Fernando Césarman

Por José Rubinstein* A Teté Activo en su consulta, a los 92 años, murió Fernando Césarman. El último de tres hermanos, médicos de excelencia, humanistas, comprometidos con su entorno, defensores de las causas justas y de los que menos tienen. Tres hermanos que ...

Por José Rubinstein*

A Teté

Activo en su consulta, a los 92 años, murió Fernando Césarman. El último de tres hermanos, médicos de excelencia, humanistas, comprometidos con su entorno, defensores de las causas justas y de los que menos tienen. Tres hermanos que se quisieron como hermanos.

Fernando, sicoanalista, ecologista, escritor, ensayista, editorialista y cronista.

Autor del término “ecocidio”, para referirse, desde el punto de vista sicoanalítico a las conductas que atentaban contra el medio ambiente, preocupado por la destrucción de la vida en el planeta a causa del más amenazador de los depredadores, el ser humano: “El ecocidio es la impulsividad de dañar al planeta, a la madre tierra, a la ECO”.

Fernando, médico egresado de la UNAM, de la Escuela de Psiquiatría de Menninger, en Topeka, Kansas, y de la Asociación Psicoanalítica Internacional. Cofundador, profesor, secretario y luego presidente  de la Asociación Psicoanalítica Mexicana. Catedrático de la UNAM. Asesor del CONACYT. Presea Ciudad de México. Partícipe en innumerables congresos y seminarios relacionados con temas ambientales, ecológicos y de reordenación urbana. Acudió a Análisis, con Erick Fromm. Autor de más de 25 libros entre los cuales destacan: Ecocidio. Freud y la realidad ecológica. El ojo de Buñuel  —del cual fue cercano—. Yo naturaleza. Una grieta en la pared. La piel de la tierra. Neblumo. Son muchos los geranios —de poesía—. Tiempo de ecocidio. Aún hay tiempo. Voz del ecocidio. Paseo de la Reforma —crónicas-. Fernando escribió  alrededor de mil 500 editoriales periodísticos.

El consultorio de Fernando, compartido con sus hermanos, el talentoso Teodoro y el ingenioso Eduardo, eminentes cardiólogos, era frecuentado por pacientes de todos los estratos sociales, desde empresarios, políticos, intelectuales y artistas renombrados, hasta indigentes atendidos a título gratuito.

Fernando incidió en mi vida de manera definitiva.  Iniciando la década de los 90, aún con mi característico escepticismo, decidí experimentar el sicoanálisis. Sin conocer el diván, bastaron unas cuantas sesiones para que dedujéramos que nuestra empatía y grado de involucramiento nos llevaba a una práctica fallida. A partir de entonces sellamos nuestra amistad, la diferencia de edad, si acaso nos acercó.

A la muerte de  Eduardo Césarman, quien entre otras ocupaciones era editorialista de Excélsior, al igual que Fernando, le envié a su viuda Mocita y a la familia un escrito a modo de tributo, mismo que Fernando gestionó para que fuera publicado  el viernes 3 de septiembre de 2004, hace justo 13 años, en el espacio de Eduardo en Excélsior, espacio que hoy sigo ocupando.

Nuestras comidas de los lunes en el patio del Bellinghausen nos llenaban el tanque para la semana. La invariable respuesta de Nandy a mis momentos de apremio o disgusto era “Vale Madres”. Ningún enojo, ira, reclamo o rencor vale la pena ante el enorme privilegio de estar en la vida, el tiempo pasa  las nuevas vivencias relegan las anteriores.

Comiendo con nuestras señoras en el restaurante de Pepe Guindi, Nandy comentó conocer a Pepe, a lo cual Teté contestó: Tú no conoces a Pepe Guindi. En ese momento me alisté a escuchar la airada contraréplica: Quién dice que no conozco a Pepe Guindi. La respuesta fue: Cierto, yo no conozco a Pepe Guindi.  Moraleja: Es mejor tener familia que tener razón.

Este último tiempo, de mente intacta alojada en cuerpo viejo, no le impidieron a Nandy recibir pacientes, estar en su jardín, tomar helados, disfrutar corridas de toros, escuchar música y más que nada, obsequiar su sonrisa a quien de él estuviera cerca.

Nandy, ya te extraño.

*Analista

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