Como perros y gatos

Me parece injusto pagar un refrendo por mascota, hecho que, por demás, los cosifica. Tampoco estoy de acuerdo con la humanización de los animales, coincido en que eso no es bienestar, como tampoco lo es tratarlos como si fueran todos iguales

Por Miriam Mabel Martínez*

Leo por todos lados confrontaciones y reclamos. A nadie le importa el otro. Ya ni siquiera queremos que ese otro se ponga en nuestros zapatos, sino que los pague. Pareciera que hemos decidido no escuchar. Me aterra la imposibilidad del diálogo tanto como el presente inquisidor. ¿Descolgar la pintura flamenca del siglo XVII El mercado de las aves, de Frans Snyders, en la Universidad de Cambridge, es la solución políticamente correcta para no ofender a la comunidad vegana? ¿Es suficiente eliminar dichos como “matar dos pájaros de un tiro” para acabar con el maltrato animal?

El 3 de diciembre me topé con una manifestación, en el Centro Histórico de la CDMX, que llamó mi atención por su composición: trabajadores de mercados, galleros, toreros, rescatistas, cetreros, aficionados a los toros, entrenadores, veterinarios y estudiantes luciendo batas acompañados de sus profesores, quienes se expresaban contra la Ley Varela. Intrigada, me colé entre los manifestantes que pedían “bajar” esta ley. “¿No es demasiado?”, pregunté. ¿Por qué no una revisión? Exigir la congeladora, me parece “casi intolerante”, pensé en voz alta, Diana Merino, maestra de la FES Cuautitlán, arremetió: “¿Sabes que durante las reuniones para esta ley no convocaron a profesionales, sólo a animalistas? ¿Tienes mascota?”, dije que sí con la cabeza, “ah, pues prepárate para pagar tenencia”.

Hace un par de años ya había escuchado sobre un censo de animales de compañía y también había oído suspicacias sobre beneficiar a empresas transnacionales (según el Inegi, 57 de cada 100 mexicanos, sin duda, una industria en ascenso). “Pues ese censo no es para tener un control, sino para cobrar como si fueran un artículo de lujo. Lo que parecen buenas intenciones, muchas veces no lo son, por falta de investigación”. Una de sus alumnas, que sostenía una manta con la leyenda “No a la criminalización de los veterinarios”, me cuestionó: “¿Te parece justo que nos quiten la licencia porque un paciente enfermo llegue de emergencia y muera en nuestro consultorio, sin importar que desconozcamos el caso, y que un grupo de no veterinarios evalúe si fuimos negligentes? El amor a los animales no sólo se expresa rescatándolos, sino curándolos y atendiéndolos como nosotros hacemos”.

Confieso mi ignorancia al respecto, también confieso que me parece injusto pagar un refrendo por mascota, hecho que, por demás, los cosifica. Tampoco estoy de acuerdo con la humanización de los animales, coincido en que eso no es bienestar, como tampoco lo es tratarlos como si fueran todos iguales (sin pensar en sus características por raza y especie) o —en caso de los perros— pasearlos sin correa, como si la educación del dueño se evaluara por la obediencia del can. “Los tiempos cambian”, me explicó un entrenador, “para nosotros son parte de nuestra familia, pero eso no implica que los tratemos como hijos, como lo hace mucha gente joven”.

Se calcula que este tipo de dueño invierte cerca de tres mil 500 pesos en servicios (alimentación, accesorios, guardería…), “¿tener mascota es un lujo?”, pregunto. “No, es un compromiso, por eso hemos enviado 76 cartas a la diputada solicitando participar en las mesas de trabajo, nunca se nos incluyó. Está comprobado que iniciativas sin una investigación seria no funcionan, ¿qué pasó con los animales de circo? El 80% murió”, recordó Ana María Rivera, de la Unión de Profesionistas pro Bienestar Animal. “Por ejemplo, nadie habla del ganado bravo que llega a vivir felizmente más de 20 años”, interrumpió Gretel, una simpatizante de la causa de escasos 24 años y aficionada a la tauromaquia, “sólo 5% participa de la fiesta brava y, por normas, deben ser mayores de cuatro años, el ganado de engorda, si acaso, vive dos años”.

Qué buscaban las 18 mil personas que, de acuerdo con Seguridad Pública, marcharon del Palacio de Bellas Artes al Congreso de la CDMX para exigir —y lo lograron— la congeladora a la Ley Varela: “Ser incluidos y armar, en conjunto, una que no castigue, sino que regule y que no ignore la realidad”, dijo Mario Cortés. Esta última frase me inquieta, quizá el problema está en que ignoramos la realidad, y cada uno hemos construido una a la medida de nuestros intereses. Acusarnos no es la solución, también debilita el tejido social. Animalistas y profesionales colaborando mediados por la autoridad. Ésta es una oportunidad para demostrar que el diálogo es vital para la verdadera transformación… aunque ésa es una realidad que cada día se advierte más irreal.

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