Cuando la mujer votó... y eligió

Por Luis Maldonado Venegas Un titular a siete de las ocho columnas que tenía el diario Excélsior en primera plana, en su edición del lunes 6 de abril de 1936, llamó la atención de sus, ya para entonces, nutridos lectores: “Por primera vez en México votaron ayer ...

Por Luis Maldonado Venegas

Un titular a siete de las ocho columnas que tenía el diario Excélsior en primera plana, en su edición del lunes 6 de abril de 1936, llamó la atención de sus, ya para entonces, nutridos lectores: “Por primera vez en México votaron ayer las mujeres”. El sumario, a dos columnas, decía: “Más de siete mil ciudadanas hacen su debut político”.

¿De qué se trataba? De que por primera vez en la historia política de México alrededor de 20 mil mujeres militantes en una organización política, en este caso el partido en el poder (PNR), e incluso muchas más cercanas o vinculadas al Partido Comunista, habían logrado en asambleas internas elegir a quienes serían sus candidatas y candidatos a diversos cargos de elección popular. 

En realidad era una de las primeras fases triunfales de una larga lucha. En 1934 fue aprobado el voto femenino para las elecciones municipales. Pero en 1936 habían sido alrededor de 50 mil las mujeres que lograron una presencia asombrosa en sus respectivos ámbitos de acción, unidas en el llamado Frente Único Pro Derechos de la Mujer (FUPDM). Dejaron sentir su presencia gracias a una estructura orgánica que las vinculó con importantes movimientos políticos surgidos durante el gobierno del general Lázaro Cárdenas. Crearon, entre otras cosas, el Consejo Nacional del Sufragio Femenino y habían conseguido realizar el Primer Congreso Nacional de Mujeres, actuante en los tres primeros meses de 1936, hasta que llegó la hora de votar al interior de sus partidos políticos, principalmente el PNR, el domingo 5 de abril de 1936.

ADOLFO RUIZ CORTINES

Una fecha figura entre los puntos trascendentes de esta lucha ejemplar de la mujer mexicana: el 17 de octubre de 1953, cuando el presidente Adolfo Ruiz Cortines promulgó las reformas constitucionales que permitieron a las mujeres tener los mismos derechos políticos que los hombres a nivel federal. Voto a plenitud, pues.

Cierto que durante las décadas siguientes se formarían los primeros grupos de mujeres participantes activas en la política mexicana de la época, con la formación del Partido Feminista Revolucionario, la creación de asociaciones y frentes Pro Derechos de la mujer, el acceso de las mujeres a ocupar cargos públicos, etcétera. Pero uno de los momentos más significativos fue el derecho al voto, conquistado en 1953.

PRESENCIA POLÍTICA

En 1955 ya no se trató de elecciones internas partidistas. La primera participación de las mujeres en las urnas fue en los comicios federales intermedios de ese año.

La efeméride de la lucha femenina es inmensa. Muchos autores ubican (y no es el único ejemplo) la obra teatral del griego Aristófanes (siglo V a.C.), Lisístrata, como un referente literario de la lucha de la mujer. 

En esta obra teatral, presentada por primera vez el año 411 a.C., Lisístrata encabeza un movimiento de mujeres griegas que se declara en huelga sexual para obligar a los gobernantes a poner fin a la guerra del Peloponeso entre Atenas y Esparta y, de esa manera, poder ver a sus maridos. Unos enviados espartanos firman la paz con  Atenas y Lisístrata triunfa. 

Si acercamos la historia unos mil 200 años, daremos con nuestra poetisa sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695), que criticó a la sociedad machista de su época y reivindicó oportunidades educativas y espacios públicos para la mujer. 

Aunque los historiadores discrepan en los qué y en los quiénes del feminismo nacional, hay mujeres que ganaron a pulso su lugar en la historia, surgidas de un numeroso y ejemplar voluntariado anónimo. Por ejemplo (y sólo a manera de ejemplo): Carmen Serdán; la duranguense Hermila Galindo Acosta y su notable participación en el Constituyente de 1917; Frida Kahlo, Rosario Castellanos, Elvia Carrillo Puerto, Marta Lamas, Dolores Olmedo…

Unas se fueron, otras están vigentes, por fortuna. Los espacios que reclamaba sor Juana son hoy una realidad: secretarias de Estado, gobernadoras, senadoras, diputadas federales y locales, alcaldesas, profesionistas, escritoras, artistas, historiadoras…

 *Presidente de la Academia Nacional de  Historia y Geografía de la UNAM.

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