China puede derrotar a la deflación

Por Michael Spence MILÁN. Desde la pandemia por covid19, China ha experimentado condiciones deflacionarias. En esta etapa de su desarrollo económico, el crecimiento potencial del PIB probablemente esté entre 56%, pero la demanda agregada, con relación a la capacidad ...

Por Michael Spence

MILÁN. Desde la pandemia por covid-19, China ha experimentado condiciones deflacionarias. En esta etapa de su desarrollo económico, el crecimiento potencial del PIB probablemente esté entre 5-6%, pero la demanda agregada, con relación a la capacidad productiva, es demasiado baja para que se pueda concretar este potencial.

Las economías avanzadas, especialmente EU, han impuesto aranceles altos a los productos chinos e introducido restricciones a las exportaciones de ciertas tecnologías avanzadas a China. Además, se están consolidando fricciones comerciales más amplias, impulsadas en parte por las sanciones impuestas en respuesta a la invasión de Ucrania por parte de Rusia. El triunfo de Donald Trump presagia más restricciones comerciales y de otro tipo, y otro paso hacia el nacionalismo, el unilateralismo y la fragmentación en el sistema global.

Dicho esto, China ha alcanzado el grado de desarrollo donde la demanda interna, no la externa, debería responder por el grueso de la demanda agregada. Con un PIB de 13 mil dólares per cápita, China se ha convertido en una economía de ingresos medio-altos que se acerca a un estatus de ingresos altos. De manera que la parte no comercializable de su economía debería alcanzar la dimensión vista en los países de altos ingresos: dos tercios del PIB. Esto implica que ni siquiera una demanda muy fuerte de las exportaciones chinas podría compensar un déficit importante de la demanda de bienes no comercializables. Las barreras para el crecimiento chino reflejan la debilidad de la demanda interna agregada, producto en gran medida de un déficit en el consumo de los hogares.

Un desempleo relativamente alto, combinado con la incertidumbre sobre las perspectivas de la economía, ha alentado a los hogares chinos a redoblar el ahorro por prevención. Más importante aún, la caída del valor de la vivienda, que representa 70% de la riqueza de los hogares chinos, tiene efectos negativos importantes en el consumo. 

La caída de la actividad inmobiliaria también afectó las finanzas de los gobiernos locales, que han dependido profusamente de las ventas de terrenos y de los ingresos del sector inmobiliario. Las crecientes dificultades fiscales entre los gobiernos locales agravan las presiones deflacionarias.

Un segundo motivo para el déficit de la demanda interna de China es la baja inversión en el sector corporativo privado. Una demanda interna débil de productos y servicios finales es un factor subyacente; la caída de la confianza, arraigada en una falta de claridad sobre la relación entre el sector privado y el gran sector de empresas de propiedad estatal, es otro.

En el pasado, la inversión pública ha sido un motor importante de la demanda agregada china, pero los gobiernos locales, que atraviesan dificultades fiscales, tienen menos margen para realizar inversiones masivas como las del pasado, y una recuperación de la inversión sólo tendría un impacto limitado en el crecimiento futuro.

Las condiciones deflacionarias de hoy pueden no resultarles familiares a China, pero no son del todo sorprendentes. La transición de un modelo de crecimiento liderado por las exportaciones y la inversión a uno basado en el consumo interno y en la innovación representa una transformación estructural fundamental. En todo caso, la respuesta política ya está en camino, ya que el gobierno está implementando una serie de medidas destinadas a estabilizar el sector inmobiliario sin alimentar una nueva burbuja, como duplicar las líneas de crédito para proyectos inmobiliarios inacabados y permitir su finalización para proteger a los hogares que han comprado departamentos por adelantado de perder toda su inversión.

Los esfuerzos recientes por alentar a los sectores público y privado a adoptar una mentalidad más emprendedora también ayudarán a vigorizar partes de la economía y la burocracia que se ven frenadas por el miedo a cometer errores.

Un análisis integral de las perspectivas económicas de China no debería centrarse en sus debilidades. La economía tiene muchos puntos fuertes importantes, sobre todo una abundancia de talento científico, tecnológico y empresarial. China tiene otra ventaja importante. Muchas economías en desarrollo no llegan a concretar su potencial de crecimiento, porque las políticas gubernamentales no respaldan el cambio estructural. China no tiene ese problema. Su gobierno reconoce la importancia de la transformación estructural impulsada por la tecnología, y diseña políticas en consecuencia.  

En este sentido, se puede considerar una buena noticia que los vientos en contra del crecimiento que enfrenta China no sean el resultado de un contexto externo más hostil. Más bien surgen, principalmente, de los desequilibrios internos y de una incertidumbre inducida por la política .

Los desafíos que enfrenta China son enormes, pero no insuperables. Con una estrategia política clara y bien orientada, el impulso del crecimiento puede recuperarse en 2-3 años.

Copyright: Project Syndicate, 2024

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