2026 ha estado marcado por las agresiones militares de EUA-Israel sobre Irán, y el asesinato del ayatola Alí Jamenei –confirmada por autoridades iraníes el 1 de marzo– junto a otros altos funcionarios; la respuesta de la nación persa en su defensa, y también del Líbano, Yemen, Irak, Siria y Palestina (naciones árabes bajo el asedio anglosionista), así como el involucramiento de Ucrania –que sigue en guerra con Rusia– y enfila el conflicto en Oriente Medio a una escala global.
En el siglo XX, las guerras mundiales fueron motivo de cancelación de eventos deportivos como los Juegos Olímpicos o la Copa del Mundo; pero no en el XXI. México, un país pacífico, generoso y humanitario –sin culpa o interés beligerante alguno–, que fue coanfitrión de la justa mundialista, supo aprovechar el impulso económico del evento.
Así lo podíamos prever tras la publicación de estudios como el de la firma Deloitte, que estimó un flujo turístico en torno al medio millón de visitantes –nacionales y extranjeros– y la creación de más de 100 mil empleos temporales. Cifras del gobierno de México estiman una derrama económica en torno a los 3 mil 764 millones de dólares, 0.20% del PIB nacional.
Lo corroboramos con la publicación del Inegi sobre los resultados de la Estimación Oportuna del Producto Interno Bruto Trimestral (EOPIBT) para el periodo abril-junio. De acuerdo con los datos de la EOPIBT, en términos reales y a tasa trimestral, el crecimiento del PIB fue del 1.5%, es decir, con respecto a los primeros tres meses del año; y a tasa anual hubo crecimiento del 2.1%, es decir, con respecto al periodo abril-junio de 2025.
Considerando las cifras en el análisis anual y diferenciado por actividad económica con respecto al mismo periodo de 2025, el segundo semestre de este año registró incrementos de 7.3% en el sector primario (extracción de recursos naturales); 0.8% en el sector secundario (transformación industrial); y 2.6% en el sector terciario (comercio y servicios). En el sector primario el crecimiento obedece al aumento de precios en metales como oro y plata, así como al de los hidrocarburos (gas, petróleo y carbón) precisamente como consecuencia del conflicto. En el sector terciario destacan actividades vinculadas al consumo interno, comercio minorista, servicios de entretenimiento y alojamiento, aquí estaría el “efecto mundial”.
Estos datos nos muestran que los sectores primario y terciario de nuestro país han sido capaces de aprovechar la ventana de oportunidad creada por la guerra y el papel como sede mundialista. Si bien la actividad industrial también registró un crecimiento anual, así como uno trimestral (1.6%), aquí observamos las limitantes de condiciones estructurales como la vecindad con Estados Unidos, y coyunturales como la coerción de Donald Trump sobre la industria automotriz para relocalizar sus plantas al norte del río Bravo.
El reto para México, que ya ha probado la calidad de su manufactura y fuerza laboral, más que económico, es político. Político, porque en materia económica, Washington define su relación con México a partir de dos dogmas, el de Zbigniew Brzezinski, asesor de seguridad nacional del presidente Jimmy Carter (1977-1981), que advirtió: “No queremos un Japón en la frontera sur”; y el de Henry Kissinger, que en el National Security Study Memorandum 200 (1974) planteó la necesidad de impedir el crecimiento poblacional de países menos desarrollados con gran potencial económico, como México, por la alta y creciente demanda de recursos minerales para el desarrollo de la economía estadunidense.
