con profesionales de la salud, muchas veces sin la formación o las herramientas necesarias. Esta sobrecarga física y emocional puede provocar desgaste y afectar tanto su bienestar como la calidad del cuidado, además de dificultar la detección oportuna de complicaciones.

Hoy existen dispositivos tecnológicos de diagnóstico como oftalmoscopios y otoscopios digitales, estetoscopios de alta sensibilidad, termómetros de respuesta rápida y monitores automáticos de presión arterial que facilitan la vigilancia de la salud del paciente.

Estos instrumentos permiten capturar información clínica de manera más precisa y rápida, ayudando a identificar cambios en la condición de las personas cuidadas, fortalecer la seguridad del paciente y dar mayor confianza a quienes brindan atención en el hogar. Su importancia radica en que apoyan la detección temprana de alteraciones, complementan la labor del personal de salud y contribuyen a un cuidado más seguro y eficiente sin sustituir el valor humano del acompañamiento.

El Día Internacional de las Personas Cuidadoras, que se conmemora el 5 de noviembre, es una ocasión para visibilizar esta labor esencial y reconocer su impacto en la salud pública.

Recordar esta fecha no sólo implica agradecer, sino también promover la capacitación, el acceso a información confiable y la creación de redes de apoyo que reduzcan la carga física y emocional del cuidador. Facilitar el acceso a herramientas, formación y estrategias de seguimiento contribuye directamente a mejorar la atención de los pacientes y a fortalecer la labor de quienes cuidan día a día.

Cuidar no es sólo acompañar: es observar, detectar y actuar a tiempo. Cada avance tecnológico que acerca información confiable al hogar, cada capacitación que refuerza la capacidad de vigilancia y cada estrategia que facilita la comunicación con el personal de salud son pasos hacia un modelo de cuidado más humano, seguro y resiliente, donde quienes cuidan tienen el apoyo necesario para proteger la salud y el bienestar de las personas a su cargo.

*Especialista en asuntos médicos

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