Dos pioneras lejanas del feminismo
Por Jaime Rivera VelázquezHubo muchas mujeres anónimas que sembraron la semilla del reclamo de igualdad entre los sexos.El siglo XX estuvo marcado por la conquista de derechos de las mujeres. Tres movimientos de escala internacional cambiaron sustancialmente la vida ...
Por Jaime Rivera Velázquez
- Hubo muchas mujeres anónimas que sembraron la semilla del reclamo de igualdad entre los sexos.
El siglo XX estuvo marcado por la conquista de derechos de las mujeres. Tres movimientos de escala internacional cambiaron sustancialmente la vida de las sociedades: el sufragio femenino, la revolución sexual y la segunda ola del feminismo que culminaría en la conferencia de Pekín de 1995. Obtener el derecho al voto fue un paso muy importante para que las mujeres ganaran un espacio en la vida política durante la primera mitad del siglo; en las décadas de 1960 y 1970 hubo un auge de liberación de las mujeres en la vida sexual, en la familia y en las relaciones interpersonales; una nueva ola del feminismo se abrió paso con la bandera de igualdad de género y nuevas conquistas en la política, la vida laboral, la educación y la sexualidad.
En el tramo recorrido en el siglo XXI se ha producido una cuarta ola del feminismo, con la perspectiva de igualdad sustantiva. Es decir, además de la igualdad de derechos y libertades, se busca igualar las oportunidades. Se adoptan acciones afirmativas para superar y compensar desventajas ancestrales impuestas a las mujeres durante siglos, y se avanza en la paridad de género en una amplia gama de esferas y actividades de la vida social, económica y política.
Esos cambios profundos en la condición social de la mujer, que van superando milenios de marginación y opresión, si bien recibieron un impulso decisivo en el siglo XX, a su vez heredaron ideas y acciones precursoras que pueden rastrearse en Occidente desde finales del siglo XVIII. Hubo muchas mujeres anónimas que sembraron la semilla del reclamo de igualdad entre los sexos, pero hay una mujer identificada como pionera de esa causa y que en décadas recientes ha recibido más atención de académicas y luchadoras feministas. Se trata de Mary Wollstonecraft (1759-1797), filósofa y escritora inglesa que, con su sus escritos y su vida personal, dejó un testimonio de originalidad y rebeldía femenina inusual en su época.
La obra en la que Mary Wollstonecraft planteó más claramente su doctrina a favor de la igualdad entre los sexos fue Vindicación de los derechos de la Mujer (1792), en la que sostiene que las diferencias sociales tradicionales entre hombres y mujeres no provienen de la naturaleza, sino de las costumbres y la educación. Postula un orden social basado en la razón, en la que los individuos de ambos sexos puedan buscar la felicidad con libertad. Sus propias ideas radicales la llevaron a unirse en matrimonio a otro gran pensador de su época, William Godwin, precursor de la doctrina anarquista, que predicaba un orden social de igualdad, libertad y tolerancia. Mary y Godwin procrearon a una hija que a su vez ganaría celebridad: Mary Shelley (1797-1851), autora de la novela Frankenstein o el moderno Prometeo, quien se casaría con el destacado poeta romántico Pierce Shelley.
El ensayo de Wollstonecraft cuestiona la educación diferenciada por sexos que imponía un “infantilismo perpetuo” a las mujeres y las condicionaba permanentemente a la voluntad del familiar masculino más cercano, sin que su propia identidad floreciera. Congruente con su doctrina, Mary ejerció una gran libertad personal: hizo viajes sola por Europa, se relacionó con hombre ilustrados, estableció con su marido Godwin una relación igualitaria, de intenso intercambio intelectual. Su prematura muerte a consecuencia de complicaciones del parto le impidió criar a su hija, pero ésta quizás heredó su inteligencia y temperamento y recibió la educación libertaria de su padre.
Otra pionera del feminismo de la primera mitad del siglo XIX fue Harriet Taylor (Londres, 1807-1858). Su legado político y filosófico versa sobre la libertad individual y autonomía de las mujeres: su derecho a la propiedad, al divorcio y su capacidad y libertad de tomar decisiones sobre su vida y sus bienes. También desafió las convenciones sociales y culturales de la tradición patriarcal de la época.
Harriet Taylor, pensadora influyente por su propio derecho a través de sus textos y en las deliberaciones intelectuales de su época, estuvo casada con John Taylor. En 1831 conoció a John Stuart Mill —filósofo social y economista, el más destacado exponente del liberalismo y el utilitarismo— y a partir de entonces, entre Harriet y Mill se cultivó una relación personal y una conexión intelectual de largo aliento. Después de enviudar en 1849, Harriet y Mill se casaron en 1851, en plena época victoriana, que difícilmente aceptaba que una mujer viuda volviera al matrimonio. Esto seguramente les condujo a criticar más las limitaciones sociales impuestas y el escarnio que acosaba a las mujeres independientes. Así, Harriet y Mill propagaron ideas en defensa del sufragio femenino, la igualdad entre los sexos y valores de solidaridad que habrían de influir en reformas sociales de su época.
El feminismo de hoy responde a las circunstancias y potencialidades de nuestra época, pero siempre hay algo que aprender de quienes, en el pasado, en condiciones menos propicias, sembraron la semilla de la igualdad entre los sexos.
