Por Cuauhtémoc Ochoa
El cierre de 2025 obliga a hacer algo que en la política pocas veces se hace con honestidad: un balance. Y el del Senado de la República no es menor. Fue un año legislativo intenso, de reformas profundas que fortalecen derechos y democratizan instituciones cambios estructurales que confirman la consolidación del segundo piso de la transformación que encabeza la primera presidentA de México, Claudia Sheinbaum.
Durante décadas, el Congreso legisló mirando hacia arriba, atendiendo intereses que poco tenían que ver con la realidad cotidiana. Hoy se legisla de abajo hacia arriba.
La agenda ya no se dicta desde los intereses que durante años controlaron al Estado, sino desde el territorio, escuchando al pueblo y atendiendo causas históricamente postergadas. Esa diferencia explica por qué las reformas de 2025 tienen contenido social y sentido político.
Ahí están los números: 21 reformas constitucionales aprobadas en un solo año. La Reforma al Poder Judicial, la igualdad sustantiva, los programas de bienestar elevados a rango constitucional, la eliminación del nepotismo y el bienestar animal no son ocurrencias, son definiciones de Estado. A ello se suman la Ley contra la Extorsión, el fortalecimiento de la Guardia Nacional, el Sistema Nacional de Inteligencia en Seguridad Pública y el cerco al lavado de dinero. Seguridad, sí, pero con inteligencia institucional y responsabilidad pública.
En el mismo paquete entraron reformas que algunos prefirieron minimizar, pero que impactan directamente en la vida diaria: la prohibición de vapeadores, la Ley General de Aguas, la Ley de Economía Circular, el reconocimiento jurídico de los pueblos indígenas y afromexicanos y la protección de niñas, niños y adolescentes frente a la violencia digital. Cuando el Congreso se ocupa de estos temas, la política recupera su razón de ser. Pero 2025 también dejó claro que legislar sin territorio no alcanza. Los resultados se miden en hechos: 900 mil hidalguenses reciben hoy apoyos del bienestar; 150 mil estudiantes cuentan con becas; 150 mil productores tienen respaldo directo. El caso de los productores de cebada es ilustrativo: por primera vez, el Estado mexicano abrió la puerta para equilibrar una negociación histórica y mejorar el ingreso de miles de familias. Eso no es asistencialismo, es justicia económica.
Desde la tribuna, impulsé reformas para enfrentar el maltrato escolar, el reclutamiento forzado por parte del crimen organizado y los abusos derivados del mal uso de la inteligencia artificial. Y fuera del Senado, el trabajo a ras de piso —en salud, educación, campo y atención a emergencias— cerró el año con más de 50 mil personas atendidas en Hidalgo. La política vuelve a caminar cuando se ejerce en territorio. Programas como Con Huevos a Paso Firme, Educación a Paso Firme y Agua para el Bienestar permitieron atender las familias hidalguenses de las distintas regiones del estado.
Este cierre de 2025 confirma el liderazgo de la Presidenta; su agenda ha marcado un rumbo claro: combatir privilegios, ampliar derechos y colocar la dignidad del pueblo como eje de gobierno. La coordinación entre el Ejecutivo y el Legislativo en 2025 no fue subordinación, fue coherencia política. Y los resultados están a la vista.
El Senado cierra el año cumpliendo con el pueblo. Cumple al transformar leyes en derechos, reformas en bienestar y discursos en resultados. Así termina 2025: con un Estado más justo, soberano y transparente, y con la certeza de que la transformación no se detiene, sólo avanza a paso firme.
Y con ese balance se empieza a escribir 2026. No como un año de ocurrencias ni de cálculo corto, sino como la siguiente etapa de una transformación que continúa probando que sabe gobernar y legislar.
Rumbo a 2026, el mensaje es claro cómo lo manifestó el expresidente Andrés Manuel López Obrador el poder solamente tiene sentido y se convierte en virtud, cuando se pone al servicio de los demás. Y ese rumbo, hoy, ya no tiene marcha atrás.
